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	<title>Breves relatos</title>
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		<title>Breves relatos</title>
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		<title>Retenciones móviles</title>
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		<pubDate>Thu, 19 Jun 2008 03:32:13 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José Playo</dc:creator>
				<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>

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		<description><![CDATA[Una canción lenta para Alenna es la excusa perfecta, entonces ladea la cabeza con sensualidad, entrecierra los ojos, se acaricia audazmente las caderas y ensaya un baile que da ganas de comérsela. Los demás la miramos. Somos una ronda de caras anaranjadas por las velas, una corona de ojos brillosos en los que su figura [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=brevesrelatos.wordpress.com&amp;blog=3880545&amp;post=80&amp;subd=brevesrelatos&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Una canción lenta para Alenna es la excusa perfecta, entonces ladea la cabeza con sensualidad, entrecierra los ojos, se acaricia audazmente las caderas y ensaya un baile que da ganas de comérsela.</p>
<p>Los demás la miramos. Somos una ronda de caras anaranjadas por las velas, una corona de ojos brillosos en los que su figura se humedece bajo párpados que enjuagan la ansiedad.</p>
<p>La vemos girar sobre sus pies descalzos y reparamos en los arcos de sus pies, en el preanuncio de sombras que la trepan y delatan las pantorrillas, los muslos de arcilla mojada, todos sus pliegues donde anidan tajos de luz macilenta.<br />
<span id="more-80"></span><br />
A mi lado hay una mujer con una mano dentro de la camisa, tocándose las tetas. Gime. Del otro lado del arco de las piernas de Alenna, la ronda acaba en un muchacho que apenas disimula una bermuda en carpa sobre una erección curva e inquieta.</p>
<p>—<em>Sing your soul, baby</em> —canta una pelirroja que muestra cada tanto la punta de la lengua.</p>
<p>Hay un hombre canoso de hombros grandes y brazos fuertes junto a ella. Tiene barba y pelo largo con dos trenzas. Su torso va desnudo y dos muchachas le recorren el vientre con las manos abiertas. Ellas también gimen cuando sus miradas chocan con las nalgas de Alenna, quien sonríe con indiferencia.</p>
<p>La ronda se ha convertido en una serpiente de lujuria que se enrosca bajo las luces móviles de las velas, mostrando cada vez una cara nueva, un puñado de escamas inciertas que destellan.</p>
<p>Con los cuerpos acomodados sobre pieles y almohadones, empezamos a balancearnos al compás de la danza que nos congrega.</p>
<p>Estiro una mano y alcanzo el muslo de alguien a mi izquierda. Tengo los ojos pegados en el ombligo de Alenna y continúo recorriendo esa masa turgente que es la cara interna de una pierna morena.</p>
<p>—<em>Show us what dreams are made of </em>—agrega la pelirroja.</p>
<p>Tiene una voz cavernosa, profunda, deshonesta. Le prestamos atención como al rugido lejano de un predador que nos excita tener cada vez más y más cerca.</p>
<p>—<em>Show us what’s the meaning of worst</em> —corea el dueño del muslo que palpo con la mano izquierda.</p>
<p>Me vuelvo para ver su cara encendida, su piel cetrina enmarcando una sonrisa blanca y jugosa que en silencio festeja lo que Alenna hace con las manos, ahora que se le han perdido en el nacimiento de las piernas.</p>
<p>Las cabezas de las jóvenes que manoseaban al canoso de trenzas ahora le buscan una dureza que anida debajo del ombligo y que pronto asomará entre los labios que la apresan.</p>
<p>Reparo en todos los rostros en los que los párpados se aprietan como arrugas chinescas. Somos el botín de un placer doloroso y desbordado. Todos nuestros rostros son muecas.</p>
<p>El gozo es la conjunción del placer que se escapa y el dolor que nos da todo el que nos queda.</p>
<p>Alenna se toca y se aprieta, la mujer a mi lado me toma la mano y se la lleva.</p>
<p>—<em>Let me burn into your arms, sexy boy</em>.</p>
<p>Vuelvo la cabeza. Ahora es mi brazo el que se hunde en el tajo de la camisa a mi derecha. Es mi mano la que atrapa un seno caliente, suave, pesado y de pezón filoso y alerta. Aprieto, sobo, sopeso y dejo caer, me ensaño con la curva y su resistencia. Pellizco y me hierve el pecho en una respiración ronca que me sabe a tormentas ciegas. Los ojos de la desconocida a mi lado me miran, parpadean, se abren, se cierran. Veo su boca que viene, su aliento quemando que se acerca.</p>
<p>Mientras Alenna se estremece con los ojos en blanco, las cabezas jóvenes muerden la carne del hombretón de barba, que todavía no entiende que su fin está cerca.</p>
<p>La mujer a mi lado busca mi cuello. Uno de sus dientes afilados me roza el lóbulo de la oreja justo cuando el moreno en mi otro flanco se dispone a masticarme la muñeca.</p>
<p>Cierro los ojos. Pienso en una playa inmensa y en el suelo que me quema. Pienso que todo es sol, una luz blanca que sobrepasa el mar, las nubes, las rocas negras.</p>
<p>Es una playa interminable. Estoy sentado en la arena, con los brazos alrededor de las piernas y el mentón en las rodillas.</p>
<p>Tal vez a lo lejos pase un barco. Pienso que podría haber barcos.</p>
<p>Cuando Alenna empieza a rugir pienso que podría haber barcos en mi sueño de entrega.</p>
<p style="padding-left:60px;"><span style="color:#ffffff;">.<br />
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		<title>Las intervenciones médicas</title>
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		<pubDate>Fri, 13 Jun 2008 15:10:32 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José Playo</dc:creator>
				<category><![CDATA[Breves relatos]]></category>

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		<description><![CDATA[Era febrero, me había salido algo en el culo y el dolor era insoportable, así que hablé por teléfono con un primo que estudiaba medicina: —¿Cómo empezó? —No sé, ayer fui al baño, hice fuerza y me desfondé. —¿Serán hemorroides? —¿Y yo qué mierda sé? No doy más del dolor, recetame un calmante, o algo. [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=brevesrelatos.wordpress.com&amp;blog=3880545&amp;post=76&amp;subd=brevesrelatos&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Era febrero, me había salido algo en el culo y el dolor era insoportable, así que hablé por teléfono con un primo que estudiaba medicina:<br />
<span id="more-76"></span><br />
—¿Cómo empezó?</p>
<p>—No sé, ayer fui al baño, hice fuerza y me desfondé.</p>
<p>—¿Serán hemorroides?</p>
<p>—¿Y yo qué mierda sé? No doy más del dolor, recetame un calmante, o algo.</p>
<p>—No. Vas a tener que ir a que te revisen, por teléfono es imposible diagnosticar nada.</p>
<p>—Es un dolor de culo.</p>
<p>—Con más razón. Hay que ver qué tenés ahí abajo.</p>
<p>Mi frustración era demoledora. Odio los hospitales, <a href="http://joseplayo.blogspot.com/2008/06/patologa-serial.html" target="_blank">los médicos</a>, las salas de espera, el olor del alcohol. La primera vez que pisé uno fue porque me había roto el brazo en el jardín de infantes. Me enyesaron mal y después tuvieron que operarme y ponerme clavos. El codo nunca me quedó bien, me hace un ruido horrible cuando hay humedad.</p>
<p>—Hoy es sábado, ¿a dónde carajo se supone que vaya?</p>
<p>Llegué a la guardia pasado el mediodía. Estaba en ayunas desde hacía dos días, la idea de comer y pasar después al baño me aterrorizaba. Antes de entrar fumé tres cigarrillos en la vereda del frente para juntar coraje.</p>
<p>—<em>Buenosdíasnecesitounmédico</em> —dije.</p>
<p>—¿Cuál es el problema?</p>
<p>—Me duele una cosa.</p>
<p>La mujer me miró por sobre sus anteojos y me indicó que me sentara a esperar. Le dije que prefería aguardar parado y estuve un buen rato dando vueltas, viendo cómo ingresaban un montón de esguinzados en partidos de fútbol. La mayoría venía saltando en una pata, del brazo de algún amigo. La sala de espera olía a vestuario.</p>
<p>Cuando el dolor de culo me estaba empezando a nublar la vista, me llamaron:</p>
<p>—¿Playo?</p>
<p>Era una doctora rubia de unos veinticinco. Me impactaron por igual sus ojos celestes y la curva de sus tetas debajo del guardapolvo. Era una chica muy linda y me hizo pasar a una sala donde había varias camillas separadas del resto por cortinas. Avancé entre gritos de parturientas, quejas de suturados, puteadas de maridos que se caen por las escaleras, hasta que llegamos a la última camilla, en el fondo, y nos metimos detrás de la cortina.</p>
<p>—¿Cuál es el problema?</p>
<p>—¿No hay un médico <em>hombre</em>?</p>
<p>—¿Prefiere que lo atienda un <em>médico hombre</em>?</p>
<p>—No sé. Me da un poco de vergüenza.</p>
<p>—Soy profesional, de lo contrario no estaría acá.</p>
<p>¿Qué podía hacer? Tenía ante mí a la única posibilidad de acabar con ese sufrimiento y ella seguramente había previsto el riesgo de cruzarse en una guardia con ojetes como el mío.</p>
<p>—Es el culo. Tengo un dolor de culo que no le puedo explicar lo que es.</p>
<p>Sus ojos inmaculados estudiaron mi expresión abatida, las ojeras, el pelo desgreñado. Recuerdo que iba vestido con una bermuda holgada, una camisa con botones faltantes y un par de zapatos viejos.</p>
<p>—Voy a necesitar que te desvistas y te subas a la camilla a cuatro patas, para poder revisarte.</p>
<p>Mientras ella completaba unos datos en la planilla, me saqué la camisa, el pantalón y el calzoncillo. Me dejé, andá a saber por qué, los zapatos puestos, y subí para acomodarme. Desde donde estaba podía ver entre las cortinas a un viejito al que le estaban metiendo una inyección en el brazo en las camillas del frente. Le mantuve la mirada un instante y justo cuando la médica ponía sus manitos delicadas en cada uno de mis cachetes, bajé la cabeza.</p>
<p>—Ay —dije.</p>
<p>—Tenés una vena trombosada, flaco.</p>
<p>—¿Y eso?</p>
<p>—Seguramente has estado comiendo mal, o con nervios. Cuando estás así, lo peor que se puede hacer es fuerza para ir al baño.</p>
<p>Pensé en los exámenes que estaba preparando, en toda la mierda que había comido en los últimos meses mientras no despegaba el upite de la silla.</p>
<p>—Voy a traer un bisturí. Abrimos un poco, drenamos y suturamos.</p>
<p>Me volví sobre mi hombro. Su cabellera rubia asomaba por encima de mis cachetes blancos:</p>
<p>—¿Vos pensás meterme un bisturí en el culo ahora?</p>
<p>—Es la única forma. Con un poco de anestesia local ni lo sentís. Te corto la vena que te está molestando así te podés ir tranquilo.</p>
<p>Me incorporé como pude y bajé de la camilla haciéndole señas para que se diera vuelta y así poder vestirme.</p>
<p>—¿Adónde vas?</p>
<p>—A mi casa. Vos estás loca si creés que me voy a dejar cortar el culo arriba de una camilla en una guardia, un sábado a la tarde.</p>
<p>—Es la única forma.</p>
<p>—Será. Pero en las películas, cuando pasa algo como esto, avisan a los padres, a algún familiar, no sé.</p>
<p>—Es un procedimiento de rutina, flaco.</p>
<p>—Porque no es tu culo sino el mío. La idea me parece una locura. Yo ni-en-pe-do me dejo cortar acá. Menos con el viejo aquel mirándome. Esto es humillante y prefiero morirme solo a mi casa, como hacían los caciques viejos.</p>
<p>Intentó un par de argumentos más, algo que me disuadiera, pero ya era tarde. Corrí las cortinas y salí rengueando de ahí, mientras ella me observaba con la planilla en una mano y el estetoscopio hecho un bollo en la otra.</p>
<p>Aguanté a lo gaucho, durmiendo de costado, hasta el lunes. Le pedí a mi hermano que me acompañara a ver a un especialista. Apenas entramos al consultorio y le explicamos qué pasaba, el médico le pidió que me esperara afuera y me indicó que repitiera el procedimiento de subir en cuatro patas a la camilla.</p>
<p>—Esto te va a doler —dijo poniéndose un guante en la mano.</p>
<p>Según cuenta mi hermano, los gritos se escuchaban desde la sala de espera. El diagnóstico fue algo parecido a lo que me dijo la médica rubia de buenas tetas, pero este viejo, con años de culos entre sus manos, descartó la idea de meter bisturí:</p>
<p>—Eso es una burrada. Con ungüentos y una buena dieta, en un par de días estás curado. Meter cuchillo ahí atrás no tiene nada que ver, no sé quién será el animal que te dijo eso.</p>
<p>La dieta funcionó y en los exámenes me hicieron bosta.</p>
<p>De toda esa experiencia aprendí que el cuerpo de uno es sagrado y que las segundas opiniones te pueden salvar el culo, literalmente. Mi hermano, mucho más pragmático, ganó una historia para contar en todas las reuniones hasta que se muera: cómo lo miró el médico cuando yo dije “me duele atrás”, creyéndolo responsable.</p>
<p>A la médica me la crucé una vez en un casamiento y estuve a esto de putearla, pero me hice el boludo y me limité a preguntar por su nombre y apellido. No quisiera correr el riesgo de volver a cruzarla.</p>
<br /><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/categories/brevesrelatos.wordpress.com/76/" /> <img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/tags/brevesrelatos.wordpress.com/76/" /> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gocomments/brevesrelatos.wordpress.com/76/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/comments/brevesrelatos.wordpress.com/76/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/godelicious/brevesrelatos.wordpress.com/76/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/delicious/brevesrelatos.wordpress.com/76/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gofacebook/brevesrelatos.wordpress.com/76/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/facebook/brevesrelatos.wordpress.com/76/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gotwitter/brevesrelatos.wordpress.com/76/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/twitter/brevesrelatos.wordpress.com/76/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gostumble/brevesrelatos.wordpress.com/76/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/stumble/brevesrelatos.wordpress.com/76/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/godigg/brevesrelatos.wordpress.com/76/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/digg/brevesrelatos.wordpress.com/76/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/goreddit/brevesrelatos.wordpress.com/76/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/reddit/brevesrelatos.wordpress.com/76/" /></a> <img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=brevesrelatos.wordpress.com&amp;blog=3880545&amp;post=76&amp;subd=brevesrelatos&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></content:encoded>
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		<title>Nota sobre un parabrisas</title>
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		<pubDate>Fri, 13 Jun 2008 15:09:54 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José Playo</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Señor disculpe que lo choqué pero usté también mire dónde puso el auto suyo que le sale el baúl para atrás y mire cómo quedó asomado. Si no se lo chocaba yo se lo chocaba otro pero seguro que se lo chocaba alguno. Para que lo sepa yo no soy una mina. Le aclaro esto [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=brevesrelatos.wordpress.com&amp;blog=3880545&amp;post=75&amp;subd=brevesrelatos&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><em>Señor disculpe que lo choqué pero usté también mire dónde puso el auto suyo que le sale el baúl para atrás y mire cómo quedó asomado. Si no se lo chocaba yo se lo chocaba otro pero seguro que se lo chocaba alguno.</em></p>
<p><em> Para que lo sepa yo no soy una mina. Le aclaro esto porque siempre todos dicen que las minas son todas iguales de bestias para manejar y yo le quiero decir que no soy una mina y que si piensa que todas las minas son unas bestias para manejar está equivocado porque mi mujer maneja mejor que yo que lo acabo de chocar fuerte y le reventé todo el auto en la parte de atrás. </em><br />
<span id="more-75"></span><br />
<em>Me imagino que usté cuando lea esto se va a agarrar una calentura bárbara y me va a querer cagar a patadas en el culo o a trompadas y por eso no me quedo pero quiero que sepa que yo también me siento mal porque mi mujer me tiene penado de muerte con rayarle el auto que es de ella porque se lo compró mi suegro para el cumpleaños así que a mí también se me viene un quilombo bárbaro con el auto este que se le rompió un foquito y no sé si se consiguen los foquitos del auto. </em></p>
<p><em>Ya sé que al suyo se lo empujé por una pendiente con el choque y que después se le estampó contra la pared y que se le cayó el motor y que le saltaron los aribags pero si se pone a pensar la culpa es de los dos porque yo no fui el que dejó estacionado el auto con el baúl para atrás un poco salido. </em></p>
<p><em>Mi mujer quería un Gol para el cumpleaños porque dice que es más chico y más fácil de estacionar pero mi suegro es un viejo agrandado de mierda y le compró un Ford Falcon con el volante más duro que una piedra y por eso no pude doblar bien para esquivarlo al auto suyo que no es grandote pero que la parte de atrás del baúl quedaba medio salida y por eso lo choqué. </em></p>
<p><em>No me puedo quedar a esperarlo para darle los datos del seguro por dos razones.</em></p>
<p><em>Una es que mi mujer no sabe que me llevé el Falcon porque no me lo presta así que se lo tengo que sacar a escondidas y ella estaba durmiendo así que aproveché y me lo llevé porque tenía un partido de naipes con los muchachos que nos juntamos todos los viernes y arrancamos con una caja chica porque estamos todos secos y me voy porque se me hace tarde porque tengo un pálpito de que hoy gano.</em></p>
<p><em>La otra razón por la que no me quedo es que no tenemos seguro porque el pelotudo de mi suegro dice que no hace falta asegurar los autos porque con lo que pagás por mes directamente te ahorrás la guita y cuando chocás lo invertís todo junto y ya está porque el seguro del auto es un curro para que ganen plata las aseguradoras que son unos hijos de puta que no saben cómo hacer para sacarle el sueldo a la gente. </em></p>
<p><em>Mi suegro es muy cabezadura y tampoco quiere pagar la obra social y cuando mi esposa se tuvo que operar de las almídalas el año pasado porque le dolía la garganta pagamos todo de contado porque dice que la obra social también es un curro de las empresas privadas que son unos hijos de puta que no saben cómo hacer para sacarle el sueldo a la gente igual que las aseguradoras. </em></p>
<p><em>Yo me voy ahora y le dejo un saludo muy grande y espero que pueda arreglar el auto suyo porque es un auto muy lindo. Si yo tuviera plata me gustaría comprarme uno igual para usarlo como usted que anda sin patente y con los plásticos en los asientos así dejo de sacarle el Falcon a mi mujer que es un auto con el volante todo duro y que me cuesta mucho doblar porque tengo que hacer una fuerza de locos. </em></p>
<p><em>No paso muy seguido por esta cuadra pero si vuelvo a pasar me voy a fijar si pudo apagar el fuego que se está prendiendo ahora en el motor que menos mal que está lejos del parabrisas.</em></p>
<p><em>Este auto suyo es muy bueno porque apenas lo choqué el parabrisas voló a la mierda como cien metros así que le puedo dejar la nota acá y la nota no se le va a prender fuego porque seguro que a esto lo pensaron los japoneses para que la gente que anda sin el cinturón pueda salir volando y no chocarse con el parabrisas y así se salva. </em></p>
<p><em>La cantidad de inventos que tienen estos japoneses de mierda yo los admiro mucho pero no me gusta la comida que hacen mezclando lo dulce y lo salado que me da ataque de hígado. </em></p>
<p><em>Muchas gracias y disculpe las molestias</em></p>
<p style="text-align:right;"><em>Juan Carlos.</em></p>
<br /><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/categories/brevesrelatos.wordpress.com/75/" /> <img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/tags/brevesrelatos.wordpress.com/75/" /> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gocomments/brevesrelatos.wordpress.com/75/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/comments/brevesrelatos.wordpress.com/75/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/godelicious/brevesrelatos.wordpress.com/75/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/delicious/brevesrelatos.wordpress.com/75/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gofacebook/brevesrelatos.wordpress.com/75/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/facebook/brevesrelatos.wordpress.com/75/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gotwitter/brevesrelatos.wordpress.com/75/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/twitter/brevesrelatos.wordpress.com/75/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gostumble/brevesrelatos.wordpress.com/75/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/stumble/brevesrelatos.wordpress.com/75/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/godigg/brevesrelatos.wordpress.com/75/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/digg/brevesrelatos.wordpress.com/75/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/goreddit/brevesrelatos.wordpress.com/75/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/reddit/brevesrelatos.wordpress.com/75/" /></a> <img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=brevesrelatos.wordpress.com&amp;blog=3880545&amp;post=75&amp;subd=brevesrelatos&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></content:encoded>
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			<media:title type="html">José Playo</media:title>
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		<title>Ducharse con insectos</title>
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		<pubDate>Mon, 02 Jun 2008 16:45:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José Playo</dc:creator>
				<category><![CDATA[Breves relatos]]></category>

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		<description><![CDATA[Esta mañana me estaba bañando y en un momento miré para arriba. En el techo, justo sobre mi cabeza, había una araña rarísima. No era de esas arañitas de mierda de la humedad. Esta tenía como unos músculos en las patas, una robustez y un porte intimidante. Instintivamente, me cubrí el pito con una mano [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=brevesrelatos.wordpress.com&amp;blog=3880545&amp;post=47&amp;subd=brevesrelatos&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Esta mañana me estaba bañando y en un momento miré para arriba. En el techo, justo sobre mi cabeza, había una araña rarísima. No era de esas arañitas de mierda de la humedad. Esta tenía como unos músculos en las patas, una robustez y un porte intimidante. Instintivamente, me cubrí el pito con una mano mientras me subía al borde de la bañera para estudiarla. La humedad del agua trepaba envolviéndola, por lo que el negro de sus extremidades desaparecía por momentos, para asomar otra vez sobre la pintura blanca del techo. Tenía toda la pinta de ser una araña más venenosa que la mierda.<br />
<span id="more-47"></span><br />
No era la primera vez que me bañaba con un bicho.</p>
<p>Un verano compartí la ducha con una boa, y creo que fue el regaderazo más corto que me haya pegado en la vida. El dueño de la casa coleccionaba serpientes, así que las había de todos los colores y tamaños. La mayor parte de ellas no salía nunca de las peceras donde vivían, pero la boa tenía vía libre para circular por la casa y yo me la encontré justo cuando me había puesto en bolas y me disponía a soltar el agua de la ducha.</p>
<p>Tiempo después, el dueño del ofidio me habló para contarme que le había regalado la boa a su ex novia y que la chica lo llamó unas semanas más tarde, preocupada porque la serpiente ya no comía.</p>
<p>—La boluda me llama y me dice que la bicha ya no se enrosca para dormir —me contó entre risas.</p>
<p>—No entiendo cuál es el chiste.</p>
<p>—Es que dice que la boa se recuesta a su lado en la cama y se queda tendida sin moverse, toda estirada.</p>
<p>—Sigo sin entender.</p>
<p>—La está midiendo, chabón —me explicó—. La boa se acuesta a su lado y se estira porque la está midiendo para comérsela.</p>
<p>Con el correr del tiempo caigo en cuenta que cada vez estoy más lejos de la flora y de la fauna. Cuando escucho historias como ésa, o me pasa lo que me pasó esta mañana en la ducha, me siento un hombre mampara, un boludo de durlock, un ser plástico que nada tiene que ver con la naturaleza.</p>
<p>Otro amigo viajó una vez a la India. Me contó que había quedado de juntarse con una amiga en no sé qué pueblo, al que sólo podía llegar en un destartalado tren similar a una lata de sardinas:</p>
<p>—Había muchísima gente. Algunos incluso viajaban recostados en los portaequipajes, horizontales y apretados ahí arriba. Jamás había visto tanta humanidad hacinada. Por eso me llamó la atención cuando, a medida que avanzaba por el vagón, las personas se hacían a un lado para dejarme pasar. Para cuando llegué al final, tres tipos se levantaron y me dejaron libre el asiento. Yo estaba cansado, ¿viste? Así que reflexioné: “estos tipos deben creer que debajo de esta gorra Nike hay un dios pagano”. No me preocupé mucho y decidí aprovechar la oportunidad, así que me desparramé entre los asientos, mientras un centenar de ojos me miraban y me miraban.</p>
<p>—¿Por qué te dieron el asiento? ¿Por qué te hacían lugar?</p>
<p>—Recién lo entendí cuando bajé en la estación donde me esperaba mi amiga. Apenas ella me vio, empezó a gritar y a mover los brazos. Yo me quedé parado con el bolso en la mano mientras ella decía algo sobre el escorpión negro.</p>
<p>—¿Cuál escorpión negro?</p>
<p>—El que tenía en la visera de la gorra, loco. Por eso me habían dado el lugar; es el animal más venenoso que hay en ese lugar y yo lo tenía de adorno sobre el sombrero, sin darme cuenta. Me podría haber matado. Decí que no me toqué la cabeza en todo el viaje, que si no…</p>
<p>Odio los insectos. Mientras miro a la araña sobre mi cabeza estudio las posibilidades. Decido salir de la ducha, buscar un zapato que hay en el suelo y volver a la carga. Cuando me doy vuelta para cerrar la llave del agua, encuentro en los azulejos, a la altura de mi cara, otra araña más. Ésta es todavía más negra, más robusta, más amenazadora. Además, se mueve con unos espasmos aguerridos y entrecortados. Estoy seguro de que me va a saltar encima en cualquier momento.</p>
<p>Odio que me salten encima los bichos. En la casa que alquilábamos el año pasado había hormigas por todos lados. Un vecino me contó que se alimentaban de los cables de luz, por eso cada tanto había unos cortocircuitos de la gran puta en el barrio. Una madrugada me despertaron los movimientos espasmódicos de mi mujer. A los movimientos le siguieron los gritos, y cuando encendí la luz descubrí que estábamos cubiertos de hormigas negras que mordían con mucha fuerza. Unos seres duros y culones nos caminaban por encima de la cabeza, los brazos, las piernas. Se descolgaban en racimos del portalámparas del techo, donde seguramente habían construido el hormiguero y caían sobre nosotros. Estuvimos como diez minutos, uno a cada lado de la cama, dándonos cachetazos por el cuerpo, escupiendo hormigas y puteando en todos los idiomas.</p>
<p>Esta mañana yo estaba en jaque: tenía una araña sobre la cabeza y otra frente a mis ojos. Eran muy grandes y me daban miedo. Pensaba todavía que podía matarlas, cuando bajé la vista y descubrí que por el resumidero salían dos más. Un puñado de patas asomaba del agua y peleaban por ganar otra vez la superficie. Asqueado, salí sin cerrar la ducha, retrocediendo a tropezones hasta que tomé la toalla (la sacudí muy fuerte) y me cubrí como pude el cuerpo.</p>
<p>Salí del baño todavía mojado, para encontrarme con mi mujer en la puerta.</p>
<p>—¿Terminaste con el baño? —me preguntó.</p>
<p>Pensé unos segundos y le respondí:</p>
<p>—Todo tuyo. Te dejé la ducha abierta, para que no se enfríe el agua.</p>
<p>—Gracias —me dijo, y me dio un beso.</p>
<p>Todavía no ha salido. Me dio tiempo de secarme, preparar un café y venir a escribir todo esto.</p>
<br /><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/categories/brevesrelatos.wordpress.com/47/" /> <img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/tags/brevesrelatos.wordpress.com/47/" /> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gocomments/brevesrelatos.wordpress.com/47/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/comments/brevesrelatos.wordpress.com/47/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/godelicious/brevesrelatos.wordpress.com/47/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/delicious/brevesrelatos.wordpress.com/47/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gofacebook/brevesrelatos.wordpress.com/47/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/facebook/brevesrelatos.wordpress.com/47/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gotwitter/brevesrelatos.wordpress.com/47/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/twitter/brevesrelatos.wordpress.com/47/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gostumble/brevesrelatos.wordpress.com/47/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/stumble/brevesrelatos.wordpress.com/47/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/godigg/brevesrelatos.wordpress.com/47/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/digg/brevesrelatos.wordpress.com/47/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/goreddit/brevesrelatos.wordpress.com/47/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/reddit/brevesrelatos.wordpress.com/47/" /></a> <img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=brevesrelatos.wordpress.com&amp;blog=3880545&amp;post=47&amp;subd=brevesrelatos&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></content:encoded>
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			<media:title type="html">José Playo</media:title>
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		<title>Carta a futuro</title>
		<link>http://brevesrelatos.wordpress.com/2008/05/30/carta-a-futuro/</link>
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		<pubDate>Fri, 30 May 2008 17:00:36 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José Playo</dc:creator>
				<category><![CDATA[Filiales]]></category>

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		<description><![CDATA[Cuando ya tengas edad de escupirle correos al tonto que te robará los “te extraño”, todo esto que te escribo sonará todavía más cursi que hoy, que es invierno y es un año perdido en el pasado. Es 2008, niña. Para que te ubiques, había unos quilombos bárbaros entre el gobierno y el campo, en [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=brevesrelatos.wordpress.com&amp;blog=3880545&amp;post=46&amp;subd=brevesrelatos&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Cuando ya tengas edad de escupirle correos al tonto que te robará los “te extraño”, todo esto que te escribo sonará todavía más cursi que hoy, que es invierno y es un año perdido en el pasado.<br />
<span id="more-46"></span><br />
Es 2008, niña. Para que te ubiques, había unos quilombos bárbaros entre el gobierno y el campo, en casa todos teníamos tos por un invierno que llegó con retraso, a tu hermana se le soltó la lengua y ya no quisimos detener esta verborrea de vocablos atropellados.</p>
<p>Tal vez ya seas grande para cuando puedas entender esto. Me gusta imaginar que dirás “mi viejo estaba al pedo y escribía un blog mientras buscaba trabajo”. Me gusta pensar también que dirás eso en inviernos futuros que te sorprenderán ensayando fumatas con el vapor de tu aliento cálido.</p>
<p>Acá en el pasado todavía estamos estrenando siglo y casa. Gracias a tu madre, una lectora compulsiva de Avisos Clasificados, conseguimos una que nos gusta y es cómoda. Sale más barata que el resto porque el frente no está terminado. Está buena, pasamos desapercibidos en una cuadra llena de parejas jóvenes con casas inconclusas e historias repetidas en los mismos patios.</p>
<p>Formar una familia, creo, es no dejar de pelear nunca por lo mismo que no sabemos que estamos buscando. Te sugiero que tomes nota de esto: cuanto más fácil parezca algo, más ruido hará cuando se rompa y no puedas arreglarlo. Las cosas que se disfrutan cuestan una barbaridad. Hacerle entender a tu madre que si me olvido de algo es porque soy artista, es un claro ejemplo. Ahora ella compró un pizarrón en el que me deja anotados los mensajes: citas con el médico (un señor que tiene un aparato antiguo con el que te espiamos por un televisor en blanco y negro), fechas importantes, cosas que tengo que traer del súper cuando voy a buscar Coca-Light.</p>
<p>Todo es tan viejo y obsoleto en este 2008 que ha pasado. ¡Pizarrones con notas! ¡Qué antigüedad!</p>
<p>Tu tío trajo un narguile, pero no puedo usarlo. Nuestra convivencia depende en gran parte de cuánto humo deje yo fuera de la casa, y está bien que así sea, ustedes son muy chiquitas todavía como para andarlas fumando. Esta norma humística se aplica con igual rigor para el hogar donde quemamos leña que viene de El Chaco. Tenemos una puntería fenomenal para alquilar casas con sistemas de calefacción de antaño; antes fue una salamandra diabólica, ahora es un hogar nostálgico. Delante de las llamas oscilantes escribo y leo y como maní salado. O tomo Fernet con Coca y pienso en tu futuro, uno que no he programado.</p>
<p>Niki, tu hermana, empezó la guardería. Tu mamá está haciéndole creer que se llama “colegio”, y la condiciona para que asocie las actividades lúdicas con el deber, cosa que me parece muy bien. A mí me tomó ocho años terminar el <span style="text-decoration:line-through;">puto</span> maldito secundario, así que estoy de acuerdo con trabajar para que a ustedes les cueste un poco menos desde temprano.</p>
<p>Tu mamá es psicóloga y encima es inteligente. Yo, porque la quiero y por las dudas, le hago caso.</p>
<p>Papá es feliz. Anotálo. Acaba de publicar su tercer libro y ahora mismo está escribiendo el programa de una materia que tiene que empezar a dar en julio. Aunque no tenemos el techo lleno de manteca, sabemos que vos dormís arrebujada en el brillo de un televisor que transmite un programa de religiosos brasileros que exorcizan al diablo y entonces todo está bien.</p>
<p>Un padre no puede pedir nada más que eso para ser feliz: que en el tele haya tres tipos de camisa y corbata sosteniendo a una gorda que aúlla una mezcla de arameo y dialecto de Villa Lugano.</p>
<p>—<em>Saca el demonio deische cuehpo</em> —dice uno de ellos, micrófono en mano.</p>
<p>—<em>SAAATAAAÁN ME TIENE EN SU PODER</em> —responde la mujer con el rostro desencajado.</p>
<p>Y vos y tu mamá y tu hermana están quietitas ahí, roncando.</p>
<p>Hoy papá fue al centro después de ver un documental sobre los 39 años del cordobazo. Caminó las calles en sepia evocando la pasión de quienes hicieron algo para que a todos se nos acomodara el pasado. Supongo que es propio del hombre, esto de construir. Y espero que allá en tu futuro la gente no caiga muerta en las paradas de colectivo como en este 2008 del carajo. Dos por tres ponés la pata en la vereda y el señor que estaba por subir se va al suelo, fulminado. Ambulancias, gritos, correrías. Nos hemos insensibilizado tanto que ya todos pasamos de largo.</p>
<p>A veces papá camina estas calles cuando ya no queda luz. Siempre va apurado. Lo primero que cambia en la vida de un padre es que no vuelve jamás a caminar despacio. Hay que hacer todo rápido: chuparse un café en la editorial, visitar la librería de Martín Balbo, saludar a los abuelos, comprar praliné y regalarlo.</p>
<p>Cuando sos padre, los colectivos te dejan olvidado en las paradas, donde te abrazás sin esperanzas a los caños mientras el precio del cospel se va al carajo. A mí nunca me gustaron mucho los niños, ¿sabés? Ustedes gritan demasiado, hacen berrinches, rayan los cds y escriben sobre los libros que compramos.</p>
<p>La paternidad confunde, pequeña. Como padre, corrés el riesgo de enamorarte locamente de tu ciudad, porque acá están cerquita las veredas que galopaste con una pelota bajo el brazo, y es muy tentador esto de querer repetir los experimentos que resultaron.</p>
<p>La paternidad te hace escribirle cartas a los hijos nonatos, te hace anticipar la ecografía del cuarto o quinto mes, en la que te confirmarán que será una niña y al fin podrás anotarla con el nombre por el que venís peleando.</p>
<p>Dejo constancia, bebé: decidir cómo ibas a llamarte fue una de las cosas más difíciles de este 2008 alocado. Pero es parte del juego que jugamos, donde hay mucho calendario deshojado con cariño.</p>
<p>Te veo en octubre. Ya tendremos tiempo de hablar bien sobre todo esto. Ahora es tan temprano&#8230;</p>
<br /><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/categories/brevesrelatos.wordpress.com/46/" /> <img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/tags/brevesrelatos.wordpress.com/46/" /> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gocomments/brevesrelatos.wordpress.com/46/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/comments/brevesrelatos.wordpress.com/46/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/godelicious/brevesrelatos.wordpress.com/46/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/delicious/brevesrelatos.wordpress.com/46/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gofacebook/brevesrelatos.wordpress.com/46/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/facebook/brevesrelatos.wordpress.com/46/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gotwitter/brevesrelatos.wordpress.com/46/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/twitter/brevesrelatos.wordpress.com/46/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gostumble/brevesrelatos.wordpress.com/46/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/stumble/brevesrelatos.wordpress.com/46/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/godigg/brevesrelatos.wordpress.com/46/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/digg/brevesrelatos.wordpress.com/46/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/goreddit/brevesrelatos.wordpress.com/46/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/reddit/brevesrelatos.wordpress.com/46/" /></a> <img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=brevesrelatos.wordpress.com&amp;blog=3880545&amp;post=46&amp;subd=brevesrelatos&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></content:encoded>
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		<title>Secuencia: Activada</title>
		<link>http://brevesrelatos.wordpress.com/2008/05/28/secuencia-activada/</link>
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		<pubDate>Wed, 28 May 2008 05:41:11 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José Playo</dc:creator>
				<category><![CDATA[Breves relatos]]></category>

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		<description><![CDATA[Es un sonido delicado pero insistente. En sueños lo ha convertido en el canto de un ave silvestre de color azul, pero despierta cuando por fin entiende que se trata de una alarma. Lleva poco tiempo en la nave y es la primera vez que un sonido así puebla los compartimientos. Avanza presuroso y dando [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=brevesrelatos.wordpress.com&amp;blog=3880545&amp;post=45&amp;subd=brevesrelatos&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Es un sonido delicado pero insistente. En sueños lo ha convertido en el canto de un ave silvestre de color azul, pero despierta cuando por fin entiende que se trata de una alarma.<br />
<span id="more-45"></span><br />
Lleva poco tiempo en la nave y es la primera vez que un sonido así puebla los compartimientos. Avanza presuroso y dando tumbos hasta el puente de mando, donde el monitor dispara la leyenda:</p>
<p>“Proximidad. Intercepción de radares. Peligro de ataque”.</p>
<p>Profiere un insulto entre dientes y consulta la lista de procedimientos. Hay todo un apartado para casos como éste, sólo debe limitarse a seguir los pasos. Activa una secuencia en el tablero de combate, oprime un botón para soltar el señuelo e incrementa la potencia de los motores a tres bragdas, una velocidad que sólo puede mantener por un período corto de tiempo. Sabe que lo importante ahora es alejarse y dejar que los radares de los perseguidores se confundan y ataquen el lastre con la sonda.</p>
<p>Para cuando las naves que lo siguen descubran el engaño, él ya estará lejos.</p>
<p>Se deja caer en el sillón de mando. Es el único ser viviente en toda la nave. Los motores de propulsión hiperespacial zumban, pero gracias a la regulación automática ambiental, para él todo sigue transcurriendo en un tiempo presente sin alteraciones. Consulta, sólo para matar el aburrimiento, las estadísticas. A esta velocidad, llegaría al planeta pronto, pero la nave podría averiarse o desintegrarse en el espacio. Introduce una secuencia en el computador maestro para que los motores vuelvan a velocidad crucero en cuanto se hayan perdido los perseguidores.</p>
<p>Solicita al robot enfermero que le suministre una dosis media de suero. La escotilla de enfermería se abre e ingresa el androide con una pistola de inoculación en la mano. Cuando la aguja enhebra la vena, un río caliente de euforia lo embarga, renovándole el valor y la determinación. Vuelve a consultar las estadísticas. La carga que lleva en la bodega principal alcanza para partir un planeta al medio. Repasa el plan para llevar a buen puerto la misión: hacer una escala en la cara oscura del satélite natural, reprogramar el computador para que no interfiera cuando introduzca las coordenadas suicidas. La nave toda en sus manos es un proyectil, sólo necesita saber eso.</p>
<p>Consulta las fotografías espaciales del planeta. Las condiciones son similares a las del suyo; el aire es respirable, el agua puede potabilizarse, los minerales bastan y sobran para extraer materia prima y otros elementos.</p>
<p>Pero su objetivo no es la conquista sino la aniquilación masiva. El planeta es una amenaza, y en su tierra natal se convertirá en un héroe si consigue destruirlo antes que las naves de La Reintegración le den alcance.</p>
<p>Revisa su álbum holográfico. La mujer lo mira desde una imagen estática. Junto a ella hay un niño que juega con cubos. Piensa en su familia, en los interrogatorios brutales de la Policía Reintegrada. Piensa en la gente que perdió la vida ayudándolo a llegar hasta los hangares. Cobatt, su amigo muerto. Recordar sus últimas palabras le abre una herida interior que sangra con dolor:</p>
<p>“Sigue adelante, Bur. Eres la única esperanza. Destrúyelo”.</p>
<p>El plan de La Reintegración es hacer contacto con el nuevo planeta. Planes diplomáticos de gobernantes viciosos. Evoca con nostalgia su hogar contaminado y arruinado, sumido en un aire irrespirable. Sabe que La Reintegración es mucho más que un movimiento político y social: es un acto desesperado por encontrar un nuevo espacio en el cual sembrar la misma semilla podrida.</p>
<p><em>“Tu misión será anticiparte a las naves de La Reintegración y destruir el planeta”. </em></p>
<p><em>“¿Cómo haré eso?”. </em></p>
<p><em>“Cobatt te ayudará a secuestrar un crucero, con él viajarás hasta el objetivo. Deberás impactar contra el planeta, es la única manera”. </em></p>
<p>Revisa las primeras páginas de su diario:</p>
<p>“Me llamo Bur, hijo de Amann. Este es mi último viaje. Debo destruir la única esperanza de los gobernantes unidos de mi planeta, porque sólo así tomarán conciencia e intentarán reparar lo que han destruido en <em>Nuestra Casa</em>”.</p>
<p>Piensa en su casa, en sus espacios. Piensa en su hijo, al que ya no verá. Tal vez ahora el pequeño y su madre estén muertos. Los miembros de La Resistencia corren una suerte horrible. Pensar en el sacrificio de los suyos no lo desalienta. Sabe que todo lo que se pierda hoy servirá para abonar la esperanza de un mañana.</p>
<p>Vuelve a su litera de hibernación. En poco tiempo los motores regresarán a la velocidad normal. Cuando despierte estará todo listo para descender en el satélite.</p>
<p>Bur, hijo de Amann, el último hombre de La Resistencia, cierra los ojos y se entrega al efecto del suero. Apenas se duerme, las imágenes se agolpan en su cabeza: sueña con una gran explosión que lo desintegra. Sueña que es un héroe. Sueña que hay esperanza para su raza.</p>
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			<media:title type="html">José Playo</media:title>
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	</item>
		<item>
		<title>Riesgos en el agua</title>
		<link>http://brevesrelatos.wordpress.com/2008/05/22/riesgos-en-el-agua/</link>
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		<pubDate>Thu, 22 May 2008 03:58:43 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José Playo</dc:creator>
				<category><![CDATA[Breves relatos]]></category>

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		<description><![CDATA[Antes de salir, se mira en el reflejo de un espejo del vestuario: el vientre que sobresale, las rodillas pulposas, los hombros caídos, el traje de baño. Pene y testículos hermanados en una comunión de tamaños unificados. —El miedo te hace crecer los huevos; no es que se te achique el pájaro —le dice al [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=brevesrelatos.wordpress.com&amp;blog=3880545&amp;post=44&amp;subd=brevesrelatos&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Antes de salir, se mira en el reflejo de un espejo del vestuario: el vientre que sobresale, las rodillas pulposas, los hombros caídos, el traje de baño. Pene y testículos hermanados en una comunión de tamaños unificados.<br />
<span id="more-44"></span><br />
—El miedo te hace crecer los huevos; no es que se te achique el pájaro —le dice al vidrio, para alentarse.</p>
<p>Avanza hacia la puerta y se coloca los anteojitos y la gorra de plástico.</p>
<p>El piso está frío y húmedo, camina como si los pies pasaran sobre las escamas rugosas de un pescado muerto. Recorre el pasillo hasta la segunda puerta con la mente en blanco.</p>
<p>Una vez del otro lado, se deja envolver por el eco de sus pasos retumbando en el salón vacío. Avanza inspirando el aire espeso que es como una nube condensada, como un globo de cloro, gordo y blando.</p>
<p>No hay nadie. Mira hacia atrás para ver la puerta mientras se está cerrando.</p>
<p>La piscina va de pared a pared. Sólo un espacio reducido permite rodearla caminando.</p>
<p>Grita para probar la acústica:</p>
<p>—¡HOOOLAAAA!</p>
<p>Nadie contesta a su llamado.</p>
<p>Camina rumbo a la escalera, pasa junto al cartel:</p>
<p>“Lávese los pies antes de entrar al agua”.</p>
<p>Se detiene unos segundos frente al primer peldaño. Resopla, mueve un par de veces la cabeza para hacer sonar los huesos del cuello y trepa por fin, dejándose fascinar por la oscilación de la perspectiva al elevarse; delante de sus ojos las tablas de la escalera barren el aire a cada paso.</p>
<p>Ahora está sobre la plataforma del trampolín. Mira hacia un lado. El ventanal empañado matiza la luz de la mañana que ingresa como espadas de humo hasta clavarse en las paredes opuestas. La calefacción mantiene el invierno a raya, fuera del habitáculo.</p>
<p>Toma aire, controla su respiración, repasa mentalmente los movimientos aprendidos y ensayados. Con la punta de los dedos de las manos roza el empeine blando. Los huesos de la cintura crujen y está listo para dar el salto.</p>
<p>—Yo, en tu lugar, no lo haría —dice una voz que reverbera desde algún lado.</p>
<p>Se asoma y ve sentada al borde de la pileta a una hermosa mujer con un traje de baño blanco.</p>
<p>—Pensé que estaba solo.</p>
<p>—Así yo no estuviera: la pileta está vacía y te vas a terminar matando.</p>
<p>Vuelve a mirar. Esta vez descubre la superficie del fondo con sus azulejos intactos, sin líneas quebradas por la ondulación del agua que debería estar tapándolos.</p>
<p>—Igual puedo hacerlo.</p>
<p>—No digas que no te lo advertí —dice, y se recuesta de lado.</p>
<p>Le dedica una fugaz mirada a la piel desnuda entre una pieza y otra del bikini. Vuelve a su posición y repasa mentalmente la imagen que ha captado: las curvas sobre las caderas, los senos medianos, las piernas largas, los pies delgados. Respira profundo una vez, dos veces, tres veces. Estira los brazos y los pone paralelos apuntando hacia delante.</p>
<p>—Mañana vas a salir en todos los diarios —dice la voz de abajo.</p>
<p>Aclara la garganta. Vuelve a respirar y se agacha un poco. La muchacha tiene el cabello rojo y los ojos azulados.</p>
<p>—<em>El miedo te hace crecer los huevos</em> —repite él, como si fuera un conjuro.</p>
<p>Da un primer salto discreto para rebotar en el trampolín antes de lanzarse al vacío.</p>
<p>Cuando llega al suelo, el golpe resuena en su cabeza con un destello amarillo. Siente como si un televisor hubiera estallado detrás de sus ojos. Alcanza a distinguir el sonido aglutinado de sus propios huesos rompiéndose entre la carne, como si fueran piedras chocando debajo del agua. El dolor es un flash electrizante que le recorre los órganos blandos y le desgarra la cintura y los muslos. Detrás de los labios, los dientes se hacen polvo, o se salen de las encías en una mordida feroz, brutal, con mentón quebrado.</p>
<p>Un quejido apenas audible es lo último que suelta antes de desparramarse lentamente y quedarse quieto.</p>
<p>Ella se pone de pie. Sonríe.</p>
<p>Faltan cinco minutos para que una señora se lleve la pistola a la sien en la otra punta de la ciudad. Media hora después, una muchachita se recostará sobre las vías de un tren y cerrará muy fuerte los ojos.</p>
<p>Poco trabajo. No será un día agitado.<br />
<span style="color:#ffffff;"><br />
.<br />
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</span></p>
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			<media:title type="html">José Playo</media:title>
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		<title>Una cena muy especial</title>
		<link>http://brevesrelatos.wordpress.com/2008/05/14/una-cena-muy-especial/</link>
		<comments>http://brevesrelatos.wordpress.com/2008/05/14/una-cena-muy-especial/#comments</comments>
		<pubDate>Wed, 14 May 2008 19:34:41 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José Playo</dc:creator>
				<category><![CDATA[Breves relatos]]></category>

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		<description><![CDATA[De la cena más extraña en la que participé no puedo decir mucho. Dónde fue y qué motivos hicieron que se juntaran tan disímiles comensales, es un secreto. Sólo diré, por respeto al pudor, que teníamos cebollas, papas, tomates, mondongo y algo de pescado, que había poca luz y que decidimos que Mario sería el [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=brevesrelatos.wordpress.com&amp;blog=3880545&amp;post=43&amp;subd=brevesrelatos&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>De la cena más extraña en la que participé no puedo decir mucho. Dónde fue y qué motivos hicieron que se juntaran tan disímiles comensales, es un secreto.<br />
<span id="more-43"></span><br />
Sólo diré, por respeto al pudor, que teníamos cebollas, papas, tomates, mondongo y algo de pescado, que había poca luz y que decidimos que Mario sería el cocinero: era gallego, por alguna razón pensábamos que en Galicia habría aprendido secretos culinarios exquisitos.</p>
<p>—<em>I will not eat that shit. At least not in this life</em> —dijo Jenna al ver el mondongo—. <em>It looks like a fucking towel!</em> —agregó.</p>
<p>El gallego se volvió para mirarla, levantó las cejas y luego me miró a mí:</p>
<p>—Dice que ni en pedo se come tu guiso, que el mondongo parece una toalla —traduje.</p>
<p>—Pues que me coma las pelotillas del culo, tío. Es lo único que tenemos, si no le gusta, que haga magia.</p>
<p>Mario era rústico para el trato y Jenna, la californiana de nuestro grupo, le provocaba alergia. Lo de ellos iba más allá de lo cultural. Si se hubiera tratado de piedras, tampoco habrían congeniado nunca, ni siquiera para hacer un chispazo.</p>
<p>—Joér con la gringa —dijo el gallego mientras volvía sobre los ingredientes.</p>
<p>Me acerqué un poco más para ayudarlo. En sus manos los tomates giraban con maestría, y las papas rodaban abatidas hasta convertirse en rodajas. Por mi parte, la dificultad para pelar las cebollas ralentizaba el proceso y cuando empecé a picarlas, lloré como una niña. Mario me hizo a un lado y se puso a terminar mi tarea, mientras yo embutía las sobras en una bolsa.</p>
<p>También con las cebollas se notaba que sabía lo que hacía.</p>
<p>—La tenés clarísima, gallego —observé.</p>
<p>—Vosotros los argentinos estáis condenados al asado. Si no tienen carne para quemar, se quedan sin cena.</p>
<p>En el grupo también había un alemán llamado Jenssen. Era un tipo fornido, rubio hasta hacer doler los ojos y más blanco que la piel de un sobaco. Con la única persona con la que hablaba era con Jenna, a nosotros no nos dirigía la palabra. O conversaba monosilábicamente con ella, o se limitaba a tomar nota en un cuaderno rojo sin mirarnos.</p>
<p>—No me gusta el albino, chico —me dijo por lo bajo Onedollar, el único que me caía bien en el grupo.</p>
<p>&#8220;Óne&#8221;, como yo lo llamaba, era el prototipo del exiliado que había huido en balsa de una isla asesina. Tenía determinación, me seducía su drama y la forma en que lo mantenía en secreto.</p>
<p>—Shhh, Óne. Todavía no sabemos si entiende español —le advertí.</p>
<p>—Mucha conversación —interrumpió Mario con una ristra de ajos en la mano—: si no apuramos el carro, aquí no habrá más que desayunos —dijo, y le entregó a Óne el cuchillo—. A pelar, colega, que la vais de conversadores y esto no es un congreso.</p>
<p>Mientras el cubano ocupaba mi lugar de asistente, volví junto a Jenna. En sus ojos había desprecio, mucho desprecio.</p>
<p>—¿Todo <em>oquéi</em>?</p>
<p>—<em>Is he afraid of vampires or what?</em> —ironizó ella.</p>
<p>—<em>Garlic is good</em> —dije con una sonrisa—. <em>Try to put some “onda”, baby</em>.</p>
<p>—<em>Fucking cookers, fucking brazilian people</em> —fue toda su respuesta.</p>
<p>Jenna tampoco me caía bien, pero sabía que en el fondo debíamos guardar la calma. Si empezábamos a sacarnos la bronca unos contra otros, no conseguiríamos nada, y yo había apostado a que llegaríamos sanos y salvo al postre.</p>
<p>Empezó a caer la noche y encendí el único farol que teníamos sobre la mesa. El perfume de la comida nos fue congregando y terminamos ocupando nuestros lugares. El último en llegar fue Nao, el japonés que se había ofrecido para buscar el pan.</p>
<p>—¡Qué grande, Naíto! —dije cuando abrió la bolsa.</p>
<p>Tenía toda la pinta de ser un pan muy rico.</p>
<p>Tras hacer una reverencia, el oriental ocupó también su silla y todos nos quedamos mirando las espaldas de Mario, que daba los toques finales a la preparación.</p>
<p>—Una pizca de orégano para perfumar y… ¡Listo! —anunció.</p>
<p>Atacamos sin pudor, esa es la verdad. Todos menos Jenna, que metía su tenedor en el plato y separaba los componentes. Para cuando el resto de nosotros arremetió con los mendrugos de pan para limpiar los platos, la californiana tenía los brazos cruzados delante de las sobras de mondongo y pescado que no había tocado.</p>
<p>—Tienen proteínas, mujer —dijo Mario—. ¿No comen nada sano en tu país, niña?</p>
<p>—<em>You are a monkey, I do not talk to monkeys</em> —contestó ella.</p>
<p>Se hizo un silencio apenas interrumpido por el mecánico trabajo de las mandíbulas de Jenssen. El alemán masticaba su último bocado con indiferencia.</p>
<p>—¿Quieren que vaya juntando? —pregunté.</p>
<p>Nao se puso de pie y me ayudó a recoger los platos, mientras Mario y Jenna se miraban con un odio genuino y palpable.</p>
<p>Onedollar habló:</p>
<p>—En mi país, cuando alguien ha cocinado así de sabroso, le damos la noche libre y le servimos tragos.</p>
<p>Jenna me miró, esperando que yo tradujera.</p>
<p>—<em>¿Is your last name Jameson?</em> —le pregunté.</p>
<p>—<em>My last name is up-your-ass. That’s all you need to know.</em></p>
<p>Esta vez fue Mario quien me miró esperando el doblaje.</p>
<p>—No pasa nada, gallego. Dejálo así.</p>
<p>—Esta putilla no hace más que soltar veneno, menuda polla haría falta entre esos dientes para cortar la verborrea —dijo Mario. Y unos segundos después agregó—: ¡Próstitut!</p>
<p>El movimiento de Jenna fue veloz y calculado. Tal vez estuviera esperando la oportunidad y la palabra universal le servía de bandera libre. Lo próximo que supimos fue que la mano de la muchacha empuñaba el cuchillo y que la hoja presionaba peligrosamente la garganta del cocinero.</p>
<p>Había tensión en el aire, el tipo de tensión que antecede a un desenlace cruento e inevitable. Tuve deseos de cerrar los ojos, entonces habló Jenssen y todos lo miramos con asombro:</p>
<p>—No pélea, Jenna —dijo mientras encendía un cigarrillo—. Jenna no mata Mario si nos dan el microfilme.</p>
<p>El gallego tenía el entrecejo fruncido y toda la cara se le había arrugado hacia el mentón, como si la confusión le hubiera barrido los gestos.</p>
<p>—A ver, a ver —tercié—. Me parece que si no nos calmamos un poco, las cosas…</p>
<p>Mi frase quedó interrumpida por el filo de una hoja que atravesó el aire, cortando de cuajo la muñeca de la muchacha. Nao había golpeado con una espada muy filosa que ahora blandía sobre su cabeza, mientras en la mesa quedó el puño sin vida sosteniendo el cuchillo.</p>
<p>Mario retrocedió con un grito:</p>
<p>—¡ME CAGO EN TU PUTA MADRE, TÍO!</p>
<p>La muchacha escondió el muñón entre las piernas y abrió grandes los ojos, justo a tiempo para que su expresión se congelara para toda la eternidad con el segundo sablazo de Nao, que la decapitó.</p>
<p>La cabeza sin vida rodó por el suelo y yo caí, lívido, en mi asiento.</p>
<p>Onedollar habló esta vez:</p>
<p>—¡Chino de mierda, te dije que sin matar a nadie, y mira lo que has hecho!</p>
<p>Nao ladeó la cabeza y esbozó una sonrisa que lo eximía de todo remordimiento. Me volví a mirar a Jenssen, que se había quedado paralizado en su asiento.</p>
<p>Onedollar volvió a hablar:</p>
<p>—Bien, alemán. Creo que ya sabes cómo termina la película.</p>
<p>Y vaya si lo sabía. Se limitó a cerrar los ojos y apretar los dientes. Recién entendí lo que estaba sucediendo cuando de su pecho asomó la hoja de la espada de Nao, que había ingresado por la espalda sin hacer ruido.</p>
<p>El cuerpo robusto cayó de bruces sobre la mesa, haciendo saltar los cubiertos.</p>
<p>Mario, todavía de pie, me miraba con los ojos llenos de lágrimas:</p>
<p>—¡Hijos de puta, estáis todos locos de remate!</p>
<p>Onedollar le hizo una seña discreta para que guardara silencio y se sentara. De esa manera, el gallego y yo quedamos enfrentados en la mesa, flanqueados por los dos cadáveres.</p>
<p>—El microfilme, Mario —dijo Óne.</p>
<p>Yo permanecí en silencio, sin siquera pestañear. Mario, por su parte, negaba lentamente con la cabeza, mientras de sus ojos rodaban pequeñas lágrimas que se le juntaban en el mentón. Una panza acuosa y brillante creció en su barbilla, y en un momento se descolgó para caer sobre su pecho.</p>
<p>—Locos. Estáis todos locos.</p>
<p>Nao limpió la espada con el mantel y acercó el filo hasta la oreja del gallego.</p>
<p>—Puedo empezal pol una de estas —amenazó.</p>
<p>—Vale, vale —dijo entonces.</p>
<p>Con lentitud vimos que sacaba un tubito de plástico rojo del bolsillo y lo depositaba sobre la mesa. Onedollar estiró el brazo para tomarlo.</p>
<p>—Has hecho bien, español. Es una lástima que ya no vuelvas a cocinar —dijo antes de que la espada también se cobrara su vida.</p>
<p>—Cabrones… —musitó Mario antes de morir.</p>
<p>Ahora sólo estábamos Nao, Onedollar y yo. Noté que el oriental se disponía a ubicarse a mis espaldas. Ya sabía lo que me esperaba. Entendí que había una pasión mórbida por atacar desde atrás, clavando la punta para traspasar a sus víctimas.</p>
<p>Pensé en cómo habían cambiado las cosas, en las ironías de la vida con sus refranes. “El que a hierro mata, a hierro muere”. <a href="http://revistapeinate.wordpress.com/2007/10/02/delincuentes-eran-los-de-antes/" target="_blank">Rememoré mis primeros pasos</a>, lo que me costó llegar hasta acá. Con la respiración de Nao agitada por la excitación bañándome la espalda, acabé por entender que el progreso está relacionado con la velocidad con la que aprendemos algunas cosas. Si algo me ha permitido crecer, eso ha sido aprender sobre el valor de las alianzas.</p>
<p>Estaba reflexionando al respecto cuando vi que Onedollar apuntaba su pistola y abría fuego.</p>
<p>Detrás de mí, el cuerpo de Nao se desplomó, abatido.</p>
<p>—Chabón —dijo Óne—, esto de hacerme el cubano es un dolor de huevos.</p>
<p>Sonreí, estiré la mano y tomé el tubito rojo.</p>
<p>Empecé esta crónica diciendo que no podría dar detalles de porqué estábamos todos ahí esa noche. Tampoco diré que sólo uno de nosotros cruzó la puerta de salida con vida.<br />
<span style="color:#ffffff;"> .<br />
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		<title>El jardín del muerto</title>
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		<pubDate>Mon, 12 May 2008 15:36:23 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José Playo</dc:creator>
				<category><![CDATA[Breves relatos]]></category>

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		<description><![CDATA[Belén nos llamó al día siguiente del sepelio para que le diéramos una mano con las cosas de su padre. Quedamos en pasar por su casa a la siesta, así que nos encontramos con mi hermano un rato antes en la plaza para tomar el colectivo. Encontré a Juan sentado bajo un árbol, con diez [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=brevesrelatos.wordpress.com&amp;blog=3880545&amp;post=42&amp;subd=brevesrelatos&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Belén nos llamó al día siguiente del sepelio para que le diéramos una mano con las cosas de su padre.<br />
Quedamos en pasar por su casa a la siesta, así que nos encontramos con mi hermano un rato antes en la plaza para tomar el colectivo.<br />
<span id="more-42"></span><br />
Encontré a Juan sentado bajo un árbol, con diez centímetros de lapicera perdidos dentro de la oreja en medio de una frenética rascada con espasmos.</p>
<p>—Es una infección —explicó—. Por eso me pica tanto.</p>
<p>Me impresionó la forma en que se escarbaba el oído medio, pero aunque temí que pudiera lastimarse, no le dije nada.</p>
<p>—¿Arreglaste con Belén?</p>
<p>—Sí. Nos espera.</p>
<p>Mientras caminábamos hacia la parada, Juan sacaba la lapicera, estudiaba lo que había salido adherido a ella, la limpiaba en su pantalón y la introducía de nuevo. Cada vez parecía ir más adentro.</p>
<p>—Tenemos que tomar el 600  —indiqué.</p>
<p>—No tengo cospeles.</p>
<p>—Dejá, yo te presto.</p>
<p>Llegamos a lo de Belén a eso de las cuatro. Nuestra prima no tenía buen aspecto. En su expresión demacrada y ojerosa el peso de una noche sin sueño parecía una presencia viva.</p>
<p>Nos hizo pasar y tomamos café con bizcochuelo en la cocina antes de empezar.</p>
<p>—Lo que más me importa es que tiren todo lo que no sirva. El papi juntaba mucha porquería.</p>
<p>Juan, que ahora utilizaba el mango de una cuchara en lugar de la lapicera, asentía.</p>
<p>Belén y él fueron muy amigos cuando chicos, pero desde hacía unos años que ya no se frecuentaban.<br />
Me puse a mirar por la ventana que daba al patio, donde Ernesto tenía sus plantas. Había decenas de yuyos de todos los colores y tamaños, distribuidos en una cantidad de macetas. Algunos estaban secos.</p>
<p>—… y después habría que tirar todas esas plantas de mierda.</p>
<p>Juan se ofreció a llevar las macetas a un vivero que había a la vuelta, dijo que tal vez podríamos sacarles unos pesos y a Belén le pareció una buena idea.</p>
<p>Nos pusimos de pie, apuramos lo que quedaba en las tazas y tomamos el balde, la escoba y las bolsas.<br />
La habitación estaba en la planta alta, Belén se quedó abajo acomodando la cocina.</p>
<p>La de Ernesto era la más grande de todas las piezas. Había un ropero en una pared y mi hermano lo abrió para ver si podía rescatar alguna prenda del muerto. Armó dos pilas de ropa sobre la cama. Mientras las camisas y los trajes volaban hasta el colchón, me puse a ver una repisa recargada de fotos y adornos. Me sorprendió encontrarme a mí mismo en un retrato infantil en blanco y negro. Debo haber tenido cuatro años y en la imagen estaba con Ernesto en el jardín de la casa, con una sopapa en la mano.</p>
<p>—Acá hay un portafolio  —dijo mi hermano.</p>
<p>Era un maletín como el de los médicos. Lo subimos a la cama y forzamos el cerrojo. Adentro encontramos un montón de papeles.</p>
<p>—¿Y esto qué mierda es?</p>
<p>—Son poemas, Juan.</p>
<p>Eran cientos de poemas. Había hojas sueltas, encarpetadas, anilladas, encuadernadas. Todos escritos con la misma letra. Al parecer, Ernesto garabateaba en sus horas libres.</p>
<p>Mi hermano tomó uno de los primeros y leyó en voz alta:</p>
<p style="padding-left:90px;">Hormigas culiadas<br />
me comen<br />
los geranios<br />
con dientecitos de barniz,<br />
con determinación.</p>
<p style="padding-left:90px;">Hormigas culiadas<br />
yo soy el que riega<br />
y quita los yuyos<br />
de<br />
las macetas,<br />
y ustedes vienen de noche<br />
traicioneras<br />
a trepar lo que abono<br />
y a traficarme<br />
hojas jugosas<br />
en la cara</p>
<p style="padding-left:90px;">¿por qué no se llevan,<br />
digo yo,<br />
las que están secas?</p>
<p style="padding-left:90px;">Hormigas culiadas<br />
si las llego a ver<br />
alguna mañana<br />
mientras me clavo el café<br />
y el primer cigarro</p>
<p style="padding-left:90px;">guay de ustedes</p>
<p style="padding-left:90px;">que voy corriendo<br />
busco la lupa<br />
y las baño de sol</p>
<p style="padding-left:90px;">puntual<br />
hasta<br />
incinerarlas.</p>
<p>A Juan le pareció muy gracioso.</p>
<p>—Esto es de maricón —observó—. El viejo me parece que estacionaba el auto en las dos cocheras.</p>
<p>Si bien es cierto que yo no entendía nada de poesía, los versos ríspidos de Ernesto me parecían buenos. Le dije que fuera a preguntarle a Belén qué hacer con ellos, así que mi hermano partió y yo me quedé sobre la cama, revisando más papeles.</p>
<p>Descubrí que la mayoría de los escritos hablaban de las plantas y de las hormigas. También encontré una pila de cartas atadas con una cinta. Me sonaba el nombre del remitente, pero no me atreví a abrirlas, así que las dejé a un lado y me entretuve con un cuadernillo entero dedicado al amor.</p>
<p>Un poema en especial me llamó la atención:</p>
<p style="padding-left:90px;">La cocina es un campo de batalla<br />
para ella y yo.<br />
Los lunes reorganizamos ejércitos a mansalva,<br />
le damos al amor<br />
otra razón.</p>
<p style="padding-left:90px;">Amar es no perecer al encontrarse,<br />
moverse bien,<br />
ofrendar trescientos gramos<br />
de corazón.</p>
<p style="padding-left:90px;">Jugamos, claro,<br />
no hay cuartel<br />
en la pasión.</p>
<p style="padding-left:90px;">Enemigos del amor,<br />
cuando uno retrocede<br />
al otro le sobra espacio,<br />
le abunda el sol;</p>
<p style="padding-left:90px;">fuego cruzado,<br />
ternura,<br />
fusiles ardientes en rendición;</p>
<p style="padding-left:90px;">es esta cocina un erial de besos acallados,<br />
una media mañana de lunes</p>
<p style="padding-left:90px;">y sobre migajas<br />
amanecemos desayunándonos<br />
ella y yo.</p>
<p>Pensé que tal vez Belén querría guardarlo, así que bajé las escaleras para mostrárselo. Mientras avanzaba con pasos lentos, repasaba una y otra vez los versos y el remitente de las cartas.</p>
<p>Me asomé al living, pero me detuve en la puerta: sobre el sillón ella gemía con la cabeza de mi hermano entre las piernas.</p>
<p>Pasé sin hacer ruido a la cocina y me serví otra porción de bizcochuelo.</p>
<p>Desaté el nudo que envolvía los sobres y abrí la primera carta.</p>
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		<title>La belleza del escándalo</title>
		<link>http://brevesrelatos.wordpress.com/2008/04/24/la-belleza-del-escandalo/</link>
		<comments>http://brevesrelatos.wordpress.com/2008/04/24/la-belleza-del-escandalo/#comments</comments>
		<pubDate>Thu, 24 Apr 2008 02:53:49 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José Playo</dc:creator>
				<category><![CDATA[noticias]]></category>

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		<description><![CDATA[Sería muy lindo que puedan ir todos. El dibujo y el diseño es de Nico.<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=brevesrelatos.wordpress.com&amp;blog=3880545&amp;post=41&amp;subd=brevesrelatos&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align:center;"><img class="aligncenter" style="vertical-align:middle;" src="http://revistapeinate.files.wordpress.com/2008/03/tapa-belleza-aa.jpg?w=300&#038;h=471" alt="" width="300" height="471" /></p>
<p><a href="http://revistapeinate.wordpress.com/2008/04/22/la-belleza-de-escandalo/" target="_blank">Sería muy lindo que puedan ir todos</a>.<br />
El dibujo y el diseño es de <a href="http://speed-painting.com.ar/" target="_blank">Nico</a>.</p>
<br /><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/categories/brevesrelatos.wordpress.com/41/" /> <img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/tags/brevesrelatos.wordpress.com/41/" /> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gocomments/brevesrelatos.wordpress.com/41/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/comments/brevesrelatos.wordpress.com/41/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/godelicious/brevesrelatos.wordpress.com/41/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/delicious/brevesrelatos.wordpress.com/41/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gofacebook/brevesrelatos.wordpress.com/41/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/facebook/brevesrelatos.wordpress.com/41/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gotwitter/brevesrelatos.wordpress.com/41/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/twitter/brevesrelatos.wordpress.com/41/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gostumble/brevesrelatos.wordpress.com/41/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/stumble/brevesrelatos.wordpress.com/41/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/godigg/brevesrelatos.wordpress.com/41/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/digg/brevesrelatos.wordpress.com/41/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/goreddit/brevesrelatos.wordpress.com/41/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/reddit/brevesrelatos.wordpress.com/41/" /></a> <img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=brevesrelatos.wordpress.com&amp;blog=3880545&amp;post=41&amp;subd=brevesrelatos&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></content:encoded>
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			<media:title type="html">José Playo</media:title>
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		<title>Con los ojos bien abiertos</title>
		<link>http://brevesrelatos.wordpress.com/2008/04/20/con-los-ojos-bien-abiertos/</link>
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		<pubDate>Sun, 20 Apr 2008 18:21:44 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José Playo</dc:creator>
				<category><![CDATA[Breves relatos]]></category>

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		<description><![CDATA[No era justo, nadie merecía un final así. Venía corriendo por un bosque lleno de árboles inmensos, saltando los troncos caídos y esquivando las ramas bajas que parecían querer detenerlo. Corría con la velocidad imposible que imprimen el miedo y la certeza de que estaban cerca. Saltó por encima de una pequeña laguna y tropezó [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=brevesrelatos.wordpress.com&amp;blog=3880545&amp;post=40&amp;subd=brevesrelatos&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>No era justo, nadie merecía un final así. Venía corriendo por un bosque lleno de árboles inmensos, saltando los troncos caídos y esquivando las ramas bajas que parecían querer detenerlo. Corría con la velocidad imposible que imprimen el miedo y la certeza de que estaban cerca.<br />
<span id="more-40"></span> Saltó por encima de una pequeña laguna y tropezó del otro lado con una piedra cubierta de musgos, se incorporó y continuó huyendo.<br />
La luna estaba hinchada de blanco y el follaje refulgía con un extraño brillo lechoso. En algún momento pudo escuchar el canto de los búhos. Atrás iban quedando los rastros; cualquier perseguidor sabría leer sus huellas en las verdosas pisadas junto a los charcos, sabría oler su miedo adherido en el tronco de los árboles y sabría escuchar su respiración agitada en el viento y en el aire que cortaba a su paso.<br />
Tal vez no todo estuviera perdido, los hombres de atrás debían ser buenos, ya lo habían demostrado descubriéndolo donde pensó que nadie lo buscaría, pero no habían podido darle muerte en el mismo lugar y gracias a la suerte salvó el pellejo.<br />
Debía seguir. Era eso o la muerte, sin más remedio. A pesar de la piel sudada, de la presión del aire faltante, no podían atraparlo.<br />
Continuó en línea recta hasta el segundo claro del bosque, donde viró bruscamente hacia la derecha en dirección a la ruta que corría junto al arroyo; si conseguía cruzar sus aguas turbias las probabilidades de sobrevivir se incrementarían. Tenía la ventaja de conocer muy bien el terreno, después de todo, se había criado en ese lugar. Aunque quizá el miedo promovía esos cambios que hacían que la luz brotara así entre la niebla, trepando por los árboles, convirtiendo al bosque en un lugar distinto, desconocido.<br />
Esta noche, con los planes cambiados, los ojos sólo le devolvían postales marchitas de su tierra acogedora y tranquila.<br />
Saltó por encima de un inmenso osario vacío de carne y la visión lo espantó, obligándolo a apretar el paso y a mirar a los costados para anticiparse. Tropezó con la raíz de un árbol en mitad del sendero. Pocas oportunidades le quedaban ahora que sus piernas casi no respondían y que el esfuerzo fatal fluía lento en la rigidez de sus músculos.<br />
Siguió a la rastra con ese cansancio imposible, serpenteando y dando tumbos, tropezando sobre ese suelo hermoso conquistado alguna vez, con la abnegada convicción de salvar su vida, a pesar del dolor punzante de cada latido.<br />
Cuando divisó, iluminada por la luna entre los árboles, la inexpresiva presencia de la ruta, la esperanza se renovó en su pecho. Pero estaba exhausto y había perdido demasiado tiempo.<br />
A medio camino entre una banquina y la otra escuchó las voces y vio salir desde el follaje las luces de las potentes linternas. Estaba a unos metros del arroyo cuando sonó la primera descarga y un calor de fuego le quemó la espalda.<br />
No cayó.<br />
Atrás, las voces sonaban excitadas y superpuestas, se alentaban entre ellos tomándose la libertad de elegir quién efectuaría el segundo disparo. Notó sobre el cuerpo un manto negruzco de sangre que manaba de la herida. Supo así que no alcanzaría la orilla opuesta, e igual se precipitó para intentarlo.<br />
La cobardía de vencerlo en inferioridad de condiciones resonaba en ecos oscuros desde las bocas de los perros. Unos metros antes de llegar al agua sus piernas se enredaron, como si su cuerpo se hubiese dado por vencido; trató de incorporarse con un espasmo, pero casi no le quedaba sangre y estaba agotado.<br />
Escuchó los gritos bestiales ya como venidos de otro mundo y las luces lo apuntaron. No había escapatoria.<br />
Los temblores le punzaban las coyunturas y la suerte se resumía a que no lo dejaran agonizando.<br />
Cualquier cosa sería mejor que el cansancio aquél, que el terror aquél.<br />
Entonces aparecieron los hombres y se quedaron mirándolo.<br />
Hubo unos segundos de contemplación y respeto. Había dado buena batalla en el monte desierto.<br />
Se incorporó y se mantuvo de cara frente a ellos.<br />
A su espaldas estaba el arroyo, sobre su cabeza estaban los árboles y más arriba la luna, imposibles de alcanzar. Las luces de las linternas lo cegaban, la respiración se le escapaba por la boca formando volutas de vapor que desaparecían sobre su pecho. Antes de morir despedazado por las descargas, miró hacia el cielo buscando los búhos que se habían equivocado marcándole el camino. No los encontró.<br />
Murió finalmente con los enormes ojos negros muy abiertos, con la lengua afuera de la boca, como mueren los ciervos.<span style="color:#ffffff;">.<br />
.</span><br />
<em>Del libro <a href="http://revistapeinate.wordpress.com/peguele-hasta-dejarlo-morado/" target="_blank">Peguelé hasta dejarlo morado</a>.</em></p>
<br /><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/categories/brevesrelatos.wordpress.com/40/" /> <img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/tags/brevesrelatos.wordpress.com/40/" /> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gocomments/brevesrelatos.wordpress.com/40/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/comments/brevesrelatos.wordpress.com/40/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/godelicious/brevesrelatos.wordpress.com/40/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/delicious/brevesrelatos.wordpress.com/40/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gofacebook/brevesrelatos.wordpress.com/40/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/facebook/brevesrelatos.wordpress.com/40/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gotwitter/brevesrelatos.wordpress.com/40/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/twitter/brevesrelatos.wordpress.com/40/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gostumble/brevesrelatos.wordpress.com/40/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/stumble/brevesrelatos.wordpress.com/40/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/godigg/brevesrelatos.wordpress.com/40/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/digg/brevesrelatos.wordpress.com/40/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/goreddit/brevesrelatos.wordpress.com/40/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/reddit/brevesrelatos.wordpress.com/40/" /></a> <img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=brevesrelatos.wordpress.com&amp;blog=3880545&amp;post=40&amp;subd=brevesrelatos&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></content:encoded>
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			<media:title type="html">José Playo</media:title>
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		<title>Secuencias de otoño</title>
		<link>http://brevesrelatos.wordpress.com/2008/04/17/secuencias-de-otono/</link>
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		<pubDate>Thu, 17 Apr 2008 15:03:36 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José Playo</dc:creator>
				<category><![CDATA[Filiales]]></category>

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		<description><![CDATA[Abril es un viaje en colectivo con las ventanillas abiertas, papeles que se vuelan, estornudos como regaderas, una chica con botas que me clava el taco sin querer en el meñique mientras la armónica de Dylan se me sale por las orejas. El pasajero que tengo al lado, un viejito de bufanda, se queja. Detrás [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=brevesrelatos.wordpress.com&amp;blog=3880545&amp;post=39&amp;subd=brevesrelatos&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Abril es un viaje en colectivo con las ventanillas abiertas, papeles que se vuelan, estornudos como regaderas, una chica con botas que me clava el taco sin querer en el meñique mientras la armónica de Dylan se me sale por las orejas.<br />
<span id="more-39"></span>El pasajero que tengo al lado, un viejito de bufanda, se queja.<br />
Detrás de estos anteojos oscuros nadie sabe que voy escribiendo obituarios de almíbar para las amistades muertas. Ni los jóvenes que pegan los mentones al pecho y simulan sueños de estrategia.<br />
La gente sube y baja en cámara lenta.<br />
—¿Va para <acronym title="Argüello, populoso barrio de la capital cordobesa"><em>Aaargüeio</em></acronym>?<br />
—Ni cerca.<br />
Abril es la recta final de un contrato de alquiler sobre el que queremos poner la firma con violencia; la posesión de una casa con fachada incompleta, revoque grueso, tres dormitorios, un calefactor, un hogar a leña.<br />
Daremos de baja los servicios, volveremos a la Edad Media.<br />
Treinta y tres años, una botellita de Coca de uno con cincuenta, el sobaco lleno de carpetas. Dictarle excusas al celular mientras rodamos sobre los puentes y las avenidas, esquivando los semáforos y las aceras.<br />
—Córdoba es hermosa. Deberías conocerla.<br />
Abril es dos colectivos por día -dos de ida, dos de vuelta-, es una tracalada de entrevistas imperfectas.<br />
En abril ensayamos mudanzas que no molestan y nos ensañamos con los libros que no ponen las cartas sobre la mesa: ya no queremos literatura, necesitamos una ventana mínima por la que el sol pueda entrar y encontrarnos cuando los ojos se nos pegan.<br />
Abril, otra vez las cajas de la mudanza que nos escarmienta, una panza que nos separa en la cama y a la vez nos acerca.<br />
Voy por las rotondas sobre la fila de la izquierda, asiento individual, quinto lugar, detrás de una nuca cualquiera.<br />
Y si viajo parado las calles me bambolean.<br />
Parado está bien.<br />
La mano firme sobre los caños que me reflejan.<br />
La música de la ciudad por la mañana es un veneno que te cocina empezando por las piernas.<br />
Trepa.<br />
Fachadas que en todo este tiempo han cambiado la mueca, árboles que se yerguen adultos, con robustez nudosa delante de puertas que solía golpear cuando tenía el reloj en la muñeca.<br />
Castro Barros al 50, cuatro almohadones, la historia de una fellatio incompleta. El motor que pelea por colarse dentro de las orejas.<br />
Los viajes en colectivo son los padres putativos de las mejores ideas, aunque nos embargue el equilibrio cabalgar con ellas.<br />
Puertas que se abren y escupen espectros sobre las aceras.<br />
Pedacitos de plástico, pergaminos diminutos amasados de impaciencia.<br />
Me trepo a los colectivos de abril agachando la cabeza.<br />
Busco sin saberlo al viejito con maletín de médico que supo venderme en cada viaje del pasado las porquerías más diversas.<br />
Estará muerto, me digo. Junto al chofer hay una caja de turrones viejos que sirve de lápida para el desaparecido colega.<br />
La vida es un proyecto de relatos escandalosos que viajan bajo el sol con los árboles barridos en la vereda.<br />
Suelos de goma, asientos con molde para formar culos, apretones y empujones en los semáforos, bultos que se estacionan sobre las hombreras. Los rostros amanecidos y hechos mierda.<br />
Abril, mi hija ya sabe que estoy detrás de la puerta, ya dice papá y se divierte pateándome entre las piernas.<br />
La paternidad es un dolor de huevos que nos deja de rodillas, una sonrisa mientras nos mordemos la lengua.<br />
Nuestra campaña de cuarto mes en el calendario: erradicar “pelotudo” y sembrar “pelonfái”, por mucho que nos guste putear a diestra y siniestra.</p>
<p>Soplarán fríos los vientos sobre nuestras sábanas cuando el invierno meta la lengua por nuestra ventana abierta.<br />
Nos sorprenderá por la tarde trocando el chupete por un Palito de la selva.<br />
Al fondo habrá más lugar por la mañana.</p>
<p>El mundo, el calendario, los colectivos, nosotros,</p>
<p>con nuestros muertos y nuestros dilemas<br />
seguiremos<br />
dando<br />
vueltas.<br />
<span style="color:#ffffff;"> .<br />
.<br />
.<br />
.</span><br />
<strong>Tags Bitácoras</strong>: <a rel="tag" href="http://bitacoras.com/canales/breve+relato+poético+ante+la+inminencia+de+la+mudanza">breve relato poético ante la inminencia de la mudanza</a>, <a rel="tag" href="http://bitacoras.com/canales/aunque+ya+conseguimos+casa">aunque ya conseguimos casa</a>, <a rel="tag" href="http://bitacoras.com/canales/todav?a+falta+firmar+el+puto+contrato">todavía falta firmar el puto contrato</a>, <a rel="tag" href="http://bitacoras.com/canales/y+eso+nos+hace+pensar+en+poes?a">y eso nos hace pensar en poesía</a>, <a rel="tag" href="http://bitacoras.com/canales/porque+la+incertidumbre+es+poes?a">porque la incertidumbre es poesía</a>, <a rel="tag" href="http://bitacoras.com/canales/no+me+vengan+a+joder+con+que+no">no me vengan a joder con que no</a>, <a rel="tag" href="http://bitacoras.com/canales/peinate+que+viene+gente">Peinate que viene gente</a>, <a rel="tag" href="http://bitacoras.com/canales/peinate">peinate</a><br />
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		<title>Frecuencias sexuales</title>
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		<pubDate>Wed, 16 Apr 2008 03:42:06 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José Playo</dc:creator>
				<category><![CDATA[Breves relatos]]></category>

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		<description><![CDATA[—Pero más vale que importa. —¿A qué te referís? ¿A la cantidad de polvos por semana? —Claro, boludo. No es lo mismo el que la pone una vez a la semana que el que la pone diez veces por semana. —El que te dice que la pone diez veces por semana te está mintiendo. O [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=brevesrelatos.wordpress.com&amp;blog=3880545&amp;post=38&amp;subd=brevesrelatos&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>—Pero más vale que importa.<br />
<span id="more-38"></span><br />
—¿A qué te referís? ¿A la cantidad de polvos por semana?</p>
<p>—Claro, boludo. No es lo mismo el que la pone una vez a la semana que el que la pone diez veces por semana.</p>
<p>—El que te dice que la pone diez veces por semana te está mintiendo. O contabiliza las pajas.</p>
<p>—Hay gente que la pone diez veces por semanas. Y hay algunos que hasta la ponen veinte veces por semana.</p>
<p>—No le creo a nadie que venga a refregarme algún record sexual. El tipo que dice que la tiene larga, o que se echa diez al hilo, o que no se le baja en toda la noche sin tomarse un Viagra, miente. Veinte polvos por semana, dejáte de joder.</p>
<p>—Hay casos, che. Mirá la mujer de Barabale, que él dice es multiorgásmica.</p>
<p>—¿La mujer de Barabale, coge con Barabale?</p>
<p>—Parece.</p>
<p>—Pero ¿vos le viste la cara a Barabale?</p>
<p>—La verdad es que tiene una cara de pelotudo que voltea.</p>
<p>—Mirá vos si la mujer de Barabale va a ser multiorgásmica, esa para ir a los bifes debe tener más vueltas que un autódromo. Otra mentira, qué mierda va a ser multiorgásmica.</p>
<p>—Existen minas multiorgásmicas, ojo, che.</p>
<p>—¿Cuántas conocés?</p>
<p>—Bueno, todo el mundo dice.</p>
<p>—<a href="http://joseplayo.blogspot.com/2008/04/exageraciones-genitales.html" target="_blank">Todo el mundo dice boludeces</a>, es lo que te estoy explicando.</p>
<p>—Igual, la frecuencia es muy importante. ¿No te parece?</p>
<p>—Te lo contesto con un chiste: yo la pongo casi todos los días; casi el lunes, casi el martes, casi&#8230;</p>
<p>—No sé, yo me guío por lo que me pasa a mí. Nosotros en casa tenemos períodos, ahora con la gorda le estamos dando duro y parejo, pero no sé si llegamos a los cinco polvos por semana, por ahí menos. Son rachas. Justo ahora es una de las buenas, después por ahí nos enfriamos y le damos una o dos veces cada diez días, como para no perder la afinidad.</p>
<p>—Nosotros con la flaca estamos en dos&#8230; pero al año.</p>
<p>—Qué, ¿andan mal?</p>
<p>—No. Eso es lo que te explico, coger como un conejo tampoco es sinónimo de andar bien. Yo, por ejemplo, soy un tipo que no tiene dramas en asumir que la pone, cuando mucho, una vez cada dos semanas.</p>
<p>—¿Cada <em>dos</em> semanas?</p>
<p>—Sí, cada dos semanas.</p>
<p>—Muy bien que digamos no andan.</p>
<p>—¿Qué carajo tiene que ver?</p>
<p>—Y&#8230;</p>
<p>—El sexo está sobrevaluado, macho. A esto es a lo que voy.</p>
<p>—Nosotros con la gorda mantenemos la pasión viva gracias a la imaginación.</p>
<p>—¿Pero ustedes culean o escriben una novela?</p>
<p>—Si no usás la imaginación, estás en el horno, te lo aseguro.</p>
<p>—¿Y qué hacen?</p>
<p>—Y, de todo.</p>
<p>—Dame ejemplos, así no entiendo.</p>
<p>—Y, ponele, una semana vemos porno, otras incorporamos juguetes, otra vamos al club&#8230;</p>
<p>—¿El Club?</p>
<p>—Sí, el club de intercambio de pareja.</p>
<p>—Pará, pará, pará. ¿Vos y la gorda son swingers?</p>
<p>—No, qué mierda vamos a ser swingers, con lo celosa que es la gorda. Si me llega a ver agarrándole la mano a otra mina, de una patada me saca la cabeza.</p>
<p>—¿Y a qué mierda van si no son swingers?</p>
<p>—Pasan buena música.</p>
<p>—¿Pero nunca?</p>
<p>—Estamos en tratativas, pero es una fantasía, como la del traje de astronauta y de la mucamita&#8230;</p>
<p>—¿Traje de astronauta? No me digás que vos te vestís de astronauta para echarte un polvo.</p>
<p>—Una vez lo hicimos. La gorda tiene fantasías medio raras. No sabés el laburo que me dio conseguir el disfraz.</p>
<p>—Me imagino.</p>
<p>—No. Ni te imaginás. A la gorda a veces se le da por hacerlo en público. Una vez nos echamos uno en el baño del aeropuerto.</p>
<p>—Nooo, boludo, ¿no sabés que te filman?</p>
<p>—¡Qué te van a filmar!</p>
<p>—Sí, te filman, más vale que te filman. Igual que en los muebles, que te ponen las camaritas atrás de los espejos, como en los interrogatorios yankis.</p>
<p>—No me la creo. Igual tampoco me importa.</p>
<p>—Así que los lugares raros, le gustan a la gorda.</p>
<p>—Sí. En tu cumpleaños, por ejemplo, le dimos en la terraza.</p>
<p>—¿Cogieron en mi cumpleaños? ¿En mi casa?</p>
<p>—Sí. Estuvo muy bueno.</p>
<p>—¿Nunca los descubrieron?</p>
<p>—Una vez. Mis suegros. Pero bueno, ya estábamos casados, así que.</p>
<p>—Ajá.</p>
<p>—Me dejaste pensando con lo de la flaca.</p>
<p>—¿Qué?</p>
<p>—¿No tendrá ella un&#8230;?</p>
<p>—No, boludo, nada que ver. La conozco, a la flaca. Pasa que con el laburo, las cosas de la casa, los chicos. Llegamos a la cama y nos desmayamos. Con el tiempo, el erotismo se va perdiendo y se convierte en una cosa que ocurre sólo adentro del televisor, o entre las tapas de un libro o una revista, pero nunca más en tu casa.</p>
<p>—No sé si en todos los casos es así.</p>
<p>—Cada pareja es un mundo, loco. Yo sé porqué te lo digo.</p>
<p>—¿Por Barabale?</p>
<p>—Ja. Sí, por ejemplo. Mirá que he visto cosas feas, pero como la mujer de Barabale, nada.</p>
<p>—Tiene buenas tetas, eso sí.</p>
<p>—¡Sí! ¡Qué tetas la mujer de Barabale!</p>
<p>—Tre-men-das. No sabía que se había puesto.</p>
<p>—Más vale que se puso.</p>
<p>—Qué grande, Barabale.</p>
<p>—Es un grande, sí.</p>
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		<title>Anécdota estudiantil</title>
		<link>http://brevesrelatos.wordpress.com/2008/04/11/anecdota-estudiantil/</link>
		<comments>http://brevesrelatos.wordpress.com/2008/04/11/anecdota-estudiantil/#comments</comments>
		<pubDate>Fri, 11 Apr 2008 21:06:39 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José Playo</dc:creator>
				<category><![CDATA[Breves relatos]]></category>

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		<description><![CDATA[Ya todo está escrito, solía decir Betini. Y después de regalarle al mundo esta u otra de sus máximas, desviaba la mirada, generalmente hacia las ventanas. Nunca supe si buscaba ver mutar el paisaje ante su declamación o si tan sólo necesitaba admirar su propio rostro en el reflejo de los cristales. Ya todo está [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=brevesrelatos.wordpress.com&amp;blog=3880545&amp;post=37&amp;subd=brevesrelatos&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Ya todo está escrito, solía decir Betini. Y después de regalarle al mundo esta u otra de sus máximas, desviaba la mirada, generalmente hacia las ventanas. Nunca supe si buscaba ver mutar el paisaje ante su declamación o si tan sólo necesitaba admirar su propio rostro en el reflejo de los cristales.<br />
<span id="more-37"></span>Ya todo está escrito, en palabras del gran Betini, fue la frase que me persiguió durante toda la carrera de Periodismo y Letras, como un depredador hambriento y cebado que anda tras la huella sanguinolenta de su presa.<br />
Yo odiaba a Betini, pero jamás se lo dije, y juntos interpretábamos una coreografía simulada y perfecta que nos permitía compartir espacios, charlas, clases y recreos sin problemas. Pero lo que sentía por mi compañero era un hecho casi tan irrefutable como que él me odiaba a mí. Tal vez por distintas razones, pero con la misma intensidad y sutileza.</p>
<p>Betini se fumaba los libros de la biblioteca con esmero y salvajismo, anotando siempre sus resúmenes en cuadernos de espiral, mientras yo peleaba bañado de sudor, empantanado en los prólogos y en las notas previas, rara vez logrando sacar en claro más de una o dos ideas que siempre resultaban inútiles para pasar las pruebas. Sus monografías y trabajos regresaban tal y como las había entregado, impolutas y acompañadas de alguna felicitación o una palmada en la espalda. Por el contrario, mis presentaciones volvían a mis manos repletas de tachones que tapaban párrafos enteros, flechas hacia todos los márgenes, donde se multiplicaban las notas, las correcciones, los signos de pregunta y los de exclamación. Si conseguía pasar los exámenes era porque me las apañaba para espiar las respuestas por sobre el hombro de algún compañero. Nunca logré una nota más alta que la mínima para no reprobar, mientras que Betini llenaba su libreta con números de dos cifras y congratulaciones. Éramos, en esencia, distintos, pero nos motivaba la misma fiebre por lo escrito, la misma pasión ante un futuro que prometía poblarse de hojas en blanco que nos dedicaríamos a llenar.</p>
<p>Los escritores y los autores son, principalmente, seres viciosos empecinados en encontrar alternativas para no trabajar. Esa frase es mía, no de Betini. Betini habría dicho que ya todo está escrito y que nos conviene reinventar nuestra voz y retomar el camino ahí donde otros no se animan a actualizar. Puras habladurías, puras máximas insulsas e inconducentes, puras tapias levantadas para entorpecer el camino y no dejarte avanzar.<br />
Lo supe tarde. En ese entonces, las frases de Betini me paralizaban, obligándome a buscar en las mismas ventanas, alternativamente, una señal de que algo podíamos lograr y el rostro de mi compañero, desfasado por una sonrisa cruel y oscura.<br />
Fueron cinco largos años los que pasamos yendo del aula a la biblioteca, de la biblioteca a la cama, donde los sueños se nos hacían pedazos por el cansancio, donde estrangulábamos las almohadas para no llorar.</p>
<p>Una sola vez, lloré. La tarde en que nos agarramos a trompadas con Betini, episodio que terminó con mi cuerpo rodando por la escalera, rebotando como una pelota cuesta abajo en un descenso interminable y brutal, al cabo del cual terminé con una pierna rota y el hombro fuera de lugar. Ya ni recuerdo por qué empezó la discusión, pero sé que las palabras se volvieron hirientes, los párrafos eran lanzas envenenadas y las manos se volvieron molinetes que nos hincharon los pómulos y embotaron los ojos. Hubo narices sangrantes, patadas en la espalda, rodillazos en la frente, tropezones, tirones de pelo y jadeos de furia, hasta que el hijo de puta me empujó y me fui de culo sin pisar los primeros tres escalones.<br />
Betini fue el único que no se molestó en bajar a ver si la desbarrancada no me había costado la vida. Fue un golpe tremendo, del cual todavía me queda una pierna que cojea cuando hay humedad.<br />
Mientras me daban las primeras curaciones en enfermería, recuerdo, vino a verme el director y se sentó en la punta de la cama, observándome unos segundos antes de hablar.<br />
—Lo siento —dijo—. Espero que esto te haga recapacitar, todavía estás a tiempo para estudiar otra cosa.<br />
La exposición descarnada de su pensamiento, la posibilidad de que la voz del resto de las personas en esa universidad se resumiera en su boca, me quebró por la mitad. Nadie vino a visitarme la semana que pasé en enfermería. Además de llorar con la cabeza cubierta por las sábanas como si fuera un cadáver literario que no se resigna a dejar el lugar, tomé coraje. Las palabras del director y los golpes de mi compañero sirvieron para que me prometiera reponerme y salir de ahí para demostrarle al mundo de lo que era capaz.</p>
<p>Otra cosa ocurrió en esa habitación pequeña y blanca donde yo respiraba la desesperación que alienta a los miserables, esa que huele como algodón, alcohol y metal: tuve mi primera relación sexual.<br />
Milena era enfermera. No la había visto nunca antes de esa semana, a pesar de que compartíamos el pabellón de almuerzo y otros espacios comunes. Se presentó una tarde con una jeringa en una bandeja pequeña y se mordió el labio inferior al menos tres veces intentando colocar la aguja dentro de mi vena. Yo ni sospechaba que pronto descubriría el cuerpo robusto y abrasador que albergaba su delantal. Fue la segunda jornada, cuando le tocó la guardia nocturna y para mi sorpresa se deslizó en la habitación con la luz apagada, camuflándose de oscuridad. Recuerdo el crujido de los elásticos de la cama, el ruido de sus zapatos cayendo al suelo, el roce áspero de las sábanas y su delantal, el peso cálido de sus senos escabulléndose de mis manos, la curva turgente de su culo sobre mí, subiendo interminables veces para volver a bajar, el olor de su pelo asfixiándome, el sudor de sus labios regándome de sal, el entrevero volcánico de sus muslos atenazándome y engulléndome como a un pequeño animal.</p>
<p>Terminé la carrera en el tiempo estipulado, aunque no recibí honores ni distinciones. Unos años después (ayer), con los brazos de la memoria cansados y sin fuerzas para sujetar postales borrosas del paso por la universidad, levanté el diario y leí de la muerte de Betini.<br />
Una foto vieja de nuestro anuario en blanco y negro junto al mapa repleto de flechas y tachones que rescató la guardia oficial. Me recordó a mis monografías malogradas. La guerrilla había encontrado en mi ex compañero un cerebro privilegiado además de un brazo fuerte para reclutar.<br />
Imaginé su cuerpo caído, sus ojos abiertos con el brillo evanescente y embargado en la contemplación de un último paisaje empecinado en no mutar, mientras la vida se le escapa a chorros por los agujeros de las balas. Toda esa acumulación de conocimientos y libros estrujados que ya no servirían para nada, toda esa llama interior silenciada a la sombra irregular de los helechos, las hormigas delineándole los párpados, el sudor secándose sobre el cutis ceniciento que se enfría lentamente bajo el sol tropical.<br />
Le alcancé el diario a mi mujer.<br />
—Increíble —dijo.<br />
—Era un idealista.<br />
—Nosotros no podemos quejarnos.<br />
—Claro que no. Con el taller de motos no nos va tan mal.</p>
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			<media:title type="html">José Playo</media:title>
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		<title>El autor material</title>
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		<pubDate>Fri, 11 Apr 2008 21:06:07 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José Playo</dc:creator>
				<category><![CDATA[Breves relatos]]></category>

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		<description><![CDATA[Marcia tenía las manos cruzadas sobre las piernas y Tomás, de pie, hablaba intentando mantener la calma: —No vamos a cortar la torta hasta que no digan quién fue el que se cagó. El silencio entre los invitados parecía inquebrantable. —Les juro que no muevo un puto dedo hasta que no confiese el autor de [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=brevesrelatos.wordpress.com&amp;blog=3880545&amp;post=36&amp;subd=brevesrelatos&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Marcia tenía las manos cruzadas sobre las piernas y Tomás, de pie, hablaba intentando mantener la calma:<br />
—No vamos a cortar la torta hasta que no digan quién fue el que se cagó.<br />
El silencio entre los invitados parecía inquebrantable.<br />
<span id="more-36"></span> —Les juro que no muevo un puto dedo hasta que no confiese el autor de la ventosidad, no me hagan apelar al viejo “la gallina que cantó puso el huevo”, porque entonces el culpable sos vos, Armando.<br />
—¡Yo no fui! —se atajó Armando—. Lo dije porque de golpe aspiré el aire caliente sin darme cuenta y me sorprendió. Por eso grité “¡Alguien se cagó!”, pero yo no tuve nada que ver.<br />
—La gallina y el huevo… —repitió Lucía para sí.<br />
Tomás cargó contra ella:<br />
—¿Y vos? ¿Sabés algo que no te animás a decir?<br />
—No. Me estaba acordando de lo que le dijo un huevo a una gallina mientras los dos fumaban en la cama después de echarse un polvo: <em>“by the way, I came first”</em>.<br />
—No te creo, Lucía. No le creo a ninguno de ustedes —dijo, y señaló a las parejas regadas en los sillones en torno a la mesita ratona donde descansaba, intacta, la torta.<br />
Los invitados se miraban los zapatos y evitaban enfrentarlo, sabían que un parpadeo sería suficiente para que les endilgara la paternidad del incidente.<br />
—Ya está, mi amor —dijo Marcia—. Olvidémonos del tema y cortemos la torta.<br />
—¿Cómo podés ser tan desaprensiva, Mar? —respondió Tomás—. Nos hemos gastado un dineral para recibir a estos hijos de puta y nos pagan soltando un pedo antes de cantar el feliz cumpleaños&#8230; ¡Yo estoy que hiervo!<br />
—No es culpa de todos, el culo que cantó fue uno solo, no generalices.<br />
—Si no hay un culpable, todos son culpables. Vos lo sabés muy bien —dijo Tomás mientras levantaba el índice en el aire, enfatizando la sentencia.<br />
—Lo que digo es que ya no tiene importancia, abrimos un poco la ventana y…<br />
—¡Eso es lo que más me molesta! ¡En el mail les avisamos que lo íbamos a hacer adentro porque las noches se han puesto frescas!<br />
—Fue un descuido, Tomás —terció ella.<br />
—No, no, no. El que se cagó sabía que nos íbamos a tener que fumar el pedo a regañadientes, ¿de qué descuido me hablás, mujer?<br />
Marcia se llamó al silencio y sorbió un trago de su copa, justo cuando una mano se levantó para pedir la palabra.<br />
—¿Qué querés? —preguntó Tomás.<br />
Mientras limpiaba el cristal de sus anteojos con el puño del suéter, Esteban dijo:<br />
—Me parece que no vamos a determinar nunca quién fue el que se cagó.<br />
—Eso lo decís porque te conviene, ¿no? —ironizó Tomás.<br />
—No. Lo digo porque el que se rajó este pedo es un experto, no un improvisado.<br />
Un murmullo creció entre los comensales. Esteban asintió con los ojos cerrados y expresión detectivesca, Tomás pidió silencio con un gesto y le hizo señas para que continuara:<br />
—No se trata de un descuido, como dice Marcia; este pedo salió de un culo con entrenamiento.<br />
—¿Por qué lo decís? —quiso saber Tomás.<br />
—Fijate en los hechos —explicó mientras enumeraba con los dedos de la mano—: fue un pedo silencioso, primero; la baranda que tiene denota que es de un intestino cargado, el que lo amasó sabía lo que hacía; y, por último, estamos ante un artista, ante alguien que no es la primera vez que lo hace. La prueba es que somos varios y no podemos dar con el culpable.<br />
—Un gran actor —acordó Tomás.<br />
—Un maestro del camuflaje —apuntó Esteban—. Un maestro de los gases.<br />
—Me estás arruinando el cumpleaños —observó Marcia.<br />
Tomás no le prestó atención y continuó, mientras caminaba en círculos entre la concurrencia, con las manos cruzadas en la espalda:<br />
—Un hijo de puta capaz de comerse un guiso de porotos antes de venir, sabiendo que al primer pedo íbamos a quedar todos consternados.<br />
—Alguien con la suficiente experiencia como para soltar un flato aprovechando el volumen de la conversación, esquivando los silencios —siguió Esteban, como para sí.<br />
Se hizo silencio otra vez y Marcia tomó el cuchillo entre las manos, dispuesta a hundir la hoja en el bizcochuelo.<br />
—Para mí que fue el Quique —dijo de pronto Mariela, y el murmullo volvió a llenar el living.<br />
El aludido, señalándose el pecho, abrió grandes los ojos y respondió:<br />
—¡Hija de puta! ¿Qué carajo tengo que ver yo?<br />
—Vamos —repuso ella—, si siempre andás rascándote las bolas y comiendo con la boca abierta. Si hay un candidato entre todos nosotros para semejante asquerosidad, sos vos, Quique. No queda otra.<br />
—Sos de lo peor, Mariela. Estás caliente porque nunca te di bola. Por eso me acusás, resentida de mierda.<br />
—BASTA —gritó Marcia— ME ESTÁN CAGANDO EL CUMPLEAÑOS.<br />
Tomás, con una sonrisa, ironizó:<br />
—Al cumpleaños te lo cagó el que se tiró el pedo. Y no creo que haya sido Quique; no olvidemos que hace una semana que está a dieta, ni siquiera probó la gaseosa esta noche.<br />
Todos volvieron a hacer silencio. Sólo se escuchaba el paso marcial de las agujas del reloj y los sollozos de la cumpleañera.<br />
—Esta fiesta es una basura —soltó Lucía.<br />
Tomás se aproximó a ella y la increpó:<br />
—¿Qué dijiste?<br />
—Lo que oíste; que este cumpleaños es una basura. Ninguno de los que estamos acá te queremos. Si hemos hecho el esfuerzo de someternos a todas estas cosas horribles, es porque apreciamos mucho a Marcia. Ella es nuestra amiga, vos sos su pareja&#8230; ¡Pero sos insoportable!<br />
Tomás se limitó a volver la vista hacia su mujer, buscando confirmación.<br />
—Tiene razón, macho —apuntó Quique.<br />
—Sí —intervino Esteban—, no tengo nada en tu contra, pero sos más pelotudo que las palomas.<br />
El rostro de Tomás se había encendido de furia. Su explosión temperamental era inminente.<br />
—Mirá lo que lograste —agregó Mariela mientras se acercaba a Marcia—. Hoy es su cumpleaños y le arruinaste la noche.<br />
—Pero alguien de acá se cagó, esa es la verdad —contestó Tomás, esforzándose por no gritar—. Alguien de acá…<br />
—Basta, por favor —pidió su mujer —. Lo único que yo quiero es que cortemos la torta de una vez.<br />
—Con la torta voy a hacer una excepción y me salgo un cachito de la dieta —dijo Quique.<br />
—Está bien, está bien —respondió Tomás—. Veo que estoy de más en esta reunión, así que los dejo para que se respiren sus propios pedos. Me voy a la cama, oligarcas de mierda.<br />
Y dicho esto, se dirigió hacia las habitaciones.<br />
—No le hagas caso, mujer —la consoló Lucía—. Hombres. Son sólo hombres.<br />
—Es que yo… —replicó ella.<br />
—En serio —intervino Quique con el cuchillo en la mano—, el tipo está mal de la cabeza, tenés que olvidarlo y seguir adelante.<br />
—Es que al pedo me lo tiré yo —reconoció Marcia—: estoy re descompuesta.<br />
La comprensión se vistió de mutismo y los amigos, lejos de enjuiciar el accidente, se abocaron a los actos mecánicos de recargar los vasos y hacer circular las porciones de torta.<br />
Pasaron unos segundos y, después del primer bocado, por fin ella habló con los ojos cargados de lágrimas:<br />
—Quiero darles las gracias por entenderme.<br />
Hubo algunas sonrisas y un par de guiños cómplices. Después la video tragó el cassette con la filmación  del casamiento, para que vieran todos lo bien que había quedado la edición del civil, la iglesia y la fiesta.</p>
<br /><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/categories/brevesrelatos.wordpress.com/36/" /> <img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/tags/brevesrelatos.wordpress.com/36/" /> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gocomments/brevesrelatos.wordpress.com/36/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/comments/brevesrelatos.wordpress.com/36/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/godelicious/brevesrelatos.wordpress.com/36/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/delicious/brevesrelatos.wordpress.com/36/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gofacebook/brevesrelatos.wordpress.com/36/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/facebook/brevesrelatos.wordpress.com/36/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gotwitter/brevesrelatos.wordpress.com/36/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/twitter/brevesrelatos.wordpress.com/36/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gostumble/brevesrelatos.wordpress.com/36/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/stumble/brevesrelatos.wordpress.com/36/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/godigg/brevesrelatos.wordpress.com/36/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/digg/brevesrelatos.wordpress.com/36/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/goreddit/brevesrelatos.wordpress.com/36/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/reddit/brevesrelatos.wordpress.com/36/" /></a> <img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=brevesrelatos.wordpress.com&amp;blog=3880545&amp;post=36&amp;subd=brevesrelatos&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></content:encoded>
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		<title>Trascendencias</title>
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		<pubDate>Fri, 28 Mar 2008 05:48:57 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José Playo</dc:creator>
				<category><![CDATA[Breves relatos]]></category>

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		<description><![CDATA[Contemplaban el atardecer de Buenos Aires recostados en el césped que rodea al Obelisco, mientras se pasaban en silencio un porro baboso, amarillento y mal armado. Marianito fue el primero que habló: —Tenemos que hacer algo, loco. El Fana no contestó. —Algo grande —insistió Marianito. —¿Querés que nos hagamos cagar una farmacia? —preguntó intrigado su [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=brevesrelatos.wordpress.com&amp;blog=3880545&amp;post=35&amp;subd=brevesrelatos&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Contemplaban el atardecer de Buenos Aires recostados en el césped que rodea al Obelisco, mientras se pasaban en silencio un porro baboso, amarillento y mal armado.<br />
Marianito fue el primero que habló:<br />
—Tenemos que hacer algo, loco.<br />
El Fana no contestó.<br />
—Algo grande —insistió Marianito.<br />
—¿Querés que nos hagamos cagar una farmacia? —preguntó intrigado su compañero.<br />
—No, boludo. Algo grande en serio, algo groso. Algo que quede para siempre, ¿entendés?<br />
—No —se sinceró el Fana. Y siguió peleando por robarle unas últimas secas al porro.<br />
<span id="more-35"></span>—Mirá para allá —dijo Marianito señalando la inmensidad de la 9 de Julio. Hasta donde la vista alcanzaba, había autos, edificios y alumbrado público.<br />
—¿Querés que nos afanemos un auto? —preguntó el Fana con voz nasal.<br />
—No, boludo. No digo afanar, digo <i>dejar </i>algo, no <i>sacar</i> algo.<br />
El Fana largó el humo, se rascó el pecho y se volvió a recostar.<br />
—No te entiendo un carajo lo que hablás.<br />
—Quiero meterle una pintada al Obelisco. Eso quiero —aclaró Marianito.<br />
El Fana se incorporó y volvió la vista hacia el monumento detrás de ellos.<br />
—¿Querés que pintemos el Obelisco? ¿Qué sos, Dalí, boludo?<br />
—¡No! —respondió con ojos vidriosos Marianito—. ¡Soy Marianito de Urquiza, y me la banco un fardo!<br />
—Vos estás reloco.<br />
—Esperame acá. Yo ya vuelvo.<br />
Marianito se puso de pie, y desapareció.<br />
El Fana empezó a silbarle a una mina que pasaba caminando con el novio. Después se recostó otra vez, refunfuñando por el calor y por el ruido de los autos. Pasó un rato y su amigo regresó con un aerosol en la mano.<br />
—Ahora sí —le dijo.<br />
El Fana lo miró, miró el aerosol, volvió a chequear el Obelisco y repitió:<br />
—Vos estás reloco.<br />
Desoyendo a su amigo, Marianito se puso la mano como visera y observó en derredor.<br />
—¿Qué buscás? —preguntó el Fana.<br />
—Una escalera.<br />
—¿Una escalera? ¿Para qué mierda querés una escalera?<br />
—Para qué carajo va a ser, para subirme al Obelisco y pegarle la pintada.<br />
—Vos estás reloco —repitió el Fana riendo.<br />
Dieron algunas vueltas hasta que pasaron frente a una obra en construcción. Entraron, le reventaron a patadas la cabeza a un sereno y volvieron caminando con la escalera.<br />
El Fana traía la parte más ancha y con más peso, Marianito iba adelante, llevando el extremo con los escalones más cortos.<br />
Cuando llegaron otra vez al Obelisco, ya estaba cayendo el sol y comenzaban a encenderse las luces de la ciudad.<br />
Dejaron la escalera a un costado mientras recobraban el aire.<br />
—¿Cómo es la cosa? Con un aerosol pedorro no te alcanza ni para hacer una raya que le dé media vuelta, loco —observó el Fana.<br />
Marianito miraba el Obelisco, la escalera y el tráfico.<br />
—Vamos de aquel lado —propuso sin prestarle atención.<br />
Dieron una vuelta hasta encontrar la cara opuesta del monumento. El tráfico parecía ir directo hacia ellos, pero se desviaba a último momento para colarse hacia los costados.<br />
Con mucho esfuerzo consiguieron levantar la escalera y apoyarla sobre la pared.<br />
—Yo me quedo abajo, no hay forma de subir hasta allá en este estado, loco —dijo el Fana.<br />
Marianito estuvo de acuerdo y subió los peldaños lentamente.<br />
Agitaba el aerosol con cada paso que daba en el ascenso, fascinado por el sonido de la bolita rebotando contra las paredes de aluminio y la tinta comprimida.<br />
Cuando llegó al tope, se volvió hacia la avenida. Las luces de los autos brillaban como diamantes, hasta le parecía ver estelas de luces rojas sangrando sobre el asfalto. Miró hacia abajo, el Fana sostenía la escalera con una sonrisa somnolienta en los labios.<br />
Caía la noche en Buenos Aires cuando Marianito agitó por última vez el aerosol. Del pico comenzaron a salir las letras vaporizadas.<br />
Después descendió lentamente. El Fana se asomaba intentado ver, pero el culo de su amigo que bajaba no le permitía leer.<br />
Una vez en el suelo, tumbaron la escalera y se acomodaron en el pasto.<br />
El Fana sacó del bolsillo de la camisa otro porro, lo encendió y se lo pasó a su amigo.<br />
—Me siento bien, loco —dijo Marianito.<br />
Contemplaban la inscripción iluminada por los autos.<br />
Las letras rojas se desangraban en pequeñas gotas.<br />
—Quedó bueno —reconoció el Fana con voz nasal.<br />
—Te dije, pelotudo —respondió Marianito sonriendo con los ojos rojos clavados en la obra.<br />
Pasaron unos segundos. El Fana preguntó:<br />
—Estás seguro que cajeta se escribe con «G»?<br />
—A mí qué carajo me importa —contestó su amigo.</p>
<br /><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/categories/brevesrelatos.wordpress.com/35/" /> <img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/tags/brevesrelatos.wordpress.com/35/" /> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gocomments/brevesrelatos.wordpress.com/35/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/comments/brevesrelatos.wordpress.com/35/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/godelicious/brevesrelatos.wordpress.com/35/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/delicious/brevesrelatos.wordpress.com/35/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gofacebook/brevesrelatos.wordpress.com/35/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/facebook/brevesrelatos.wordpress.com/35/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gotwitter/brevesrelatos.wordpress.com/35/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/twitter/brevesrelatos.wordpress.com/35/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gostumble/brevesrelatos.wordpress.com/35/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/stumble/brevesrelatos.wordpress.com/35/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/godigg/brevesrelatos.wordpress.com/35/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/digg/brevesrelatos.wordpress.com/35/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/goreddit/brevesrelatos.wordpress.com/35/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/reddit/brevesrelatos.wordpress.com/35/" /></a> <img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=brevesrelatos.wordpress.com&amp;blog=3880545&amp;post=35&amp;subd=brevesrelatos&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></content:encoded>
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		<title>El último bastión de la resistencia</title>
		<link>http://brevesrelatos.wordpress.com/2008/03/19/el-ultimo-bastion-de-la-resistencia/</link>
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		<pubDate>Wed, 19 Mar 2008 03:53:26 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José Playo</dc:creator>
				<category><![CDATA[Breves relatos]]></category>

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		<description><![CDATA[Teníamos un muro y después nada. La ciudad sucumbiría a una invasión de enanos peligrosísimos. Del otro lado de nuestra defensa estaba la pradera encajonada por dos montañas, más atrás la loma y al final el horizonte; la cuna donde dormía el sol enfrentado a nosotros, el lugar donde nacían nuestros pequeños enemigos. —¿Qué te [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=brevesrelatos.wordpress.com&amp;blog=3880545&amp;post=34&amp;subd=brevesrelatos&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Teníamos un muro y después nada.<br />
<span id="more-34"></span><br />
La ciudad sucumbiría a una invasión de enanos peligrosísimos.</p>
<p>Del otro lado de nuestra defensa estaba la pradera encajonada por dos montañas, más atrás la loma y al final el horizonte; la cuna donde dormía el sol enfrentado a nosotros, el lugar donde nacían nuestros pequeños enemigos.</p>
<p>—¿Qué te hacen si te agarran? —quise saber.</p>
<p>El empleado de McDonald’s se volvió para contestarme:</p>
<p>—Te culean.</p>
<p>Esa noche quedábamos un puñado de soldados temerosos y agotados sobre el andamio vetusto, el último bastión de la resistencia para frenar al ejército de los degenerados. Combatientes improvisados, éramos. Fantasmas sin fuerzas para ninguna otra batalla. Lo que quedaba de la ciudad a nuestras espaldas dependía de nosotros, una línea de defensa presidida por un hamburguesero. Los demás lo respetaban porque había demostrado fiereza en los combates cuerpo a cuerpo. El grupo necesitaba un líder, así que no cuestioné sus órdenes ni su mal modo cuando llegué.</p>
<p>Ninguna guerra se ha peleado con bandos tan disparatados: de un lado los enanos infernales, del otro nosotros; jubilados, mujeres, empleados bancarios, recolectores de basura, alumnos repitentes.</p>
<p>El único camino para entrar en la ciudad era trepar la pared y liquidarnos.</p>
<p>Era mi segundo combate desde que abandonara el Centro de Comunicaciones, donde ya no quedaban baterías ni energía para hacer funcionar los teléfonos, donde esperar la muerte detrás de un escritorio no tenía sentido.</p>
<p>A todos, supongo, nos motivaba el mismo impulso, hacer algo digno antes de irnos de este mundo.</p>
<p>Mis compañeros me contaron que la última semana los ataques habían sido de un salvajismo inusual. Ahora los enanos se alineaban en dos filas que golpeaban uno y otro margen del muro. Descendían corriendo desde la colina y chocaban contra las piedras, completamente ciegos y locos.</p>
<p>—Tienen la cabeza durísima —comentaban todos asombrados.</p>
<p>En eso se nos iba la vida: en defender esa pared mientras tuviéramos aliento. No debían pasar. Cuando alguna manito grasienta y sucia asomaba por encima cargábamos sobre ella con palos y con piedras.</p>
<p>El chasquido de las falanges rompiéndose era nuestro himno de guerra.</p>
<p>Y los gritos, claro.</p>
<p>Los alaridos que proferían aquellas criaturitas en la oscuridad hacía que nos cagáramos encima, literalmente.</p>
<p>La mujer a mi lado era bibliotecaria. Estaba sucia y tenía una venda alrededor de la cabeza que le cubría en parte el ojo derecho. En sus manos un enorme alicate para cortar alambres se abría y se cerraba. Estaba orgullosa del poder de su arma, con la que desprendía los deditos como si fueran de plastilina.</p>
<p>—Corto así, ¿ves? —se ufanaba— <i>¡TAC!</i> Y a la mierda los dedos.</p>
<p>En la soledad de la noche el único antídoto para la locura eran nuestras conversaciones banales. Casi todos ellos habían perdido la cuenta de los días que llevaban en combate, matando y muriendo.</p>
<p>Cada noche se repetía la ceremonia: el sol parecía ponerse para que los combatientes de la resistencia regaran el muro con sudor, sangre y lágrimas.</p>
<p>—Es horrible —dijo ella—. Cuando se van lloramos y jadeamos exhaustos. Pero lo más terrible es verlos trepar la colina, desnudarse y mostrarnos sus genitales atrofiados, sus erecciones aberrantes.</p>
<p>—Seres viles —apunté.</p>
<p>—Yo estoy asqueada. Cada noche bajo por la escalera de emergencia y me cambio la ropa, porque me orino encima sin darme cuenta.</p>
<p>Los dedos machucados, las uñas quebradas, la cordura comprometida. Eso dejaban las batallas, un montón de manos agarrotadas y los nervios destrozados.</p>
<p>Una vez en el piso, lejos del muro, había que dejar los palos y las piedras sobre una mesa de armas, donde las moscas enloquecían lamiendo los restos de cuero cabelludo y carne macerada. El espectáculo era escalofriante.</p>
<p>La primera vez que subí, unos días atrás, era de madrugada. Me paralizó el miedo cuando alcancé a comprender la magnitud del mal que nos acechaba.</p>
<p>Sin embargo esta noche sería distinta. Lo presentíamos todos, y el bramido de los cuernos en el horizonte nos lo confirmó.</p>
<p>—Dios mío —dijo la bibliotecaria.</p>
<p>Una horda de cuerpitos desnudos se movilizaba hacia el muro. Jamás en mi vida había visto tantos enanos juntos. Se detuvieron en el corazón del valle, gruñiendo en un coro maléfico y desafiante.</p>
<p>—Prepárense —advirtió una voz anónima en la oscuridad.</p>
<p>Sopesé la piedra que tenía en la mano y acaricié el machete que llevaba en la cintura.</p>
<p>—Hijos de puta —murmuró un jubilado.</p>
<p>Entonces empezaron a correr.</p>
<p>En la noche sus cuerpos unidos parecían la cresta de una ola demencial próxima a romper contra nosotros. Los vimos llegar hasta la base de la pared, donde golpearon con sus cabecitas todos a la vez. El sacudón hizo temblar nuestro andamio y muchos de los nuestros cayeron al vacío, entre ellos, el jubilado.</p>
<p>—¡Tiráles, pibe! —me gritó alguien.</p>
<p>Todavía me dolía el hombro que casi me había dislocado en el combate anterior, pero igual arrojé una a una las piedras que tenía al costado en una cesta.</p>
<p>Abajo se escuchaban los quejidos cuando los proyectiles reventaban contra sus cabezas.</p>
<p>La procesión de abominables arremetió por segunda vez. El cabezazo colectivo sembró una fisura que se extendió a lo largo de toda la pared. El miedo hizo que algunos intentaron abandonar sus puestos, pero el chico de McDonald’s los instó a resistir:</p>
<p>—¡Si se bajan, no van a encontrar dónde esconderse! ¡TENEMOS QUE PELEAR!</p>
<p>Aproveché la confusión para llegar a su lado. Miles de manitos nacían del borde, y por cada una de ellas que rompíamos, dos aparecían en su lugar.</p>
<p>El andamio crujía bajo nuestros pies, los cabezazos sonaban como truenos en la noche. Recortados por la luna, veíamos algunos enanos que ya habían subido y blandían sus penes enormes hacia nosotros.</p>
<p>La batalla estaba próxima a terminar, podía verlo en los ojos de mis compañeros. Con el muro partiéndose y el andamio desmoronándose, era cuestión de minutos.</p>
<p>—¡AGUANTEN, MIERDA!</p>
<p>Pude ver a la bibliotecaria empecinada en cercenar un anular con su alicate, mientras dos pequeñines le mordían las pantorrillas y la cadera.</p>
<p>Una cantidad industrial de enanos que trepaban hasta nosotros nos desbordaba.</p>
<p>Me dirigí hacia nuestro líder:</p>
<p>—Tenemos que salir de acá.</p>
<p>Se quedó mirándome unos segundos, aturdido, sabiendo cercano su fin.</p>
<p>—Mierda —reflexionó—. Jamás me pusieron en el cuadrito del empleado del mes.</p>
<p>Fue lo último que dijo antes de que un grupito de brazos se lo llevara hacia el vacío. Cayó mirándome con el rostro embargado por la confusión y su cuerpo se perdió en la oscuridad.</p>
<p>Por todos lados surgían estas anomalías para treparse sobre la gente.</p>
<p>Me volví hacia la escalera de emergencia y descendí sin mirar atrás. Por el ruido y los gritos, supe que el andamio se había ido al piso.</p>
<p>Corrí lo más rápido que pude adentrándome en la ciudad, donde, sospechaba, sólo quedaba un lugar para refugiarse.</p>
<p>Hacia allá me dirigí, con miles de piecitos trotando detrás.</p>
<br /><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/categories/brevesrelatos.wordpress.com/34/" /> <img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/tags/brevesrelatos.wordpress.com/34/" /> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gocomments/brevesrelatos.wordpress.com/34/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/comments/brevesrelatos.wordpress.com/34/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/godelicious/brevesrelatos.wordpress.com/34/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/delicious/brevesrelatos.wordpress.com/34/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gofacebook/brevesrelatos.wordpress.com/34/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/facebook/brevesrelatos.wordpress.com/34/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gotwitter/brevesrelatos.wordpress.com/34/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/twitter/brevesrelatos.wordpress.com/34/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gostumble/brevesrelatos.wordpress.com/34/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/stumble/brevesrelatos.wordpress.com/34/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/godigg/brevesrelatos.wordpress.com/34/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/digg/brevesrelatos.wordpress.com/34/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/goreddit/brevesrelatos.wordpress.com/34/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/reddit/brevesrelatos.wordpress.com/34/" /></a> <img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=brevesrelatos.wordpress.com&amp;blog=3880545&amp;post=34&amp;subd=brevesrelatos&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></content:encoded>
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			<media:title type="html">José Playo</media:title>
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	</item>
		<item>
		<title>La extinción de los hombres de letras</title>
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		<pubDate>Thu, 13 Mar 2008 04:06:22 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José Playo</dc:creator>
				<category><![CDATA[Breves relatos]]></category>

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		<description><![CDATA[Todos los buenos escritores estaban muertos, se habían vuelto locos o se dedicaban al periodismo. Yo necesitaba discreción, alguien que no preguntara, que pudiera hacer el trabajo, terminarlo y desaparecer. Puse un aviso en el diario: «Busco escritor para importante tarea». Al día siguiente me senté a esperar en la habitación del hotel que había [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=brevesrelatos.wordpress.com&amp;blog=3880545&amp;post=33&amp;subd=brevesrelatos&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Todos los buenos escritores estaban muertos, se habían vuelto locos o se dedicaban al periodismo.<br />
Yo necesitaba discreción, alguien que no preguntara, que pudiera hacer el trabajo, terminarlo y desaparecer.<br />
Puse un aviso en el diario:</p>
<p align="center">«Busco escritor para importante tarea».</p>
<p><span id="more-33"></span><br />
Al día siguiente me senté a esperar en la habitación del hotel que había elegido.<br />
Es el lugar apropiado para las citas. Una vieja construcción que resiste el paso del tiempo, enclavada en un área céntrica y ensombrecida por la infinidad de edificios que se han levantado a su alrededor. En épocas anteriores, imagino, cuando los alojamientos escaseaban en la zona, debió tener sus días de esplendor, ahora el progreso le ha pasado por arriba y de todo su glamour sólo queda una fachada lúgubre con balcones señoriales que abrazan con robustez a los ventanales de altos postigos de madera.<br />
Una máscara grotesca de cemento que llora lágrimas de suciedad.<br />
La recepción es pequeña, con un mostrador derruido sobre el que descansa un cuaderno antiguo de anotaciones abierto siempre en la misma página. Detrás de la silla hay un armario sin puertas del que penden algunas llaves y el encargado jamás se molesta en mirar o preguntar. Las escaleras que conducen a las habitaciones están cubiertas por una alfombra vieja y raída, todo el trayecto está franqueado por lámparas muy débiles que bañan las paredes con una luz amarillenta y espantosa.<br />
La puerta de la habitación es grande, con una antigua cerradura que parece la cara de un león y los goznes herrumbrados rechinan cuando se abre.<br />
Es un ruido horrible.<br />
Adentro, en una habitación amplia, sentado junto a una imponente cama de gruesos barrotes de bronce, estoy yo sentado tomando las entrevistas.  El colchón donde apoyo mis papeles está curvado casi en su totalidad por un peso invisible.</p>
<p>El primero en golpear la puerta esta vez fue un linyera.<br />
Lo hice pasar y le indiqué la silla frente a la máquina de escribir sobre el escritorio.<br />
—Puedo darle mis referencias —me dijo.<br />
—Preferiría que empecemos a tipear.<br />
Era un desastre. Usaba los índices y aporreaba el carro con torpeza cada dos palabras. En varias oportunidades los dedos cayeron a la vez y las paletas se entreveraron formando una huesuda mano metálica en el corazón de la máquina.<br />
Después de cada error, se quejaba con un chistido.<br />
—Déjelo.<br />
—Pero yo puedo…<br />
—Usted no ha tocado una máquina de escribir en toda su puta vida.<br />
Todavía no se había disipado el olor rancio del sudor del primer candidato cuando golpearon nuevamente la puerta.<br />
—Adelante —dije.<br />
Entró una gorda. Tenía la cara recubierta por una espesa capa de maquillaje, los párpados delineados con violencia, los ojos pequeños girando nerviosos hacia todas partes. Llevaba una camisa muy ajustada, con los botones tirantes por encima de las tetas más grandes que había visto en mi vida.<br />
Le indiqué la silla, que crujió cuando se dejó caer en ella.<br />
—Escriba lo que le dicto, por favor.<br />
No alcancé a decir la primera palabra cuando ella giró para enfrentarme. Separó las piernas y me dijo:<br />
—Si me da el trabajo le muestro una teta.<br />
—No. No va a hacer falta.<br />
—Si me da el trabajo le muestro las dos tetas y me subo la falda.<br />
—Señorita, yo…<br />
—Si me da el trabajo lo dejo tocarme… donde quiera.<br />
—Mire, la idea es que…<br />
—¿Quiere que se la chupe?<br />
Tuve que tomarle los datos y prometerle que la llamaría al día siguiente para que se fuera. Antes de regresar a la cama cerré con llave la puerta.</p>
<p>Los tres candidatos restantes eran muy jóvenes: un punk con una cresta en la cabeza; un muchacho vestido de mozo que dejó sobre la mesa de luz su bandeja; un niño que no paraba de masticar chicles y en ningún momento se quitó los auriculares de las orejas.<br />
La juventud estaba podrida y no valía dos centavos. Nosotros, los más viejos, nos habíamos encargado de empequeñecerles la cabeza enfrentándolos con Güiraldes, Borges, Echeverría y Cervantes en los colegios. Nos habíamos encargado de aburrirlos hasta la muerte, endilgándoles falta de interés y de talento, empujándolos a los brazos de la paja frente a las computadoras, los babeos oligofrénicos sobre las consolas de los juegos, los tropezones con las patinetas.<br />
Ninguno de ellos llegaría jamás a la <a href="http://tomashotel.wordpress.com/2008/03/07/esos-chicos-de-la-tapa/" target="_blank">portada de ninguna revista</a>, jamás nos contestarían con otra cosa que un bostezo y toda la culpa era nuestra.<br />
Ya no quedaba ninguno con pasta para ser escritor, por eso me asombré cuando golpearon la puerta por última vez esa tarde y entró el muchachito.<br />
Tenía una cicatriz importante sobre el labio, donde el bigote se le partía en una “s” de curvas suaves. El resto de la barba le crecía por motas irregulares poblándole en parte las mejillas. Usaba antejos pequeños de cristales redondos, tenía un aire ligeramente intelectual.</p>
<p>—Yo soy el indicado para este trabajo —fue lo primero que dijo.<br />
—Ya veremos. Lo que necesito es que usted escriba&#8230;<br />
—Lo que sea. Puedo escribir lo que sea  —interrumpió—. Tengo muchas ideas, pero me falta método, carezco de rigor. Necesito aprender, pero entiendo que sólo puede hacerse escribiendo. Tal vez usted pueda recomendarme cosas.<br />
—Si hay algo que hago mal  —dije, armándome de paciencia—, es recomendar cosas. Una vez le recomendé a un amigo que levantara la mano en un campamento en el que pedían voluntarios y se pasó cuatro días juntando leña. Además, en el acto de recomendar anida siempre el germen de la soberbia, y&#8230;<br />
—Usted no entiende, la gente no tiene cuidado, en especial con los libros; hay cada pelotudo por ahí recomendando cosas que a uno le dan ganas de agarrarse un huevo con cada mano y hacerse una trenza.<br />
—Lo entiendo —dije conmovido.<br />
El muchacho ya me había convencido, pero no me animaba a demostrárselo hasta no estar seguro de su talento. Tuve que hacer un esfuerzo para no demostrar mi ansiedad ante aquel coloquio que parecía estar poniéndole vida a mis conjeturas acerca de la pasividad, de la falta de interés.<br />
Escucharlo era como leer mis pensamientos.<br />
—Nadie recuerda ya que recomendar, en cierta forma, es orientar. Y lo que debería hacer la gente que recomienda es construir positivamente, no aplastarnos  —concluyó cabizbajo.<br />
—Los buenos profesores hacen eso  —aventuré.<br />
—El colegio sólo me sirvió para enemistarme con los libros  —retomó con vehemencia—. Toda la curiosidad que me habían despertado las bibliotecas se esfumó frente a una pizarra dividida en dos por una mujer que me explicaba que leer historietas y cuentos de terror era atentar contra la <i>buena</i> literatura. Esa vieja circunspecta, a la que sólo le faltaba el tic de enrular con los dedos la punta del bigote cuando hablaba, me requetecagó a golpes en la cabeza con libros que se convirtieron, de buenas a primeras, en mis enemigos. Cada mañana camino a su clase tenía la sensación de que iba a una batalla.<br />
—Lamento escuchar que el colegio haya sido eso para usted —me sinceré.<br />
—Ni se imagina —retomó, ya sin mirarme, con los ojos fijos en el papel en blanco atrapado en la máquina—. Fue una época en la que yo arrastraba el cuerpo agónico de mi lector interior por la Biblioteca Circulante de la calle Deán Funes, pidiendo de rodillas que me dieran “libros fáciles” para alimentarlo y curarlo. Mi lector interior estaba herido de muerte —dijo negando lentamente con la cabeza—; la carne hincada por sablazos que inoculaban el veneno del desinterés y de lo inalcanzable. Si aquello que la mujer me presentaba como “buena literatura” era la única opción  —dijo levantando el índice de la mano derecha—, yo, con mis deseos de escribir historias simples, estaba en el horno.<br />
—Eso es lo contrario de lo que yo llamaría un buen profesor —reflexioné en voz alta con la vista comprometida por las lágrimas.<br />
—No lo supe entonces, pero esa mujer hizo que yo deseara con todas mis fuerzas hacer de mi vida cualquier cosa que no fuera escribir ni leer. Después de varios turnos de exámenes en los que recaía rompiéndome las narices, ella ganó con su pizarra, su métrica, su estética de las letras, sus modos puntillosos; y yo me juré que no volvería a tocar un libro mientras viviera.<br />
—Este trabajo sería ideal para usted, entonces  —dije conteniendo el entusiasmo.<br />
Mi declaración espontánea le devolvió la sonrisa y yo empecé a sentirme realmente bien por primera vez en meses.<br />
—¿Tendremos tiempo de leer?  —quiso saber.<br />
—Mucho tiempo, pero primero debemos escribir para generar ideas y darles forma.<br />
—Tengo muchas ideas para estructurar novelas, si a eso se refiere.<br />
Sonreí. ¿Qué hace que un libro sea bueno o malo? Más allá de las convenciones, me pregunto: ¿que esté bien escrito, responda a un movimiento y se valga de ciertas herramientas y recursos? ¿Que cumpla con disposiciones formales que lo encuadran en un género? Yo, como tantos otros en la historia de la literatura, buscaba producir libros distintos, apostaba por utopías salvajes.<br />
—Voy a darle libros para que lea  —aseguré—, pero pretendo que con ellos usted reviva lo que a mí me impactó de esos textos. Quiero que se envenene, o se excite, o se exalte, o se escandalice  —enumeré con los dedos de la mano—; quiero que se infecte, para bien o para mal, con lo que esconde cualquier texto.<br />
Un brillo ambicioso refulgía en su mirada.<br />
—¿Usted cree que yo puedo ser un buen escritor? —indagó.<br />
—No lo sé. Yo sólo sueño con que la gente se contagie, se dé contra las paredes y acabe lamiendo los ladrillos en busca de otros libros, sólo así podemos salvar a la literatura. Las buenas ideas nos esperan siempre, pero mudan de escondite cada vez más seguido y hay que rastrearlas.<br />
—Entonces sí tengo esperanzas  —dijo intentando esconder en una afirmación su pregunta.<br />
—Lo esperan muchos libros  —dije—, algunos de ellos le guiñarán los ojos buscando su complicidad, otros le ofrecerán historias que sin mediar palabra se pondrán en pelotas y le presentarán putas, le convidarán tabaco y le musicalizarán las fiestas  —aseguré.<br />
Su cara se arrebató con el tono cálido de la vergüenza y nos quedamos en silencio, a solas cada uno con sus cavilaciones.<br />
Un grito lejano y amortiguado que llegó desde alguna otra habitación nos hizo reaccionar.<br />
Me puse de pie y le dije:<br />
—Empezamos ahora mismo, si le parece.<br />
Una sonrisa cargada de ilusiones destelló en su rostro. Nacía desde sus dientes amarillentos, pero también desde su corazón quebrado, que a la luz de mis dictados comenzaría a sanarse.<br />
—Lo primero que quiero que escriba es: PREMIO CLARÍN DE NOVELA, EDICIÓN 2008.<br />
El muchacho se enfrentó a la hoja y empezó a tipear.<br />
—Este ejercicio me servirá a mí para pasar al papel mi novela; y a usted para aportar ideas que enriquezcan la historia  —expliqué.<br />
Escribió la primera línea en mayúsculas, corrió el carro hacia la punta un par de veces, se acomodó los anteojos y suspendió los dedos sobre las teclas, atento a mi voz.<br />
Con suerte el libro estaría listo en un par de semanas y así nacería una nueva oportunidad.<br />
Lo importante era que su inteligencia y su constancia me dieran lo que no tenía: un libro de verdad.<br />
Ya casi no quedaban buenos escritores, a todos les había silenciado las manos en esta misma habitación y ahora frente a mí trabajaba uno de los últimos candidatos con el talento y las inquietudes necesarias para reavivar el fuego de las letras.</p>
<br /><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/categories/brevesrelatos.wordpress.com/33/" /> <img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/tags/brevesrelatos.wordpress.com/33/" /> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gocomments/brevesrelatos.wordpress.com/33/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/comments/brevesrelatos.wordpress.com/33/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/godelicious/brevesrelatos.wordpress.com/33/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/delicious/brevesrelatos.wordpress.com/33/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gofacebook/brevesrelatos.wordpress.com/33/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/facebook/brevesrelatos.wordpress.com/33/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gotwitter/brevesrelatos.wordpress.com/33/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/twitter/brevesrelatos.wordpress.com/33/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gostumble/brevesrelatos.wordpress.com/33/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/stumble/brevesrelatos.wordpress.com/33/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/godigg/brevesrelatos.wordpress.com/33/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/digg/brevesrelatos.wordpress.com/33/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/goreddit/brevesrelatos.wordpress.com/33/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/reddit/brevesrelatos.wordpress.com/33/" /></a> <img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=brevesrelatos.wordpress.com&amp;blog=3880545&amp;post=33&amp;subd=brevesrelatos&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></content:encoded>
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		<title>Parachutes</title>
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		<pubDate>Mon, 03 Mar 2008 12:25:14 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José Playo</dc:creator>
				<category><![CDATA[Breves relatos]]></category>

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		<description><![CDATA[Omar, el instructor, fue el último en saltar. Del otro lado del marco curvo de la puerta estaba el cielo con las nubes rastrilladas por un aire embravecido. —¡Jerónimoooo! —gritó. Veinte habían salido de la nave. Una vez que el pie se hundía en el vacío, los cuerpos se precipitaban de un sacudón hacia fuera, [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=brevesrelatos.wordpress.com&amp;blog=3880545&amp;post=32&amp;subd=brevesrelatos&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Omar, el instructor, fue el último en saltar. Del otro lado del marco curvo de la puerta estaba el cielo con las nubes rastrilladas por un aire embravecido.<br />
<span id="more-32"></span> —¡Jerónimoooo! —gritó.<br />
Veinte habían salido de la nave. Una vez que el pie se hundía en el vacío, los cuerpos se precipitaban de un sacudón hacia fuera, donde la ley de la gravedad se comía uno a uno los trajes de colores, escupiéndolos después sobre la inmensidad de la geografía cuadriculada.<br />
Bastó una seña para que los integrantes del grupo pegaron los brazos al cuerpo y se dirigieron hacia el centro, donde tenían planeado formar La Estrella Humana.<br />
—Saltar desde esta altura —arengó Omar con las mejillas flameando— hace que recordemos que somos pequeños, hace que comprendamos la profundidad del horizonte, desenfocado como una aureola interminable —dijo, y señaló un punto lejano en el que los demás repararon embelezados.<br />
Había pasión en su mirada, pero Omar evitaba sonreír; abrir demasiado la boca a esa altura, lo sabía, acarreaba el riesgo de una sorpresiva voladura de los plomos de las muelas. Sólo la práctica constante y los años permiten atesorar las mañas que salvan a la gente.<br />
Se volvió cuando uno de los muchachos de la formación le tocó el hombro:<br />
—Omar, soy Luis, no sé si te acordás…<br />
—Qué hacés, Luisito; claro que me acuerdo —respondió palmeando el hombro del novato.<br />
—Mirá —comentó Luis—, yo no soy muy poético, pero quería decirte que, como este es mi primer salto grupal, tengo la sensación de que el mapamundi nos está chupando la pija, no sé si me explico…<br />
Omar aferró uno de los brazos de Luis con firmeza.<br />
—Está bien, te entiendo y acepto que lo compares con algo tan banal. Disfrutalo mucho, la primera experiencia es la mejor y la intensidad no se repite jamás en los saltos posteriores.<br />
Omar sabía que a veces el esplendor de la altura hacía que la gente se aturdiera y hablara pavadas. A él mismo le había ocurrido la primera vez, no paró de llorar hasta que tocó tierra, emocionado, vaya uno a saber por qué, con el recuerdo de los pastelitos con dulce de batata que le hacía su madre en una niñez lejana.<br />
Observó el mundo debajo de sus pies e hizo señas al grupo para que se juntaran. Era hora de repetir las instrucciones.<br />
—Como ya saben, vamos a formar La Estrella Humana —anunció—. Para eso quiero que recuerden que acá arriba somos todos parte de una cosa mucho mayor, y que necesitamos de la confianza, la coordinación el…<br />
Luis, que seguía a su lado, volvió a tocarle el hombro.<br />
—Estoy hablando —explicó, paciente, Omar.<br />
—Ya sé, ya sé; sólo quería decirte que te admiro mucho, como instructor, digo. Tenés los huevos muy bien puestos.<br />
Omar sonrió sin abrir la boca y asintió. Volvió a dirigirse al grupo:<br />
—Primero quiero que nos ubiquemos…<br />
—Y lo de tener los huevos bien puestos —interrumpió otra vez Luis—, no lo digo sólo por animarte a dar estos saltos…<br />
Omar se volvió y le habló con calma:<br />
—Luis, entiendo que estés sintiendo muchas cosas, pero estamos con el tiempo jugado, si no armamos La Estrella Humana ahora —explicó—, el salto habrá sido en vano, y&#8230;<br />
—Mi mujer se llama Clara —dijo Luis.<br />
Omar lo miró en silencio. El viento se embolsaba debajo de sus sobacos, haciendo que sus hombros se levantaran en un involuntario gesto de indiferencia.<br />
—¿Clara?<br />
—Sí. Clara. Y me confesó todo.<br />
Los dos hombres permanecían ahora enfrentados cara a cara bajo la mirada atenta del grupo. Enfrascados en la conversación, se habían alejado algunos metros.  Los demás no podían escuchar el diálogo desde donde estaban, pero, a pesar de que el viento rebotando en las ropas apagaba las voces, intuían que algo había sucedido, ya que Omar había empezado a gesticular y a hacer ademanes, juntando las manos delante de su pecho, como si estuviera rezando.<br />
—Perdonáme, macho —dijo Omar—. No sé qué decirte, yo no sabía que Clara…<br />
Luis lo escuchaba paciente, pero negando mecánicamente con los ojos cerrados. Su cabeza iba y venía de un lado a otro, mientras las aletas de su nariz se sacudían enloquecidas.<br />
—Yo no hice tu curso de Estrella Humana de mierda para encararte. No voy a ser tan pelotudo de venir a hacer un escándalo a esta altura para que me pidas perdón —volvió a interrumpir Luis con un tono siniestro—. A ver si sos inteligente, ¿qué creés que hago yo hablando con el tipo que se acuesta con mi mujer a semejante altura? ¿Ah? ¿Qué creés que hace un tipo despechado que se toma el trabajo de hacer tu curso del orto y bancarse tus lecciones estúpidas todo este tiempo?<br />
Omar sintió que el terror le trepaba por las piernas. Era un cosquilleo que iba más allá de la sensación opresiva del traje pegándose en la piel, era la caricia del miedo colándose por los poros, desestabilizándolo, resquebrajando su entereza.<br />
Volvió la cabeza. Había un montón de pares de anteojos de sol mirándolos, ¿sabrían de qué estaban hablando? ¿Sabrían lo que Luis acababa de decirle?<br />
Pensó en la mochila. Pensó en los sistemas de seguridad. Pensó en las posibilidades de que Luis metiera una tijera o desatara algunos nudos cuando todavía estaban en tierra&#8230;<br />
Miró hacia abajo.<br />
Una de las ilusiones más comunes entre los que saltan desde estas alturas es que en realidad no se está cayendo. Cosas que hace el paisaje, la falacia óptica de estar en suspenso de manera permanente.<br />
No habría Estrella Humana esa tarde. Y Omar flotaría un rato más antes de llegar al suelo.<br />
<span style="color:#ffffff;"> .<br />
.<br />
.</span><br />
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		<title>Una de la mañana</title>
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		<pubDate>Mon, 03 Mar 2008 12:24:14 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José Playo</dc:creator>
				<category><![CDATA[Breves relatos]]></category>

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		<description><![CDATA[—¡No sea pelotudo! ¡Abra la puerta! Y Pepo lo pensó una vez más. —No —dijo sin remordimientos. Era la una de la mañana y lo único que separaba su intimidad del resto del mundo era esa puerta. No pensaba abrirla. —Ya le dije, tuve un accidente en la ruta, necesito pasar, ¡tengo una persona herida [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=brevesrelatos.wordpress.com&amp;blog=3880545&amp;post=31&amp;subd=brevesrelatos&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>—¡No sea pelotudo! ¡Abra la puerta!<br />
Y Pepo lo pensó una vez más.<br />
—No —dijo sin remordimientos.<br />
<span id="more-31"></span> Era la una de la mañana y lo único que separaba su intimidad del resto del mundo era esa puerta. No pensaba abrirla.<br />
—Ya le dije, tuve un accidente en la ruta, necesito pasar, ¡tengo una persona herida esperando ayuda!<br />
Pepo, con los puños apoyados sobre la madera y el ojo puesto en el mirador, volvió a negar:<br />
—Entendéme, flaco; no te puedo abrir, estamos en el medio del campo, ¿cómo te voy a abrir la puerta? ¿Y si me querés robar?<br />
—Lo entiendo. Es más, creo que en su lugar, tampoco abriría. Pero créame que esto es en serio, mi mujer quedó en la ruta, necesito usar un teléfono. Yo… —dudó la voz—… Yo la amo.<br />
La última frase quedó flotando en el comienzo de ¿un sollozo? No importaba. Pepo nunca había amado a nadie, y aunque este sentimiento que aporreaba la puerta pudiera ser auténtico, estaban a varios cientos de metros de la ruta. Y él estaba solo, todavía agitado por el susto que le diera tan brusco despertar. No. No iba a abrir. Le prestaron la casa para que pasara unos días, no se podía arriesgar.<br />
—¿Por qué no vas a la casa que está del otro lado de la ruta? —sugirió.<br />
—Es que ya fui. No hay nadie —dijo el hombre—. No sé qué más hacer, esta ruta es muy poco transitada y el auto quedó campo adentro. Mi mujer está a los gritos y…<br />
—Acá no hay líneas telefónicas, y los celulares tienen mala señal —se excusó Pepo.<br />
—¿Tiene un celular? —inquirió el hombre con desesperación—. ¡Por favor, llame a la policía!<br />
Pepo dudó otra vez. Nada de esto le cerraba. ¿Cómo iba a abrirle a un desconocido en el medio del campo a la una de la mañana?<br />
—Si esto fuera una película —explicó Pepo—, todos los espectadores estarían haciendo fuerza para que yo no dé vuelta la llave.<br />
El hombre del otro lado resopló.<br />
Se escuchaban los grillos. Era una noche fresca de agosto.<br />
Pepo aprovechó para repasar mentalmente las aberturas de la casa: todas estaban cerradas. Mientras no abriera la puerta, no tendría problemas.<br />
—Por lo menos encienda la luz —rogó el hombre.<br />
Pepo estiró la mano y accionó el interruptor. En la mirilla apareció una cara redonda con un bigote abultado. Tuvo que contener la risa, la nariz ocupaba un primer plano muy gracioso. “Pobre pelado”, pensó.<br />
—Mire, señor…<br />
—Pepo.<br />
—Mire señor Pepo —retomó el hombre—, no le voy a negar que esta es una situación anormal, pero tiene que entender, las desgracias ocurren de una manera en que los hombres no las podemos anticipar. Está en nosotros sortear los obstáculos del destino con la ayuda de…<br />
—Bueno, bueno —interrumpió Pepo, molesto—. Ya te entendí. Tuviste mala suerte, te saliste en una curva, te metiste en medio de un campo y ahí quedó tu mujer atrapada en el auto.<br />
—Sí —dijo el hombre entre sollozos.<br />
—Ahora entendeme vos a mí: es la una de la mañana, estoy solo en una casa prestada en medio del campo. Me despiertan los golpes en la puerta y me encuentro con un pelotudo que me pide entrar, como si fuera lo más normal del mundo.<br />
—Lamento muchísimo haberlo asustado —se excusó el de bigotes.<br />
—Ningún “lamento muchísimo” —remedó Pepo—, lamento las pelotas; yo a esta puerta no la abro y asunto terminado.<br />
—Por favor —rogó la voz desde afuera—. Se lo suplico, tengo plata, mucha plata, si quiere le puedo pagar…<br />
Pepo pensó. ¿Cuánto era mucha plata? Esta puerta separaba a dos hombres igual de desesperados, sólo que por motivos distintos. El de Pepo, efectivamente, era la falta de dinero. Y se había metido en muchos problemas por ello. Pasar la noche acá, en este lugar, era una consecuencia directa de ello. “Podés aguantar en la casa de campo”, le había dicho Marito. Y no lo dudó: nadie encontraría al ladrón de Pepo acá.<br />
Pero ahora estaba este tipo golpeándole la puerta, pidiendo que llamara a la policía. ¡A la policía!<br />
No. Ni en pedo. Había que buscar una forma de arreglar todo sin meterse en problemas de índole judicial.<br />
—Hagamos una cosa —sugirió—. Usted se da media vuelta y se manda a mudar, y yo vuelvo a la cama y me olvido de todo.<br />
—Por lo que más quiera, Pepo —rogó el hombre—. Se lo suplico, por favor. Si alguna vez estuvo enamorado, sabrá de qué le hablo, un hombre es capaz de cualquier cosa por la persona que ama. Cualquier cosa.<br />
La última frase incomodó a Pepo. Tal vez fuera cierto. Él lo sabía, la desesperación hace que los hombres metan la pata. Tal vez este tipo decidiera que la única solución era voltear la puerta, y entonces el problema sería mucho mayor.<br />
Por si acaso, Pepo deslizó la mano por su cintura y palpó el arma. Un buen revólver. Seguramente un balazo bastaría para traspasar la madera y sentar de culo al desesperado en la galería, haciéndolo callar.<br />
—No me vengas a joder —dijo Pepo—. No me gusta que me amenacen.<br />
—No me malinterprete —se disculpó el extraño—, no es mi intención importunarlo con…<br />
—¡Basta! —soltó Pepo tajante—. Me está empezando a dar por el medio de los huevos oírte hablar. Si querés saber la verdad, me importa tres carajos que tu mujer se muera como un perro, y me importa tres carajos si vos tenés o no tenés plata. Hay una cosa en claro acá, yo tengo un arma —golpeó el caño del revólver en la puerta para enfatizar—, y te voy a meter un tiro en la cabeza si no desaparecés ya.<br />
—¿Un arma? —preguntó el hombre, más interesado que preocupado—. ¿Usted tiene sólo un arma para defenderse ante cualquier eventualidad en medio de este lugar? —observó.<br />
—Es un revólver que trabaja como un cañón. Si querés hago la prueba para que veas, te meto un tiro a través de la puerta y, como mínimo, te saco un brazo de cuajo, viejo, así que no me jodás —respondió Pepo.<br />
El hombre guardó silencio un instante, después dijo:<br />
—Está bien. Usted gana. Me voy.<br />
—Eso, eso —aprobó Pepo—. A llevarse los quilombos a otro lado, vamos.<br />
—Una última cosa —apuntó el extraño—: espero que nunca en la vida le toque pasar por algo similar.<br />
—Andá a cagar a los yuyos —sentenció Pepo, y observó por la mirilla cómo el hombre se alejaba de la galería, metiéndose en la noche.<br />
Pepo sonrió y apagó la luz. Volvió a poner el arma en su cintura y le dedicó una mirada a la valija que había sobre la mesa.<br />
—Esto es mucha plata —le dijo al vacío de la casa.<br />
Afuera, el hombre de bigotes se dirigió a su socio:<br />
—Está solo y tiene un revólver.<br />
—Entremos, entonces —contestó el secuaz.</p>
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		<title>Sexo, drogas y mostrador</title>
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		<pubDate>Sat, 26 Jan 2008 12:32:19 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José Playo</dc:creator>
				<category><![CDATA[Breves relatos]]></category>

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		<description><![CDATA[A comienzos de 2001 colgué el micrófono antes de terminar el recital, pegué media vuelta y me mandé a mudar. Entonces yo no sabía que una acción tan poco estudiada implicaría semejante giro en mi vida. De haberlo previsto, tal vez hoy no estaría limpiando este mostrador y mi mano no olería a pescado muerto [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=brevesrelatos.wordpress.com&amp;blog=3880545&amp;post=30&amp;subd=brevesrelatos&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>A comienzos de 2001 colgué el micrófono antes de terminar el recital, pegué media vuelta y me mandé a mudar.<br />
<span id="more-30"></span> Entonces yo no sabía que una acción tan poco estudiada implicaría semejante giro en mi vida. De haberlo previsto, tal vez hoy no estaría limpiando este mostrador y mi mano no olería a pescado muerto en el culo de un linyera. Tal vez, en lugar de deslomarme en un bar con quiosco, hoy estaría, no sé, empalando adolescentes en hoteles cinco estrellas, o metiéndome polvillos mágicos en la nariz junto a narices más famosas que la mía. ¿Compartiendo mesa y cartel con los excéntricos personajes del jet-set internacional? Quién te dice.<br />
Pero yo elegí lo que elegí, entonces me hago cargo y punto.<br />
—Marlboro común.<br />
—Tres con setenta.<br />
Lo hecho, hecho está, yo soy un hombre de principios, así que jamás regaré con mis penas las mesas que trapeo, ni limpiaré los baños con el mismo pañuelo con el que me soplo los mocos de la angustia: una cosa es una cosa y otra cosa es otra cosa, así son los sentimientos, los ideales, lo que nos hace humanos.<br />
—Está frío el café, pibe.<br />
—Enseguida se lo cambio, caballero.<br />
Y eso que el Cuco me pidió de rodillas que me quedara. Lloró como los chicos cuando le dije que abandonaba. Es cierto que estaba chupado, pero yo sentía sus emociones bastante genuinas. Y pruebas de ello no me faltaron, porque mientras recogía mis cosas y las embutía en la mochila, él no paraba de hablarme del contrato, de la inminente grabación del disco, hasta que se hartó y me requetecagó a trompadas por necio.<br />
—¿Tienen cospeles?<br />
—No, cospeles no vendo.<br />
Tal vez el Cuco tenía razón y con la banda hubiéramos terminado en festivales internacionales, o presentándonos como número central en cadenas televisivas norteamericanas. “Grupo revelación, grupo revelación”, repetía el Cuco. Decía que con ese mote nos darían el pasaporte a la fama, pero a mí la idea del éxito, las mujeres fáciles, el mundo entero en la palma de la mano, lejos de embriagarme, me sonaba a insulsa libertad y me hastiaba.<br />
—¿Vos sos el dueño de esta pocilga? Hay una cucaracha allá.<br />
—No, señora, yo soy el empleado.<br />
Un hombre necesita incertidumbres, pesares, esfuerzos. Nada de eso me lo iba a dar la banda. La vida es otra cosa, la vida es salir a la calle, pisar un sorete, arreglárselas a los codazos para conseguir lugar en el bondi, recaer cíclicamente en un trabajo de doce horas. La vida no es la que me proponía el Cuco, una sucesión de excesos y alegrías desmedidas; la vida no es el facilismo mercantilista, ni las piernas kilométricas de una adolescente embobada con la figura del rockstar. La vida, te lo digo yo, no es el lapso de tiempo entre una fellatio y otra.<br />
—¿Forros vendés?<br />
—Me quedan los texturados. Con espermicida.<br />
Escribir, todavía escribo. Pero ya no hago canciones, porque me da como un principio de tristeza y no me lo puedo permitir. Yo sé adónde me lleva la tristeza. Al teléfono público de la pared, me lleva. A poner la moneda y llamarlo al Cuco y decirle que volvamos a juntarnos, me lleva. Por eso a la tristeza hay que ahuyentarla como a los inspectores municipales. La tristeza es un perro cebado que no se cansa nunca de arañarte la puerta.<br />
—¿El diario de hoy?<br />
—Ahí se lo alcanzo.<br />
A veces las horas pasan lentas. Y no te voy a negar que cuando escucho por la radio a un grupo nuevo que pega un <em>hit</em> me tengo que tapar los oídos con las servilletas, porque siento que se me abre una grieta desde acá hasta acá, y se me hace un nudo en la garganta que para qué te voy a contar. La vida es lo que te pasa por delante de las narices mientras vos estás ocupado poniéndote triste, pibe. No le des lugar a las grietas, si te vas a romper, si te vas a partir al medio, que sea por una causa que valga la pena.<br />
—Dame la guita, puto. Quedate quieto que te quemo.<br />
—Llevate lo que quieras, loco, el negocio no es mío.<br />
Así son las cosas y punto.<br />
No hay nada que hacer.</p>
<br /><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/categories/brevesrelatos.wordpress.com/30/" /> <img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/tags/brevesrelatos.wordpress.com/30/" /> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gocomments/brevesrelatos.wordpress.com/30/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/comments/brevesrelatos.wordpress.com/30/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/godelicious/brevesrelatos.wordpress.com/30/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/delicious/brevesrelatos.wordpress.com/30/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gofacebook/brevesrelatos.wordpress.com/30/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/facebook/brevesrelatos.wordpress.com/30/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gotwitter/brevesrelatos.wordpress.com/30/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/twitter/brevesrelatos.wordpress.com/30/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gostumble/brevesrelatos.wordpress.com/30/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/stumble/brevesrelatos.wordpress.com/30/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/godigg/brevesrelatos.wordpress.com/30/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/digg/brevesrelatos.wordpress.com/30/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/goreddit/brevesrelatos.wordpress.com/30/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/reddit/brevesrelatos.wordpress.com/30/" /></a> <img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=brevesrelatos.wordpress.com&amp;blog=3880545&amp;post=30&amp;subd=brevesrelatos&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></content:encoded>
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			<media:title type="html">José Playo</media:title>
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		<title>Suspense</title>
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		<pubDate>Sat, 26 Jan 2008 12:31:47 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José Playo</dc:creator>
				<category><![CDATA[Breves relatos]]></category>

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		<description><![CDATA[—¿Y si se corta? —No pienses en eso. No tenemos que pensar en eso. —Tengo miedo. —No tengas miedo, dame la mano. —Hoy estuve todo el día pensando en lo que hablamos. —¿Sí? A ver, te escucho. —Lo pensé mucho. Y tenés razón. —A veces tengo razón, ¿viste? —Muy pocas, pero con eso tuviste razón. [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=brevesrelatos.wordpress.com&amp;blog=3880545&amp;post=29&amp;subd=brevesrelatos&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>—¿Y si se corta?<br />
—No pienses en eso. No tenemos que pensar en eso.<br />
<span id="more-29"></span> —Tengo miedo.<br />
—No tengas miedo, dame la mano.<br />
—Hoy estuve todo el día pensando en lo que hablamos.<br />
—¿Sí? A ver, te escucho.<br />
—Lo pensé mucho. Y tenés razón.<br />
—A veces tengo razón, ¿viste?<br />
—Muy pocas, pero con eso tuviste razón.<br />
—No pienses en eso ahora, pensá mejor en Praga. O en París. París es lindo para pensar en estos casos.<br />
—París es una mierda. Huele a meada en todas las esquinas. A meada y a humedad.<br />
—Pensá en Roma. La historia, los museos.<br />
—No puedo pensar en otra cosa. ¿Y si se corta? ¿Así va a ser nuestro final?<br />
—No hablemos de final. No hablemos de nada que tenga que ver con esto. Es la única forma.<br />
—En el avión había una señora que no dejaba de mirarme.<br />
—Ajá.<br />
—Me miraba y negaba con la cabeza.<br />
—Hay gente así en todos lados, ya deberías saberlo.<br />
—Si este fuera nuestro final, esa señora estaría feliz.<br />
—No pienses en eso.<br />
—Me gustaría que ella estuviera ahora en mi lugar.<br />
—A mí me gustaría que el que me robó la billetera el año pasado estuviera acá.<br />
—Te golpearon mucho, ¿no?<br />
—Más de lo que me gusta para esos casos.<br />
—No entiendo cómo la gente puede manejarse con tanta violencia.<br />
—Es nuestra naturaleza. Somos violentos por naturaleza.<br />
—Yo no. Yo aprendí a perdonar.<br />
—Es raro eso viniendo de alguien que está deseando que una señora maleducada de un avión ocupe su lugar…<br />
—Oh, ¿en qué me convertí?<br />
—Lo siento. Te estaba diciendo que no pensaras en eso y…<br />
—Está bien, así tiene que ser. Siempre ha sido así.<br />
—Creo que tenemos otro problema.<br />
—¿Se corta?<br />
—Se está por cortar.<br />
—No podemos hacer nada más, ¿verdad?<br />
—Nada.<br />
—Dame la mano.<br />
—No voy a soltarte.<br />
—Se corta.<br />
—Sí.<br />
—París no era tan malo después de todo. Daría todo lo que tengo por estar ahí ahora, con sus meadas y su humedad.<br />
—¿Me llevarías?<br />
—Claro que te llevaría.<br />
—Mejor así.<br />
—No voy a soltarte.<br />
—No.<br />
—De eso se trata.<br />
—Tengo miedo.<br />
—No tengas miedo, estamos juntos.<br />
—Oh…</p>
<br /><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/categories/brevesrelatos.wordpress.com/29/" /> <img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/tags/brevesrelatos.wordpress.com/29/" /> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gocomments/brevesrelatos.wordpress.com/29/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/comments/brevesrelatos.wordpress.com/29/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/godelicious/brevesrelatos.wordpress.com/29/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/delicious/brevesrelatos.wordpress.com/29/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gofacebook/brevesrelatos.wordpress.com/29/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/facebook/brevesrelatos.wordpress.com/29/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gotwitter/brevesrelatos.wordpress.com/29/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/twitter/brevesrelatos.wordpress.com/29/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gostumble/brevesrelatos.wordpress.com/29/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/stumble/brevesrelatos.wordpress.com/29/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/godigg/brevesrelatos.wordpress.com/29/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/digg/brevesrelatos.wordpress.com/29/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/goreddit/brevesrelatos.wordpress.com/29/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/reddit/brevesrelatos.wordpress.com/29/" /></a> <img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=brevesrelatos.wordpress.com&amp;blog=3880545&amp;post=29&amp;subd=brevesrelatos&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></content:encoded>
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			<media:title type="html">José Playo</media:title>
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		<title>Un libro excelente</title>
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		<pubDate>Sat, 26 Jan 2008 12:31:02 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José Playo</dc:creator>
				<category><![CDATA[Breves relatos]]></category>

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		<description><![CDATA[Te leí de pie en el patio, apurando por igual páginas y cigarrillos, devorando con fruición los renglones, como lo haría un náufrago con latas de conserva que flotan azarosas hasta anclarse en su orilla. Leí tu novela hasta marearme y tuve que cambiar de posición varias veces para no perder por completo la sensibilidad [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=brevesrelatos.wordpress.com&amp;blog=3880545&amp;post=28&amp;subd=brevesrelatos&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Te leí de pie en el patio, apurando por igual páginas y cigarrillos, devorando con fruición los renglones, como lo haría un náufrago con latas de conserva que flotan azarosas hasta anclarse en su orilla.<br />
<span id="more-28"></span> Leí tu novela hasta marearme y tuve que cambiar de posición varias veces para no perder por completo la sensibilidad de las piernas. También se me durmieron, varias veces, las manos.<br />
La oscuridad se cernió por fin sobre tu libro. Comprendí que debía cambiar de posición cuando las hojas comenzaron a oscurecerse, primero hacia una tonalidad de huesos planos, para cambiar a un apagado ceniza húmeda después, hasta cegarme. Entonces busqué un farol y me apoltroné debajo mientras me mordía los labios.<br />
Me llamaron para comer un par de veces, pero desatendí las voces que venían de la casa. De cuando en cuando, en algunos pasajes más que en otros, los cigarrillos se consumían entre mis dedos sin que los chupara más de dos o tres veces. Refugiado en un mapa de autopistas escritas, me abandoné a un mundo imaginario que empañó toda otra realidad; el mundo mismo se partía en pedazos cuando se acercaba al filo fibroso de las hojas.<br />
Promediando la madrugada tuve que moverme para no morir congelado. Caminé en círculos cambiando el libro de una mano a la otra, tomándolo a veces por debajo con el pulgar hundido en el vientre que resguardaba las costuras, otras por arriba, con mis cuatro dedos avanzando y retrocediendo por arriba para despejar los primeros renglones, fundamentales para continuar el hilo de la historia que habías pergeñado.<br />
Supe que había amanecido porque el canto de un pájaro me sobresaltó. Recién entonces caí en cuenta de lo apretados que tenía los dientes, de lo pastosa que tenía la boca. Hacía ya varias horas que no ensayaba otras palabras que las mudas que leía.<br />
El sol salió por fin y me encontró mareado, dando tumbos. Todos los huesos de la espalda se habían amalgamado con los músculos entumecidos, formando un caparazón fría como el acero. A tientas con un pie encontré la parte más baja de la pirca y me dejé caer sobre las piedras aparejadas en hilera, lo que me produjo un destello de dolor que no bastó para distraerme. Haciendo oscilar el peso sobre una y otra nalga, finalmente me abandoné a la sensación molesta de la superficie irregular, porque la cercanía de una resolución eclipsaba las más crudas sensaciones.<br />
Avancé como un loco trotando mentalmente a la par de los personajes, refugiándome con ellos en cobertizos irreales, peleando codo a codo contra sus dudas, sus sentimientos, sus desesperanzas. Yo estuve ahí más que nadie, unido en un vínculo mágico a tu imaginación, la misma que decantó estas páginas y que había logrado atravesar tus manos, los rodillos pesados de una imprenta, la sordidez de los escaparates, hasta mí, para traerme tu fantasía de vaya uno a saber qué trasnoche lejano, más lejano que ninguno.<br />
Me sentía en deuda con el placer que me consumía y con la pasión que te había impulsado a llenar estos papeles; te pagaría con la misma moneda, pero a la inversa, en otro tiempo,  pasando la vista por las palabras que habías acuñado.<br />
Seguí hasta que el peso de las páginas leídas en mi mano izquierda se hizo intolerable, hasta que mis dedos pasaron a ser una prensa acalambrada que mantenía el libro abierto y los renglones consumidos a raya, para que el pasado inmediato no cayera sobre el presente y aplastara el futuro.<br />
Quedaban pocas páginas, pesadas y blandas por efecto del relente.<br />
A veces una brisa silenciosa levantaba alguna y me tentaba con un pantallazo de los párrafos venideros, pero me mantenía firme y sin tentarme, respetando la persecución metódica de esa última hoja, sobre la cual no quería hacer conjeturas, sólo desandar tu camino hasta encontrarla.<br />
El farol se apagó por fin, la mañana clareó lo suficiente como para permitirme desenterrar la nariz del vientre del texto, y llegué a la recta final.<br />
Entre el índice y el pulgar sólo quedaba la cubierta áspera, una hoja de gracia con los datos de la imprenta, y tres o cuatro párrafos justificados irregularmente.<br />
Después, mucho tiempo para soñar.<br />
Que el libro me había leído a mí, no a la inversa.<br />
Por ejemplo.<br />
Relamiéndome.</p>
<br /><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/categories/brevesrelatos.wordpress.com/28/" /> <img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/tags/brevesrelatos.wordpress.com/28/" /> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gocomments/brevesrelatos.wordpress.com/28/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/comments/brevesrelatos.wordpress.com/28/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/godelicious/brevesrelatos.wordpress.com/28/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/delicious/brevesrelatos.wordpress.com/28/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gofacebook/brevesrelatos.wordpress.com/28/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/facebook/brevesrelatos.wordpress.com/28/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gotwitter/brevesrelatos.wordpress.com/28/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/twitter/brevesrelatos.wordpress.com/28/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gostumble/brevesrelatos.wordpress.com/28/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/stumble/brevesrelatos.wordpress.com/28/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/godigg/brevesrelatos.wordpress.com/28/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/digg/brevesrelatos.wordpress.com/28/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/goreddit/brevesrelatos.wordpress.com/28/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/reddit/brevesrelatos.wordpress.com/28/" /></a> <img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=brevesrelatos.wordpress.com&amp;blog=3880545&amp;post=28&amp;subd=brevesrelatos&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></content:encoded>
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		<title>Remembranzas vintage</title>
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		<pubDate>Fri, 11 Jan 2008 00:35:08 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José Playo</dc:creator>
				<category><![CDATA[Breves relatos]]></category>

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		<description><![CDATA[Es 1972. Así dice el almanaque colgado detrás de la barra, yo estoy en una de las mesas del fondo, cerca del pianista. Llevo una camisa ridículamente ajustada, con el cuello demasiado grande, con un par de puños que me llegan hasta la mitad del brazo. Me siento a la vez fajado y aparatoso. El [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=brevesrelatos.wordpress.com&amp;blog=3880545&amp;post=27&amp;subd=brevesrelatos&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Es 1972. Así dice el almanaque colgado detrás de la barra, yo estoy en una de las mesas del fondo, cerca del pianista.<br />
<span id="more-27"></span> Llevo una camisa ridículamente ajustada, con el cuello demasiado grande, con un par de puños que me llegan hasta la mitad del brazo. Me siento a la vez fajado y aparatoso. El color y la tela de la ropa que llevo combinaría mejor con un globo aerostático.<br />
Por la puerta, repentinamente, ingresa una mujer.<br />
Es una linda mujer. Lleva unas sandalias altísimas con suela de corcho y un pantalón con patas de elefante. No puedo verlo, pero me juego toda la billetera a que tiene buen culo. Esos pantalones sólo pueden usarlos las mujeres que tienen buen culo. A pesar del abrigo de piel que la cubre, alcanzo a distinguir una camisa floreada y un pecho huérfano de tetas. En 1972 no se usaba tener tetas.<br />
Jamás he visto accesorios tan grandes como los que lleva esta señorita. Los anteojos podrían cubrir el frente de un automóvil mediano, la hebilla del cinturón bien podría servir de neumático, las pulseras parecen ruedas.<br />
Me saluda con una mano de uñas largas, haciéndome señas para que la espere en la mesa. Asiento con la cabeza y sonrío a mi vez, mientras ella se dirige a la barra y se quita los anteojos frente a un mozo de patillas frondosas.<br />
Dios mío, pienso, ¿quién asesora a esta gente en el rubro vestimentas?<br />
Claro que no voy a moverme, cariño. Es 1972 y estoy en un bar junto a un pianista con un afro voluminoso, escuchando una versión jazzeada de Abba. <em>Mamma Mía</em>, si no me equivoco. Sigo involuntariamente el ritmo con el pie y bajo la mirada para descubrir que mis zapatos son de cuero de cocodrilo. Tienen una especie de taco incómodo. Tendré que tener cuidado, sería fácil caer desde esta altura.<br />
Levanto la vista, ella está sentándose frente a mí.<br />
—Hola, bebé —dice.<br />
Yo me doy vuelta para descubrir que soy el único en esta parte del salón, así que me acomodo el cuellazo de la camisa y le respondo con mi mejor sonrisa seductora:<br />
—Hola.<br />
De cerca es todavía más inquietante lo que ha hecho esta criatura con el maquillaje. Me atrevo a pensar que con un par de pinceladas más no le quedaría lugar para hacer ningún gesto. Sus ojos van enmarcados en unos trazos de rimel felinos y recargados. Los labios hierven en una tonalidad carmesí. Un chicle que se pasea de mejilla a mejilla jamás llega a tocarlos.<br />
—Amo esa canción —dice antes de tomarme la mano—. Me recuerda a la fiesta del año pasado…<br />
Ha hecho el comentario esperando en mí una reacción, por lo que supongo que la melodía amparó en esa fiesta una complicidad nuestra y sólo nuestra.<br />
—¿Puedes ponerte de pie? —le pregunto en un castellano neutro.<br />
Ella me mira asombrada. Una de sus cejas se ha levantado y ahora el abanico renegrido de sus pestañas se mantiene abierto de par en par como una antena parabólica.<br />
—Quiero mirarte el culo para sacarme una duda —explico.<br />
Accede, aunque con cierto reparo. Pero es 1972 y yo voy vestido como el hermano poco exitoso de Sandro, así que me mantengo estoico en mi postura.<br />
No me atrevo a cruzar las piernas, en una breve inspección he descubierto lo ajustados que son estos pantalones en la entrepierna. Mis colgajos se encuentran fajados sobre el nacimiento de mi muslo derecho, donde se distingue a la perfección el pene y los testículos.</p>
<p>—Testículos —digo sin pensar.<br />
Ella se vuelve, asombrada, para mirarme. No importa, igual me ha dado tiempo suficiente para mirar su culo y saber que no me equivoqué.<br />
—¿Qué es eso de testículos? —quiere saber.<br />
Yo aparto la idea con un ademán distraído, restándole importancia. Ella sonríe.<br />
—Siempre el mismo loco, vos.<br />
Estoy a punto de pedirle que se desabroche la camisa y que me muestre una teta, cuando irrumpe en el bar un grupo de personas.<br />
Llevan cascos, anteojos, y trajes confeccionados de una tela metalizada. Caminan sobre botas inmensas.<br />
—¡Artistas! —exclama ella—. ¡Son artistas!<br />
La veo aplaudir, ridículamente alegre por la presencia de los mamarrachos vanguardistas. Cuatro pelotudos de grueso calibre, gente grande jugando a ser originales.<br />
—¡Deben ser dadaístas! —aventura mi compañera.<br />
—O boludos —replico.</p>
<p>Por la mirada que me dedica comprendo que no voy por buen camino si continúo criticando las cosas que ocurren en 1972 dentro de este bar en el que irrumpen artistas.<br />
El pianista guarda silencio, el barman se rasca la barbilla y trapea mecánicamente la barra. Yo, que veo algo familiar en el más alto de los cuatro que han ingresado, me llevo el índice debajo de la nariz y entrecierro los ojos para pensármelo bien. Entonces descubro que tengo bigotes. Unos mostachos robustos y lacios, espantosos. Instintivamente me pongo de pie y busco uno de los espejos de la pared, para corroborar que no tengo un animal muerto sobre el labio. La imagen en el cristal es contundente: soy el émulo de una postal de actor porno retirado en los ochenta.<br />
Y escucho la voz cuando estoy acercándome al vidrio para comprobar qué es el collar que cuelga de mi cuello hasta las tetillas entre la “v” profunda que dibuja mi camisa abierta.<br />
—Quieto, Carollo —oigo que me dicen.<br />
Me vuelvo para confrontar al reflejo que me habla por encima de mi hombro.<br />
Es uno de los dadaístas metalizados.<br />
—Danos el collar y nos iremos, eso es todo. No queremos lastimar a nadie.<br />
—¿Lastimar? —pregunto. Sin darme cuenta, estoy llevando una de mis manos a la cintura, y con sorpresa descubro la culata de un arma asomando del pantalón sobre mi trasero.<br />
Me pican mucho los huevos. Estoy irascible.<br />
—Acá los únicos que pueden salir lastimados son ustedes —me oigo decir—. Mi suerte está echada.<br />
El más alto del grupo se adelanta unos pasos con las manos extendidas, mostrándome las palmas en señal de paz.<br />
—Muchacho, no hagas más difíciles las cosas, danos el collar y nos iremos de aquí.<br />
De pronto comprendo porqué me resultaba familiar. Apenas dice “nos iremos de aquí” me doy cuenta de que es un joven Federico Luppi, delgado, fibroso, con buen porte.<br />
Mi chica, que hasta ese momento ha permanecido callada, se pone de pie y de un tirón se arranca la peluca.<br />
Entre sus manos huesudas hay una pistola. No sé cómo llegó ese aparato ahí. La tensión de sus tendones demuestra que se trata de un arma pesada y mortífera.<br />
Sin dejar de apuntarlos, dice:<br />
—El collar, protegé el collar.<br />
Intento avanzar hacia la mesa para tranquilizarla, pero el pianista también se quita de un tirón su peluca y se interpone en mi camino. El afro, efectivamente, le daba un aire solemne que ahora no tiene; es pelado. Y mira mi pecho con lascivia.<br />
—Quieto, Carollo —me advierte antes de que se desate la tragedia.<br />
1972 es un año peligroso, parece.</p>
<p>Levanto la vista. Un movimiento en la barra llama mi atención, y observo al mozo que toma un arma de caño recortado que tenía escondida debajo de la registradora. El muchacho de las patillas abre fuego sobre los hombres de traje de aluminio.<br />
Me llevo las manos a los oídos, vuelvo la cabeza y veo a la muchacha de buen culo y mal gusto para la bijouterie que se agacha y también empieza a descargar su arma.<br />
Todo ocurre muy deprisa pero por alguna extraña razón, mi cabeza alcanza a procesar el enfrentamiento con pelos y señales. Una bala le vuela la mitad de la cara al pianista,  mientras Luppi cae en cámara lenta sobre sus rodillas, llevándose las manos a la cintura con un gesto de dolor. La primera perdigonada le ha dejado como un colador los riñones. Uno de los dadaístas metalizados se arroja debajo de una mesa y se ovilla en posición decúbito dorsal, mientras solloza llamando a su madre. Otro de los dadaístas desenfunda una pistola pequeña y le perfora la tráquea al mozo, quien cae hacia atrás sobre el aparador y se desliza al piso bajo una catarata de botellas rotas.<br />
Mi chica, inmutable en la lluvia de balas, continúa disparando hasta que varios hoyos se dibujan en el traje del dadaísta que queda en pie.</p>
<p>Siento un calor extraño en mi pierna y descubro con estupor que me han herido.<br />
—¡Médico, médico! —grito.<br />
Cuando el ruido por fin cesa y la densa humareda empieza a disiparse, en el bar reinan los estertores de los moribundos y el goteo de las bebidas derramadas.<br />
La chica ha retrocedido hasta una silla y se ha dejado caer con los brazos a los costados.<br />
Me arrastro hacia ella.<br />
—Dios, cómo duele —dice.<br />
Justo en donde debería haber dos tetas grandotas si esto fuera 1990, hay un hueco renegrido en la tela de la camisa. Humea y pronto empieza a manar sangre.<br />
—No te muevas —digo.<br />
—Tengo frío —dice ella.<br />
Tomo su mano justo antes de que su tos acuosa nos salpique de gotas rojas.<br />
Muere ahí, sentada en la silla. Yo, visiblemente alterado, me incorporo y aprieto su cabeza contra mi pecho, miro al cielo y grito:<br />
—¿¡POR QUÉ!?<br />
El año del almanaque está decorado con pesadas gotas de sangre, ahora.<br />
Quedo a solas con los muertos, el siseo de la máquina de café que está por escupir la mezcla por el exceso de temperatura, y el llanto del hombre debajo de la mesa.<br />
Somos los únicos sobrevivientes.<br />
Me pongo de pie, cambio de lugar mis huevos y la costura del pantalón y me dirijo a la puerta.<br />
Antes de salir saco el arma y apunto.<br />
Es 1972 y nunca me ha gustado escuchar llorar a los hombres.</p>
<br /><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/categories/brevesrelatos.wordpress.com/27/" /> <img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/tags/brevesrelatos.wordpress.com/27/" /> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gocomments/brevesrelatos.wordpress.com/27/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/comments/brevesrelatos.wordpress.com/27/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/godelicious/brevesrelatos.wordpress.com/27/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/delicious/brevesrelatos.wordpress.com/27/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gofacebook/brevesrelatos.wordpress.com/27/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/facebook/brevesrelatos.wordpress.com/27/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gotwitter/brevesrelatos.wordpress.com/27/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/twitter/brevesrelatos.wordpress.com/27/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gostumble/brevesrelatos.wordpress.com/27/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/stumble/brevesrelatos.wordpress.com/27/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/godigg/brevesrelatos.wordpress.com/27/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/digg/brevesrelatos.wordpress.com/27/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/goreddit/brevesrelatos.wordpress.com/27/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/reddit/brevesrelatos.wordpress.com/27/" /></a> <img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=brevesrelatos.wordpress.com&amp;blog=3880545&amp;post=27&amp;subd=brevesrelatos&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></content:encoded>
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			<media:title type="html">José Playo</media:title>
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		<title>Repaso</title>
		<link>http://brevesrelatos.wordpress.com/2007/12/30/repaso/</link>
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		<pubDate>Sun, 30 Dec 2007 03:25:06 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José Playo</dc:creator>
				<category><![CDATA[Breves relatos]]></category>

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		<description><![CDATA[Un hombre de cuarenta y pico, vestido con un pantalón gris, lleva un portafolios en la mano y va a morir esta noche. ¿Cómo lo sé? Porque yo voy a matarlo. ¿Por qué? Porque eso fue lo que pasó y yo estoy escribiendo esto desde la cárcel, para entender las cosas y no repetir los [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=brevesrelatos.wordpress.com&amp;blog=3880545&amp;post=26&amp;subd=brevesrelatos&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Un hombre de cuarenta y pico, vestido con un pantalón gris, lleva un portafolios en la mano y va a morir esta noche.<br />
<span id="more-26"></span> ¿Cómo lo sé?<br />
Porque yo voy a matarlo.<br />
¿Por qué?<br />
Porque eso fue lo que pasó y yo estoy escribiendo esto desde la cárcel, para entender las cosas y no repetir los errores; la cárcel es el mejor lugar para matar el tiempo escudriñando el pasado.<br />
¿Cuánto estaré?<br />
Hasta esta noche a las nueve, mañana seré libre de nuevo, aunque no me perdone nunca la justicia.<br />
¿Cómo lo haré?<br />
Trabé amistad con un preso al que apodan “Houdini”. Tiene un plan infalible para sacarnos de este agujero.<br />
¿Qué haremos después?<br />
Una vez afuera, mataré a Houdini, desfiguraré su rostro e intercambiaré nuestras prendas.<br />
¿Y las huellas dactilares?<br />
También desollaré sus dedos.<br />
¿Qué pasará entonces?<br />
Escaparé hacia la casa de mi ex socio, recuperaré el portafolios y lo mataré, por haberme dado la espalda.<br />
¿Qué haré con ese dinero?<br />
Alquilaré un auto y huiré hacia las montañas, buscaré refugio en algún lugar con buena pesca, con un lago, con embarcaciones pequeñas.<br />
¿Y entonces?<br />
Entonces seré un jubilado. Es mucho dinero. Ni yo sabría cómo gastarlo.<br />
De nuevo:<br />
Un hombre de cuarenta y pico, vestido con un pantalón gris, con un portafolios en la mano, va a morir esta noche…</p>
<br /><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/categories/brevesrelatos.wordpress.com/26/" /> <img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/tags/brevesrelatos.wordpress.com/26/" /> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gocomments/brevesrelatos.wordpress.com/26/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/comments/brevesrelatos.wordpress.com/26/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/godelicious/brevesrelatos.wordpress.com/26/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/delicious/brevesrelatos.wordpress.com/26/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gofacebook/brevesrelatos.wordpress.com/26/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/facebook/brevesrelatos.wordpress.com/26/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gotwitter/brevesrelatos.wordpress.com/26/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/twitter/brevesrelatos.wordpress.com/26/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gostumble/brevesrelatos.wordpress.com/26/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/stumble/brevesrelatos.wordpress.com/26/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/godigg/brevesrelatos.wordpress.com/26/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/digg/brevesrelatos.wordpress.com/26/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/goreddit/brevesrelatos.wordpress.com/26/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/reddit/brevesrelatos.wordpress.com/26/" /></a> <img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=brevesrelatos.wordpress.com&amp;blog=3880545&amp;post=26&amp;subd=brevesrelatos&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></content:encoded>
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			<media:title type="html">José Playo</media:title>
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		<title>Cómo ser un buen escritor</title>
		<link>http://brevesrelatos.wordpress.com/2007/12/27/como-ser-un-buen-escritor/</link>
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		<pubDate>Thu, 27 Dec 2007 16:18:53 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José Playo</dc:creator>
				<category><![CDATA[Breves relatos]]></category>

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		<description><![CDATA[Necesitaba convertirme en un escritor y rápido. Cuanto más rápido, mejor. Entonces yo tenía una amante de medio tiempo, una chica delgada y huesuda, que disfrutaba de las relaciones sexuales no convencionales y se llamaba Paloma. Buenos antebrazos, buenas mejillas. Cuando sonreía de manera correcta (escondiendo el vacío de tres o cuatro piezas dentarias faltantes [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=brevesrelatos.wordpress.com&amp;blog=3880545&amp;post=25&amp;subd=brevesrelatos&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Necesitaba convertirme en un escritor y rápido. Cuanto más rápido, mejor.<br />
<span id="more-25"></span> Entonces yo tenía una amante de medio tiempo, una chica delgada y huesuda, que disfrutaba de las relaciones sexuales no convencionales y se llamaba Paloma.<br />
Buenos antebrazos, buenas mejillas.<br />
Cuando sonreía de manera correcta (escondiendo el vacío de tres o cuatro piezas dentarias faltantes con su labio superior), hasta diría que no era del todo fea.<br />
No estábamos enamorados, no.<br />
Ella era poeta, yo quería ser narrador; así que acordamos que éramos incompatibles para evitar las trampas del amor. Estábamos pasando por un buen momento y no queríamos arruinarlo con pavadas sentimentaloides. Todas las relaciones amorosas tienen su apogeo en los primeros meses, nosotros llevábamos cuatro sin interrupción y sin problemas.<br />
Mi cabeza estaba ocupada casi en su totalidad por una novela que necesitaba bajar a papel con urgencia, pero no me sentía seguro para hacerlo. Tenía miedo, me daban temblores. Paloma, en cambio, garabateaba versos todo el día. Era una máquina de hacer versos. Después venía y me los mostraba, y se quedaba sentada en el suelo frente a mí, mordiéndose las uñas mientras yo leía.<br />
—¿Te gusta? —me preguntaba cada vez que pasaba una hoja.<br />
Una sola vez dije la verdad, pero eso empujó a Paloma hacia un pozo depresivo que me privó de su sonrisa incompleta por más de un mes.<br />
En ese período tampoco pude aparearme con ella, así que mentía cada vez que me lo preguntaba.<br />
—Me encantan, Paloma, son un elixir para nuestro desamor.</p>
<p>La idea de asistir al taller de Pachuco fue de ella.<br />
Una amiga le había dado un panfleto rugoso (pidiéndonos con mucha insistencia que no se lo mostráramos a nadie) que decía: <strong>Pachuco Verón &#8211; </strong><strong>Taller Intensivo de Escrituras</strong>. El papel tenía de un lado la foto de Pachuco, pero el tipo estaba de espaldas, así que no podíamos observar su cara. A mí me gusta ver las caras, hacer conjeturas sobre los rostros, pero tuve que conformarme con las orejas de Pachuco, una de las más grandes que yo hubiera visto jamás, que iban de punta a punta en el folletín.<br />
—Tenemos que ir —dijo Paloma—. Con Pachuco vas a aprender todo lo que te hace falta para escribir tu novela. Además, mirá lo que dice acá: “Pachuco es famoso porque ha escrito muchas cosas y se niega a publicarlas. A lo largo de su carrera rechazó sistemáticamente las ofertas de las editoriales más grandes. El hombre es una leyenda”.<br />
A mí me daba igual. Digo, me daba igual que fuera Pachuco-leyenda o cualquier otro. Yo necesitaba convertirme en un escritor y rápido.<br />
—Parece muy exclusivo, pero vamos igual —dije.<br />
—Cojamos un rato primero —sugirió ella.<br />
E hicimos eso antes de ir.</p>
<p>Llegamos al edificio transpirados y jadeantes, con las piernas temblorosas.<br />
En la puerta había un guardia de seguridad que nos detuvo con mala cara.<br />
—¿Qué buscan?<br />
—Venimos al taller de <em>Pachuco-leyenda</em> —expliqué.<br />
Nombrar a nuestro futuro profesor, al parecer, abría puertas. Tomé nota mental de que eso era una buena señal.<br />
En el ascensor íbamos solos, así que Paloma aprovechó para meterme las manos debajo del pantalón, una delante, otra detrás.<br />
Me ardía mucho el pene, pero negarse a la voluntad de Paloma era golpear las puertas del infierno, así que no dije nada. De cualquier modo, tener una mano en el trasero sin decir ni mú era la historia de mi vida.<br />
—¿De quién es este culito?<br />
—Del dueño del departamento, a quien le debo tres meses de alquiler  —contesté.<br />
Una campanada suave y robótica nos anunció que habíamos llegado.<br />
Paloma se alisó la remera, yo me acomodé el pantalón y entramos.</p>
<p>El departamento era un semipiso sin paredes, una gran oficina acondicionada como un aula de colegio primario. La impresión que tuve fue esa, de entrar otra vez a una escuela, de asfixiarme otra vez con el vaho de las tizas, de las gomas, de los lápices.<br />
Un perfume espeso hecho a base de pedo, aserrín y humedad cubría las hileras de bancos.<br />
—Poca gente —dije.<br />
Paloma me guió hasta ocupar las sillas sobre uno de los laterales. A mí me hubiera gustado elegir una cerca de la puerta, por si había que salir de ahí. Siempre me gusta tener opciones de escape. Los lugares que no tienen perspectivas de escape son trampas terribles para el hombre de clase media.<br />
—Acá vamos a estar bien  —aseguró ella.<br />
Siempre hago caso a la gente que asegura cosas.<br />
La mayor parte de la concurrencia eran viejas. También había un tipo que tenía una cabeza ovalada, como si hubiera sido succionado por una ventosa gigante.<br />
—Me estoy cagando —le dije a Paloma por lo bajo.<br />
—Son los nervios. Siempre te ponés nervioso cuando vamos a lugares en los que hay más de dos personas.<br />
—Quiero irme —agregué.<br />
<em> Pachuco-leyenda</em> apareció frente a nosotros, así que perdí la oportunidad de escapar sin ser visto.<br />
—Esperá  —dijo ella—, estoy segura de que esto te va a gustar.</p>
<p>El tamaño de las orejas era todavía más impactante en vivo y en directo. Realmente eran dos apéndices exageradamente desmedidos, como si se tratara de una raza similar a la humana, con rasgos parecidos pero no iguales. De hecho la boca, también muy grande, y los ojos, redondos y muy abiertos, le conferían al rostro la expresión de un sapo aplastado por un camión en alguna ruta intergaláctica camino a La Tierra.<br />
—Es horrible —dije.<br />
—¿El qué?<br />
—El tipo, el Pachuco, es lo más horrible que he visto en mi vida.<br />
—Shhh.<br />
Sin mediar palabras, la leyenda viva horripilante le pidió a una de las señoras de la primera fila que se pusiera de pie. Era una mujer gorda con un abrigo que imitaba la piel de un animal, llevaba un exceso burdo de maquillaje y de sus orejas pendían dos aros de color azulado. Pachuco la condujo hasta el pizarrón, hizo que se volviera hacia nosotros para que pudiéramos observar su rostro. La mujer levantó una mano y sonrió.<br />
Quizá se disponía a saludarnos, pero lo que fuera que iba a hacer, se vio interrumpido por el cachetazo de Pachuco.<br />
El sonido de la mano pesada azotando el pómulo, el flameo de las mejillas vencidas, el plástico entrechocamiento de la dentadura postiza, todo sonó muy fuerte. Nos quedamos paralizados.<br />
—Este dolor no es nada comparado con el que sentirán cuando las grandes editoriales empiecen a limpiarse el culo con vuestros relatos —dijo Pachuco.<br />
La mujer, sacudida y perturbada, intentó agacharse para recoger uno de sus aros, pero Pachuco la tomó por el pelo y la obligó a incorporarse otra vez.<br />
—La primera regla acerca del Taller Intensivo de Escrituras es que ustedes no le cuentan a nadie acerca del Taller Intensivo de Escrituras —soltó el orejudo.<br />
Yo miré a Paloma, estaba embelezada con las palabras, sonreía abiertamente, mostrando los huecos de sus dientes ausentes.<br />
—La segunda regla acerca del Taller Intensivo de Escrituras es que USTEDES NO LE CUENTAN A NADIE ACERCA DEL TALLER INTENSIVO DE ESCRITURAS —dijo, e inmediatamente pateó el culo fofo de la señora, que trastabilló hasta volver a su silla.<br />
—¡SÍ! —gritaron todos a coro.<br />
Paloma también gritó.<br />
Nuestro profesor, la leyenda viva que rechazaba las ofertas más jugosas de todas las editoriales, se paseó de una punta a la otra del salón.<br />
El hombre de la cabeza ovalada se puso de pie y recogió sus papeles.<br />
—¿Adónde vas? —lo increpó Pachuco.<br />
El hombre no contestó y continuó juntando las lapiceras y un cuaderno. Pachuco dio un saltó y quedó de pie sobre uno de los bancos de la primera fila, levantó una pierna y ambos brazos y, al grito de “¡La Grulla Redactora!”, lanzó una patada voladora que dio de lleno en el mentón del cabezón. Yo había participado en alguna que otra pelea callejera, pero jamás había visto esto de La Grulla Redactora. Era un golpe perfecto, porque el cuerpo quedaba suspendido en el aire unos segundos antes de golpear con la pierna que servía de sostén. ¡Cuánta maestría había en esa maniobra!<br />
Paloma aplaudió cuando el cabezón cayó aparatosamente hacia atrás, desparramándose entre los bancos.<br />
Después de eso, obviamente, nadie se movió.<br />
Yo miré a mi chica. Sus labios arremangados en una mueca extasiada desnudaban las encías filosas pornográficamente.<br />
—Vos ya habías venido acá —le dije por lo bajo, al darme cuenta.<br />
Ella se volvió para mirarme. En sus ojos brillaba una picardía maliciosa que me enterneció.<br />
—Perdí los dientes en la primera charla el año pasado —se sinceró.<br />
—¿Por qué? —pregunté— ¿Por qué no me dijiste?<br />
Tan confundido estaba por la revelación que no vi a Pachuco.<br />
Mi charla con Paloma se vio interrumpida por el carpetazo más violento que me hayan pegado jamás en la nariz. Por la magnitud del dolor que sentí, dudo; podría haberse tratado de un bibliorato o de una guía telefónica del conurbano bonaerense. Un impacto durísimo.<br />
Pachuco, de pie a mi lado, me observaba.<br />
—Veamos de qué estás hecho, escritorcillo —dijo.<br />
Miré sus ojos enormes, sus orejas flácidas, dilatadas por vaya uno a saber cuántos tirones, su labio inferior rebosante de saliva.<br />
Sentía como si toda la cara se me hubiera inflamado en una mueca torcida.<br />
Paloma puso su mano sobre mi antebrazo y apretó con suavidad.<br />
—¿Por qué viniste a mi clase, hijo de puta?  —me preguntó nuestro mentor.<br />
—Guiero zer esgridor —dije.<br />
Paloma aplaudió entre risas y Pachuco se arremangó la camisa. Me esperaba un tratamiento intensivo, más duro que el de ningún otro.<br />
—Io guiero zer esgridor&#8230; —repetí.</p>
<br /><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/categories/brevesrelatos.wordpress.com/25/" /> <img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/tags/brevesrelatos.wordpress.com/25/" /> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gocomments/brevesrelatos.wordpress.com/25/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/comments/brevesrelatos.wordpress.com/25/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/godelicious/brevesrelatos.wordpress.com/25/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/delicious/brevesrelatos.wordpress.com/25/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gofacebook/brevesrelatos.wordpress.com/25/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/facebook/brevesrelatos.wordpress.com/25/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gotwitter/brevesrelatos.wordpress.com/25/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/twitter/brevesrelatos.wordpress.com/25/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gostumble/brevesrelatos.wordpress.com/25/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/stumble/brevesrelatos.wordpress.com/25/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/godigg/brevesrelatos.wordpress.com/25/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/digg/brevesrelatos.wordpress.com/25/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/goreddit/brevesrelatos.wordpress.com/25/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/reddit/brevesrelatos.wordpress.com/25/" /></a> <img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=brevesrelatos.wordpress.com&amp;blog=3880545&amp;post=25&amp;subd=brevesrelatos&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></content:encoded>
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		<title>La droga de la felicidad</title>
		<link>http://brevesrelatos.wordpress.com/2007/12/22/la-droga-de-la-felicidad/</link>
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		<pubDate>Sat, 22 Dec 2007 15:59:54 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José Playo</dc:creator>
				<category><![CDATA[Breves relatos]]></category>

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		<description><![CDATA[Dejo esto en claro: yo no estuve de acuerdo con el nombre del proyecto. En esta silla, escritorio de por medio con el caribe, rememoro los pormenores de lo acontecido y sonrío entre líneas mientras escribo. No me distraen las manos hábiles de esta nativa en pelotas que acaricia mi pelo. Tampoco me preocupa que [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=brevesrelatos.wordpress.com&amp;blog=3880545&amp;post=24&amp;subd=brevesrelatos&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Dejo esto en claro: yo no estuve de acuerdo con el nombre del proyecto. En esta silla, escritorio de por medio con el caribe, rememoro los pormenores de lo acontecido y sonrío entre líneas mientras escribo. No me distraen las manos hábiles de esta nativa en pelotas que acaricia mi pelo. Tampoco me preocupa que lea mis papeles: no hablamos la misma lengua, ella sólo entiende el dialecto local.<br />
<span id="more-24"></span> En su boca mi nombre suena como si estuviera masticando coco. Puros chasquidos.<br />
Yo la he bautizado “Perla”, a secas.<br />
O “Perlita”, cuando cae la noche y me enciendo de felicidad.<br />
—Venga, Perlita —le digo, palmeándome un muslo, y ella viene y asienta sus nalgas caribeñas turgentes en mi regazo.<br />
Nueve kilos bajé desde que vine.<br />
¿El aire del mar? ¿La dieta frutal? No; Perla y sus exigentes posturas amatorias, para qué me voy a engañar.<br />
Un hombre dormido y gordo, eso era yo.<br />
Un científico aburrido en su guardapolvo, vertiendo líquidos de color ámbar en pipetas, haciendo hervir sustancias espesas en quemadores individuales.<br />
¿Qué sabía de copular aturdido por el ruido de las olas?<br />
¿Qué sabía de los placeres encerrados en la carne prieta de una adolescente morena con pechos de sal?<br />
Un gordo aburrido, eso era.<br />
Hasta que llegó Jacobson y me propuso trabajar en La droga de la felicidad.<br />
—Un brebaje para quedar pelotudo de contento —lo definía, simplista, Jacobson.<br />
Nunca aceptó que yo quisiera usar como eslogan una frase un tanto más comercial. Chocamos de entrada con Jacobson. Él pretendía que yo me limitara a llevar el registro del experimento.<br />
—Vos escribí, gordo —me decía con un ademán despectivo—, vos sos bueno para la parte testimonial.<br />
Y al principio hice eso; detallé la fórmula, sus componentes, las dosis que les suministramos a unos monos de Nueva Guinea, animales que en poco tiempo se convirtieron en ejemplos vivos de la felicidad. ¡Cómo bailaban!<br />
—Mi ukelele, tengo que trabajar —le digo a Perla ahora.<br />
Ella nunca se cansa de sobarme, de besarme. Yo me empeño en llenar estos papeles porque el tiempo apremia. Le digo a Perla mediante señas que me espere en la cama, que ya voy. Si algo me enseñaron los monos de Nueva Guinea es que la comunicación puede prescindir de las palabras.<br />
Los monos eran vivísimos.<br />
Jacobson también:<br />
—No voy a entregar la fórmula jamás —le dijo a la Comisión Directiva del Instituto cuando le pidieron un informe de sus avances—. Con esto me voy a hacer rico, no pienso darles un centavo a ustedes, vampiros de la multinacional.<br />
Después volvimos al laboratorio y antes de ponernos a trabajar, me aclaró:<br />
—Y si vos llegás a publicar alguno de estos resultados te meto un tiro en la cabeza.<br />
Jodido, Jacobson.<br />
Este mundo está lleno de gente que busca alternativas para reinventar la felicidad. Pienso en él mientras el sol se recuesta sobre la superficie irregular del mar.<br />
¿Cuánto me costó llegar acá? La gente que diseña los folletos sabe dónde golpea: “desayunos frutales, una dieta abundante en pescado, el canto de las aves exóticas, la vegetación selvática y el cuerpo de las nativas, mujeres que enamoran tan sólo con mirar”.<br />
Ja ja.<br />
Río entre líneas.<br />
Encontré a Perla una tarde en la playa. Ahora estoy en su cabaña. Ella me espera en la cama, con los ojos encendidos y el cuerpo adolescente hirviendo de hormonas y pasión centroamericana.<br />
“Mujeres que enamoran tan sólo con mirar”. ¿El embrujo de la voluntad tropical?<br />
Ja ja.<br />
Y no siento culpa, ojo.<br />
Cuando Jacobson me convocó para llevar el registro del experimento, confieso, no tenía idea de qué tan lejos estaba dispuesto a llegar. Un hombre desconoce sus límites hasta que un folleto le muestra la verdad.<br />
Volteo la cabeza y observo a Perla tomando la pastilla.<br />
Ha desplegado su cuerpo sobre las sábanas y mantiene en el aire una pierna larga y torneada.<br />
Me mira. Se toca los pechos y me mira.<br />
Estoy escribiendo estos resultados a sabiendas de que mis colegas pedirán mi cabeza cuando se hagan públicas estas notas.<br />
Allá ellos. Tengo 70 años, ¿cuánto me puede quedar?<br />
Jacobson seguramente estará buscándome. O tal vez haya muerto de angustia al descubrir que todas las dosis de La droga de la felicidad desaparecieron junto con el gordo de guardapolvo que nunca decía nada, que siempre acataba las órdenes sin chistar.<br />
Las tengo acá.<br />
Se las doy a Perla, una por noche, y ella se pone pelotuda de contenta y sonríe como los monos de Nueva Guinea, babeándose de felicidad.<br />
Soy un viejo loco que escribe en el cuaderno sus memorias antes de marchar.<br />
Tiene una hermana Perla.<br />
Yo era un hombre dormido.<br />
Tengo tantas cosas que probar&#8230;</p>
<br /><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/categories/brevesrelatos.wordpress.com/24/" /> <img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/tags/brevesrelatos.wordpress.com/24/" /> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gocomments/brevesrelatos.wordpress.com/24/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/comments/brevesrelatos.wordpress.com/24/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/godelicious/brevesrelatos.wordpress.com/24/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/delicious/brevesrelatos.wordpress.com/24/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gofacebook/brevesrelatos.wordpress.com/24/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/facebook/brevesrelatos.wordpress.com/24/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gotwitter/brevesrelatos.wordpress.com/24/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/twitter/brevesrelatos.wordpress.com/24/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gostumble/brevesrelatos.wordpress.com/24/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/stumble/brevesrelatos.wordpress.com/24/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/godigg/brevesrelatos.wordpress.com/24/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/digg/brevesrelatos.wordpress.com/24/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/goreddit/brevesrelatos.wordpress.com/24/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/reddit/brevesrelatos.wordpress.com/24/" /></a> <img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=brevesrelatos.wordpress.com&amp;blog=3880545&amp;post=24&amp;subd=brevesrelatos&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></content:encoded>
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			<media:title type="html">José Playo</media:title>
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		<title>¿Y tu primera vez?</title>
		<link>http://brevesrelatos.wordpress.com/2007/12/20/%c2%bfy-tu-primera-vez/</link>
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		<pubDate>Thu, 20 Dec 2007 15:05:37 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José Playo</dc:creator>
				<category><![CDATA[Breves relatos]]></category>

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		<description><![CDATA[—¿Cómo fue tu primera vez? —quiso saber Gregorio. En su mano el sobrecito de azúcar se había convertido en una veleta descontrolada. No había mucha gente en el bar, era martes. —Con una puta —afirmó el Cape mientras estudiaba las medialunas—. ¡Nos trajeron todas saladas! —observó. —¿Puta cara o puta barata? —insistió Gregorio mientras una [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=brevesrelatos.wordpress.com&amp;blog=3880545&amp;post=23&amp;subd=brevesrelatos&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>—¿Cómo fue tu primera vez? —quiso saber Gregorio.<br />
En su mano el sobrecito de azúcar se había convertido en una veleta descontrolada.<br />
No había mucha gente en el bar, era martes.<br />
—Con una puta —afirmó el Cape mientras estudiaba las medialunas—. ¡Nos trajeron todas saladas! —observó.<br />
<span id="more-23"></span> —¿Puta cara o puta barata? —insistió Gregorio mientras una catarata minúscula de cristales blancos acribillaban la espuma de su taza.<br />
—Una puta cualquiera. Viste que cuando estás ahí, con los nervios, la ansiedad, no te ponés a ver esas cosas&#8230; Una puta, qué sé yo.<br />
—Sí… —reflexionó Gregorio con el mentón en la mano y la vista perdida en la ventana.<br />
—¿Y vos? —retomó Cape.<br />
—¿Mi primera vez?<br />
—Estamos hablando de eso, ¿no?<br />
Gregorio se pasó la servilleta por los bigotes antes de continuar.<br />
—Un desastre. Es decir —apuntó mientras se acomodaba en la silla—, también los nervios, la inexperiencia. Hice un enchastre. Me acuerdo y me muero de vergüenza.<br />
—¿Con quién fue? Vos no tenés pinta de andar con putas —le dijo señalándolo con el índice al tiempo que guiñaba un ojo.<br />
—No. Lo mío pasa por otro lado, yo soy más conservador. Mi primera vez fue con una chica de la facultad. Una mina linda, rubiecita. Lo mío son las rubiecitas.<br />
Los dos guardaron silencio. Gregorio volvió a poner el mentón en la palma de la mano y la vista en el ventanal. Cape apartaba las medialunas con el índice, apostando a la secreta esperanza de que entre el amasijo de bracitos opacos reluciera uno brillante.<br />
—Las medialunas saladas no sirven para un carajo —dijo.<br />
—Lucía. Se llamaba Lucía, me acuerdo —soltó Gregorio.<br />
—Lindo nombre —apuntó Cape mientras estudiaba de cerca una medialuna—. La mía no sé cómo se llamaba, la levanté en la calle.<br />
—Vos porque tenés auto —replicó Gregorio con una sonrisa torcida.<br />
—Sí. Un utilitario. Es mucho más fácil.<br />
—¿Y cómo hacés?<br />
—Inyección. Un tranquilizante suave. ¿Vos?<br />
—Yo soy del pañuelo con el cloroformo. Clásico, efectivo.<br />
—Un romántico incurable —reflexionó Cape desgarrando la medialuna con una mordida feroz.<br />
Gregorio sonrió y llamó al mozo.<br />
—Vamos a ver qué onda con estas medialunas de mierda  —dijo.</p>
<br /><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/categories/brevesrelatos.wordpress.com/23/" /> <img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/tags/brevesrelatos.wordpress.com/23/" /> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gocomments/brevesrelatos.wordpress.com/23/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/comments/brevesrelatos.wordpress.com/23/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/godelicious/brevesrelatos.wordpress.com/23/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/delicious/brevesrelatos.wordpress.com/23/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gofacebook/brevesrelatos.wordpress.com/23/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/facebook/brevesrelatos.wordpress.com/23/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gotwitter/brevesrelatos.wordpress.com/23/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/twitter/brevesrelatos.wordpress.com/23/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gostumble/brevesrelatos.wordpress.com/23/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/stumble/brevesrelatos.wordpress.com/23/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/godigg/brevesrelatos.wordpress.com/23/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/digg/brevesrelatos.wordpress.com/23/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/goreddit/brevesrelatos.wordpress.com/23/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/reddit/brevesrelatos.wordpress.com/23/" /></a> <img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=brevesrelatos.wordpress.com&amp;blog=3880545&amp;post=23&amp;subd=brevesrelatos&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></content:encoded>
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			<media:title type="html">José Playo</media:title>
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		<title>Cómo detectar a tus vecinos extraterrestres</title>
		<link>http://brevesrelatos.wordpress.com/2007/12/20/como-detectar-a-tus-vecinos-extraterrestres/</link>
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		<pubDate>Thu, 20 Dec 2007 15:05:04 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José Playo</dc:creator>
				<category><![CDATA[Breves relatos]]></category>

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		<description><![CDATA[Después de buscarle mucho la vuelta, dimos, de pura casualidad, con la verdad: son extraterrestres. Una pareja, en apariencia, igual a la nuestra. Él, un gordito con un culo por cara, ella, un ama de casa postparto. Tienen una perra negra y un bebé que pronto cumplirá un año. Se mudaron hará, no sé, ponele [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=brevesrelatos.wordpress.com&amp;blog=3880545&amp;post=22&amp;subd=brevesrelatos&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Después de buscarle mucho la vuelta, dimos, de pura casualidad, con la verdad: son extraterrestres.<br />
Una pareja, en apariencia, igual a la nuestra. Él, un gordito con un culo por cara, ella, un ama de casa postparto. Tienen una perra negra y un bebé que pronto cumplirá un año.<br />
<span id="more-22"></span> Se mudaron hará, no sé, ponele cinco meses, y desde entonces no cruzamos ni siquiera un saludo.<br />
Hemos usado todas nuestras estrategias, ¿eh? No lo digo de cómodos que somos, ni de antipáticos. Para ellos nosotros no existimos, posta.<br />
A ver. Para explicarlo mejor; cuando salimos a la puerta de casa y están afuera (viven justo al frente), ni siquiera levantan la cabeza. Hemos probado con falsas toses y estornudos, con exageradas aclaradas de garganta, y nada; salimos y ellos ni miran. Hasta tocamos mucha bocina simulando despedidas desgarradoras si uno de nosotros va hasta la panadería.<br />
Nada.<br />
—¿Cómo es posible? —nos preguntamos.<br />
—¿Son sordos? —aventuré una vez.<br />
Mi mujer se incorporó un poco de la silla para ver a través de la ventana del living. Con el labio entre los dientes negó.<br />
—Sería mucha casualidad una familia completa de hipoacúsicos.<br />
Era cierto. Además, una vez lo había visto a él hablando por teléfono a través de una ventana. La opción de la familia Beethoven estaba descartada.<br />
¿Qué otras pistas teníamos? Agentes secretos, con semejante caras de nabo, no podían ser. En eso también eran igual a nosotros. Además, ¿qué agencia de espionaje les pagaría un alquiler en una casa en este barrio? A los agentes los mandan a lugares top, como los countries, me juego los huevos.<br />
¿Inmigrantes unidos en un matrimonio por conveniencia? Difícil. En este país te podrás escapar con una avioneta que carretea por el exceso de paquetes, pero jamás lograrás eludir a Migraciones. Son como un FBI cebado por la guita. Cazadores implacables.<br />
¿Qué nos quedaba? Mi hermano, reduccionista confeso, minimizó la cuestión apostando a una sencilla pareja malhumorada <em>fulltime</em>.<br />
—Son unos amargados de mierda y listo —explicó un día, harto de intentar que le prestáramos atención o, al menos, le sirviéramos un café—. Ustedes también son así de aburridos —concluyó.<br />
Tampoco nos cerraba. Nosotros de vez en cuando nos reímos, y estoy seguro de que se escuchan hasta la vereda del frente nuestras carcajadas. Cualquiera que me haya escuchado con un ataque de risa sabrá que es imposible que pase desapercibido. Nosotros nos reímos cuando conversamos, cuando uno de los dos está en el baño (por lo general, yo), cuando rompemos vasos, botellas, cuando tiramos a la basura –por descuido– boletas impagas, cuando derretimos uno a uno los juguetes, los accesorios y las mamaderas que esterilizamos.<br />
No. No éramos iguales. Cabrones raros podemos ser. Pero amargados, ni a los veinte.<br />
—¡Son extraterrestres! —dijo entonces mi mujer.<br />
—Nah… —desestimé yo con un oscilante dedo índice—. No hay forma de que sean extraterrestres.<br />
—Pensá bien —replicó ella enumerando con los dedos—: no hablan, ¿cierto?<br />
Dudé. Pero no dije nada.<br />
—No hablan entre ellos ni una palabra —retomó.<br />
—Psé… —dije bamboleando la cabeza incrédulo.<br />
—Todas las tareas del hogar las hacen juntos; si uno va a barrer la vereda, el otro aprovecha para pasarle una franela al auto.<br />
—Es cierto lo de la vereda, parecen robots…<br />
—Sí; es más, fijáte que cuando salen, también sacan al bebé…<br />
—¡El bebé no llora nunca! —la interrumpí exaltado.<br />
—Nunca. Y ni siquiera lo besan. Simplemente pasan la franela, barren y vuelven adentro. No se dicen ni una palabra.<br />
—¡El perro no ladra! —exclamé antes de zangolotearle los hombros.<br />
—Nuestra perra tampoco —observó mi mujer.<br />
—No me importa —contesté mordiéndome los nudillos—. Sigamos.<br />
—Bueno, nunca levantan la cabeza, ni cuando salimos nosotros…<br />
—…ni cuando pasa alguien caminando por la vereda —concluí.<br />
—Ni siquiera para ver si hay merodeadores …<br />
—El auto —señalé—, es muy pistero, pero jamás prenden el estéreo —observé—. No es como vos, que siempre venís escuchando esa basura de The Police.<br />
—The Police es bueno —me retrucó mi mujer, ofuscada.<br />
—Tuvieron suerte, nada más —le explico.<br />
Alguien tiene que decirle la verdad.<br />
Seguimos elucubrando y nuestra teoría es tan perfecta que no nos quedan dudas.<br />
De pronto, ella parece olvidarlo todo y vuelve a sus cosas. Yo empiezo a espiar alternativamente lo que hacen mis vecinos del otro lado de la ventana y lo que hace mi mujer dentro de la casa. ¿Qué onda? Acabamos de dar con una verdad inquietante y ésta se hace la que no tiene importancia. Se han filmado documentales en países del primer mundo con sospechas menos firmes que lo que pasa en esta cuadra de alienígenas.<br />
Mientras ella recoge los juguetes del piso y yo finjo acomodar la tela que recubre el sofá, continúo pensando. Los viernes por la noche, una misteriosa camioneta de una empresa que (me juego las pelotas) no existe, se estaciona frente a la casa. Baja una pareja muy al estilo de ellos, igual de silenciosos, igual de huidizos.<br />
—Otra reunión más —le avisé a mi mujer el viernes siguiente.<br />
Ella fingía lidiar con una olla de fideos.<br />
—¿Seguís con eso en la cabeza? —quiso saber.<br />
—¿Cómo si sigo con eso? ¡Quieren conquistar el mundo tal y como lo conocemos! —le grité—. ¿O no ves las películas vos?<br />
Ella sonrió y volvió a colar una catarata amarilla.<br />
El agua estalló en la superficie para diluirse después por los agujeritos.<br />
—¿Por qué no te vas a escribir sobre nuestros vecinos extraterrestres así yo puedo terminar de cocinar tranquila? —me sugirió.<br />
—Estás rara vos —le dije con mirada inquisidora—. Vos no eras así esta mañana.<br />
Sé lo que va a hacer a continuación, y lo hace: se burla con los dedos en abanico junto a sus orejas, sacando la lengua y poniendo cara de monstruo. Pero no es igual. No le sale naturalmente, está forzado, el gesto no es de ella.<br />
Entonces vine acá.<br />
Escucho que habla con nuestra hija en un idioma que no comprendo.<br />
—Si han logrado infiltrarse en mi casa, soy el único que queda —me digo.<br />
Un ladrido del patio me hace volver la cabeza. Del otro lado del vidrio, nuestra perra me mira con los ojos verdes, como biónicos, como de vidrio biónico.<br />
Son ojos mecánicos, puedo jurarlo.<br />
Cagué fuego.</p>
<br /><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/categories/brevesrelatos.wordpress.com/22/" /> <img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/tags/brevesrelatos.wordpress.com/22/" /> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gocomments/brevesrelatos.wordpress.com/22/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/comments/brevesrelatos.wordpress.com/22/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/godelicious/brevesrelatos.wordpress.com/22/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/delicious/brevesrelatos.wordpress.com/22/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gofacebook/brevesrelatos.wordpress.com/22/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/facebook/brevesrelatos.wordpress.com/22/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gotwitter/brevesrelatos.wordpress.com/22/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/twitter/brevesrelatos.wordpress.com/22/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gostumble/brevesrelatos.wordpress.com/22/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/stumble/brevesrelatos.wordpress.com/22/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/godigg/brevesrelatos.wordpress.com/22/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/digg/brevesrelatos.wordpress.com/22/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/goreddit/brevesrelatos.wordpress.com/22/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/reddit/brevesrelatos.wordpress.com/22/" /></a> <img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=brevesrelatos.wordpress.com&amp;blog=3880545&amp;post=22&amp;subd=brevesrelatos&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></content:encoded>
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		<title>Riesgo en aerosillas</title>
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		<pubDate>Thu, 20 Dec 2007 15:03:34 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José Playo</dc:creator>
				<category><![CDATA[Breves relatos]]></category>

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		<description><![CDATA[Y cuando se detuvo y los dejó suspendidos en una sacudida con vaivén, se miraron. —¿Qué onda? —preguntó Seba. Juan levantó las cejas y miró para abajo. Sus zapatos pendían a veinte metros de altura sobre una loma escarpada, con texturas de rocas y espinillos. Típico paisaje serrano. —¿Qué onda, chabón? —insistió Seba. Juan pensó [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=brevesrelatos.wordpress.com&amp;blog=3880545&amp;post=21&amp;subd=brevesrelatos&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Y cuando se detuvo y los dejó suspendidos en una sacudida con vaivén, se miraron.<br />
—¿Qué onda? —preguntó Seba.<br />
<span id="more-21"></span> Juan levantó las cejas y miró para abajo. Sus zapatos pendían a veinte metros de altura sobre una loma escarpada, con texturas de rocas y espinillos.<br />
Típico paisaje serrano.<br />
—¿Qué onda, chabón? —insistió Seba.<br />
Juan pensó unos segundos. Después sonrió y dijo:<br />
—No pasa nada. Es normal.<br />
Seba lo miró incrédulo. En su mano el helado empezaba a derretirse.<br />
—Te vas a manchar la mano —apuntó Juan.<br />
Seba dejó caer el cucurucho. Los dos estiraron las cabezas para ver cómo se perdía entre sus rodillas. Pegó sobre una piedra cubierta de musgo.<br />
Hizo “PAF”. Era un cucurucho grande.<br />
—Estamos muy alto —observó Juan.<br />
—Por eso te digo, man. No me copa mucho la idea de quedarnos parados acá.<br />
Delante de ellos, a unos cien metros, en el final de la línea, un tipo les hacía señas con el brazo.<br />
—Mirá —dijo Juan—; nos llaman.<br />
—¿Qué pretende que hagamos este pelotudo? —quiso saber Seba— ¿Se creerá que vamos a ir hasta allá agarrándonos del cable?<br />
Juan miró sobre sus cabezas. Era un cable de acero grueso.<br />
—Podríamos usar las remeras, las ponemos sobre el cable y vamos deslizándonos hasta…<br />
—Estás loco, man —lo interrumpió Seba—: yo no me muevo de la silla ni en pedo. Menos para treparme como un mono para hacer acrobacias. Esas son las ideas que llevan a la gente a la muerte. ¿No escuchaste hablar de los hermanos Wallenda, vos?<br />
—¿Quiénes?<br />
—Los Wallenda, man. Eran una familia de locos que caminaban sobre unos cables. Se fueron matando de a uno. Primero el abuelo, después un hijo, después una nuera. Se creían que eran, no sé, Batman, y caminaban por unos cables a no sé cuántos metros de altura. Se requetecagaron a golpes. Se murieron todos.<br />
En la voz de Seba el temor asomaba afinando algunas vocales. Juan lo notó. Supo que si no guardaba la calma, que si su amigo perdía el control, estarían en un verdadero problema.<br />
—Bueno, bueno, era un chiste. Más vale que no da para ir hasta allá usando las remeras.<br />
—Ni ahí, loco. Ni ahí —enfatizó Seba moviendo la cabeza.<br />
Guardaron silencio. El viento soplaba frío, llevándose el sol hacia las montañas. Quedaba poca luz, a lo sumo, media hora.<br />
—Quién me manda —murmuró Seba con la cabeza hacia un costado.<br />
—¿Qué dijiste? —preguntó Juan.<br />
—Nada, no dije nada.<br />
—Sí que dijiste, dijiste “quién me manda”. Eso dijiste.<br />
Seba se volvió. En su mirada el miedo se mezclaba con un gesto de bronca genuina. Del amor al odio, se sabe, hay un paso. A lo sumo dos.<br />
—Bueno, sí, dije eso. Es que la verdad, ¿quién mierda me manda a mí a subirme a una aerosilla de mierda con vos a tomar un helado? ¿No se te ocurrió una idea más pelotuda? ¿Qué mierda te costó invitarme a tomar una cerveza y listo? ¿Ah? No, teníamos que venir acá, subirnos a esta basura de aerosilla del año del ocote a que nos levanten como a dos jubiladas, boludo. Malísima tu idea, chabón. Ma-lí-si-ma.<br />
Seba cruzó los brazos sobre su pecho y se volvió otra vez a ver la puesta de sol detrás de las sierras.<br />
—Por chat parecías más piola —observó Juan, también molesto.<br />
Seba se volvió con las cejas levantadas.<br />
—Vos por chat decías que tenías muy buen lomo, si vamos al caso…<br />
El comentario a Juan le dolió, pero hizo de cuenta que no había escuchado. Para calmar la situación, señaló otra vez al hombre que les hacía señas. Ahora tenía un megáfono delante de la cara:<br />
—MUCHACHOS, QUEDENSÉ TRANQUILOS, HUBO UN PROBLEMA CON EL MALACATE, ESTAMOS TRATANDO DE SOLUCIONARLO, POR FAVOR, NO SE MUEVAN.<br />
Seba puso una mano a cada lado de la boca y gritó a su vez:<br />
—Más vale que no nos movemos, ¿adónde mierda querés que nos vayamos, pajero?<br />
Juan lo empujó con el codo.<br />
—No seas así, boludo, el tipo nos está ayudando y vos lo puteás.<br />
—¿Ayudando? ¿Gritándonos con un megáfono de mierda nos está ayudando?<br />
Juan resopló y miró para abajo. Los espinillos empezaban a cubrirse de sombras. Los últimos rayos de luz refulgían sobre las sierras.<br />
Se puso fresco. Ambos quitaron las manos de los caños de seguridad, que ya estaban helados.<br />
—No traje ni una puta campera —dijo Seba.<br />
—¿Y yo? ¿Me ves con bufanda y traje de astronauta?<br />
—Me importa una mierda si a vos te hace frío. Por mí te podés caer y hacerte mierda ahí abajo.<br />
Juan le pegó una trompada en el hombro.<br />
—Sos el puto más quejoso que conocí en mi vida, pelotudo.<br />
Seba se volvió y le metió un codazo en la barbilla.<br />
Juan dijo: —¡Uh! —antes de abalanzarse sobre su compañero.<br />
Los engranajes rechinaban por el forcejeo. Cuando uno de ellos intentaba quitarse el arnés de seguridad para poder atacar mejor, el otro aprovechaba para golpearlo, e igual a la inversa.<br />
Ya estaban sumidos en una oscuridad completa cuando la voz del megáfono volvió a hablar:<br />
—MUCHACHOS, ACÁ ESTÁ EL TÉCNICO, DICE QUE AGUANTEN UN CACHITO, QUE YA CASI ESTÁ LISTO.<br />
Esta vez no hubo respuestas. El cable de la aerosilla se sacudía en una vibración aleatoria, pero el hombre del megáfono pensaba que era por el viento.<br />
—¿Es normal que se mueva tanto? —preguntó el fotógrafo que se había quedado en la explanada para ver cómo rescataban a los pasajeros.<br />
—No sé, es la primera vez que se nos queda gente clavada a mitad de camino.<br />
Y entonces el técnico anunció:<br />
—Está listo.<br />
Y accionó la palanca.<br />
Los tres se quedaron escuchando el motor ronco que se comía el cable, enrollándolo.<br />
Tenían los ojos entrecerrados para adivinar las siluetas en el oscuro.</p>
<br /><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/categories/brevesrelatos.wordpress.com/21/" /> <img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/tags/brevesrelatos.wordpress.com/21/" /> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gocomments/brevesrelatos.wordpress.com/21/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/comments/brevesrelatos.wordpress.com/21/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/godelicious/brevesrelatos.wordpress.com/21/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/delicious/brevesrelatos.wordpress.com/21/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gofacebook/brevesrelatos.wordpress.com/21/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/facebook/brevesrelatos.wordpress.com/21/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gotwitter/brevesrelatos.wordpress.com/21/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/twitter/brevesrelatos.wordpress.com/21/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gostumble/brevesrelatos.wordpress.com/21/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/stumble/brevesrelatos.wordpress.com/21/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/godigg/brevesrelatos.wordpress.com/21/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/digg/brevesrelatos.wordpress.com/21/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/goreddit/brevesrelatos.wordpress.com/21/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/reddit/brevesrelatos.wordpress.com/21/" /></a> <img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=brevesrelatos.wordpress.com&amp;blog=3880545&amp;post=21&amp;subd=brevesrelatos&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></content:encoded>
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			<media:title type="html">José Playo</media:title>
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		<title>Carta a la locura</title>
		<link>http://brevesrelatos.wordpress.com/2007/12/20/carta-a-la-locura/</link>
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		<pubDate>Thu, 20 Dec 2007 15:02:56 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José Playo</dc:creator>
				<category><![CDATA[Filiales]]></category>

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		<description><![CDATA[Pienso en la mano quieta que ya no empuñará otro poema, en el animal furioso que hoy estará libándote las ideas. Ochenta navidades te tomaron por sorpresa. Recuerdo una tarde. Me senté a tu mesa con los fantasmas podridos de la ausencia. Y razonaste por última vez. Ese día te compartí con los muertos. Te [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=brevesrelatos.wordpress.com&amp;blog=3880545&amp;post=20&amp;subd=brevesrelatos&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Pienso en la mano quieta que ya no empuñará otro poema, en el animal furioso que hoy estará libándote las ideas.<br />
<span id="more-20"></span> Ochenta navidades te tomaron por sorpresa.<br />
Recuerdo una tarde. Me senté a tu mesa con los fantasmas podridos de la ausencia. Y razonaste por última vez.<br />
Ese día te compartí con los muertos. Te escuché con miedo declarar el tráfico silente de espectros azulados que rozaban los respaldos de las sillas, y vuelvo a jurar hoy que, por mucho que separara los párpados, ni cien gramos de alma en pena me llevé entre las pestañas.<br />
Todavía sueño que compartimos lecturas en esa misma mesa que ahora más que nunca nos depone.<br />
De un lado los cuerdos, del otro los fantasmas en pijama que te esperan.<br />
Te visité una vez más. Ya en ese espacio lento, medroso, tan de mesas de luz con pastillas y vasos de agua fresca y enfermeras. Y me rendí ante tus ojos, rogándote que ya no me hicieras contabilizar tus aparecidos, tus señores de sobretodo mojado esperándote junto a las llaves de luz y las puertas. No lo dije entonces, pero en un baúl tan imaginario como la novela que inspiraste, he confinado a tus muertos para que no asomen las falanges y me sorprendan.<br />
Los enmascarados y los que no tenían piel. Los que babeaban lágrimas negras.<br />
Todos ahora callan y esperan.<br />
Acá, en esta tierra firme en la que no tengo el privilegio de la almohada que carga tu cabeza, pienso en tu despedida.<br />
Compadezco al techo fijo que recibe de mala gana tus plegarias, compadezco a los pasillos que ofician de laberintos para disolver las buenas ideas.<br />
Hoy soy una traición que alienta al animal que te acecha.<br />
Que no se rinda, pido.<br />
Que acabe de una vez, que por fin devore las deshoras, el hastío, los balbuceos sacrosantos, las blasfemias subjuntivas.<br />
A ver si algún día suena este teléfono y me cuentan que te has ido.<br />
A ver si puedo dejar caer los brazos para que se diluya febrero y tu irrealidad me deje en paz.<br />
Que de noche escucho gruñir el hocico sobre el festín que es tu cordura sangrante.<br />
Que lloro en sueños estáticos de los que no puedo emanciparme.<br />
Despertar es emerger el rostro del agua.<br />
Que lloro. Y soy como las piedras:<br />
cubro cuerpos fenecidos que burbujean.</p>
<p>No los quiero destapar.</p>
<br /><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/categories/brevesrelatos.wordpress.com/20/" /> <img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/tags/brevesrelatos.wordpress.com/20/" /> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gocomments/brevesrelatos.wordpress.com/20/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/comments/brevesrelatos.wordpress.com/20/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/godelicious/brevesrelatos.wordpress.com/20/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/delicious/brevesrelatos.wordpress.com/20/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gofacebook/brevesrelatos.wordpress.com/20/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/facebook/brevesrelatos.wordpress.com/20/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gotwitter/brevesrelatos.wordpress.com/20/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/twitter/brevesrelatos.wordpress.com/20/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gostumble/brevesrelatos.wordpress.com/20/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/stumble/brevesrelatos.wordpress.com/20/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/godigg/brevesrelatos.wordpress.com/20/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/digg/brevesrelatos.wordpress.com/20/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/goreddit/brevesrelatos.wordpress.com/20/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/reddit/brevesrelatos.wordpress.com/20/" /></a> <img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=brevesrelatos.wordpress.com&amp;blog=3880545&amp;post=20&amp;subd=brevesrelatos&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></content:encoded>
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		<title>Borgeos</title>
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		<pubDate>Thu, 20 Dec 2007 15:02:21 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José Playo</dc:creator>
				<category><![CDATA[Breves relatos]]></category>

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		<description><![CDATA[El hombre de barba se había puesto de pie y mantenía su índice en un subibaja para enfatizar: —Porque yo no era un mal padre, fijáte vos —explicaba. Silencioso, con juntas desparejas, cubierto de un musgo oscuro y brillante, su interlocutor, un muro de piedras, permanecía indiferente. —Cuando esa noche escuché ruidos afuera de la [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=brevesrelatos.wordpress.com&amp;blog=3880545&amp;post=19&amp;subd=brevesrelatos&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>El hombre de barba se había puesto de pie y mantenía su índice en un subibaja para enfatizar:<br />
—Porque yo no era un mal padre, fijáte vos —explicaba.<br />
<span id="more-19"></span> Silencioso, con juntas desparejas, cubierto de un musgo oscuro y brillante, su interlocutor, un muro de piedras, permanecía indiferente.<br />
—Cuando esa noche escuché ruidos afuera de la carpa, salí. Tenía que ver qué pasaba —continuó el hombre—. Así que las dejé a mi mujer y a mi hija adentro para no exponerlas. Fijáte vos lo que es el instinto de padre, che.<br />
El muro, inmutable, soportó el golpe del puño con firmeza.<br />
Los muros de su estilo derrochan firmeza.<br />
—Mi hija era bebé todavía. Gorjeaba, no había aprendido a hablar. Si algo le pasaba, no iba a poder avisarnos de qué se trataba, y yo, cuando me agarra la incertidumbre, me pierdo, no sé qué pasa, mirá —agregó mientras se peinaba la barba en un cono invertido con la mano—: <em>no-sé-qué-pasa</em>.<br />
El muro, indiferente, ni crujió.<br />
—La cuestión es que era un gato lo que había afuera. Un gato gris y blanco, un gato de mierda —retomó con el índice en alto—. Ahí me dije que era un boludo, que cómo me voy a asustar por un gato de mierda.<br />
El hombre calló primero y se llevó el índice hasta hacer una cruz con sus labios después. Tenía los ojos bien abiertos.<br />
En algún lugar de la oscuridad, una gota se desprendió y golpeó el suelo con un tincazo líquido y grave.<br />
Volvió a sentarse con las piernas cruzadas frente al muro.<br />
Pasaron unos minutos más y la condena Divina volvió a repetirse.</p>
<p>El hombre de barba se había puesto de pie y mantenía su índice en un subibaja enfatizando:<br />
—Porque yo no era un mal padre, fijáte vos&#8230;</p>
<p>Ese era el castigo.<br />
Para el muro, que se había portado muy mal.</p>
<br /><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/categories/brevesrelatos.wordpress.com/19/" /> <img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/tags/brevesrelatos.wordpress.com/19/" /> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gocomments/brevesrelatos.wordpress.com/19/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/comments/brevesrelatos.wordpress.com/19/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/godelicious/brevesrelatos.wordpress.com/19/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/delicious/brevesrelatos.wordpress.com/19/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gofacebook/brevesrelatos.wordpress.com/19/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/facebook/brevesrelatos.wordpress.com/19/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gotwitter/brevesrelatos.wordpress.com/19/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/twitter/brevesrelatos.wordpress.com/19/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gostumble/brevesrelatos.wordpress.com/19/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/stumble/brevesrelatos.wordpress.com/19/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/godigg/brevesrelatos.wordpress.com/19/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/digg/brevesrelatos.wordpress.com/19/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/goreddit/brevesrelatos.wordpress.com/19/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/reddit/brevesrelatos.wordpress.com/19/" /></a> <img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=brevesrelatos.wordpress.com&amp;blog=3880545&amp;post=19&amp;subd=brevesrelatos&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></content:encoded>
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		<title>Infidelidades permitidas</title>
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		<pubDate>Thu, 20 Dec 2007 15:01:54 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José Playo</dc:creator>
				<category><![CDATA[Breves relatos]]></category>

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		<description><![CDATA[Hago nidos clandestinos en señoras casadas con la indiferencia. Cuando a la mañana los autos le dan la espalda a los hogares que sucumben a la voz metálica de las radios, yo entro con la brisa por las ventanas para arrugar sus camisones. Son amas de casa que hay que ver cómo explotan, cómo se [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=brevesrelatos.wordpress.com&amp;blog=3880545&amp;post=18&amp;subd=brevesrelatos&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Hago nidos clandestinos en señoras casadas con la indiferencia. Cuando a la mañana los autos le dan la espalda a los hogares que sucumben a la voz metálica de las radios, yo entro con la brisa por las ventanas para arrugar sus camisones.<br />
<span id="more-18"></span> Son amas de casa que hay que ver cómo explotan, cómo se entregan, lo bien que preparan un café como preludio de la revuelta.<br />
A mi paso queda el tendal de ruleros y hebillas, un sendero colorido de pantuflas; mil mujeres reencontrándose con sus sonrisas.<br />
Y las tomo en los baños, en las cocinas, y mi amor huele a victoria sobre los productos de limpieza, a emancipación, a rebeldía.<br />
Cuando sus rostros lampiños se entierran en mis piernas, les enseño la mueca que deben hacer para burlar a la muerte y a la rutina.<br />
Soy más importante que el lechero, que el tocadiscos, que la escoba en la vereda: soy quien resquebraja sus mañanas con la melodía de un pecado inolvidable.<br />
Veinte minutos de independencia y conquista; la sombra que las devuelve a la cama antes del mediodía, donde sudan, se exprimen, se lastiman.<br />
Y, perfumado de fragancias de hogares costumbristas, gano las calles otra vez.<br />
A veces ellas me miran sonrientes, complacidas.<br />
Un par de ojos penitentes entre las cortinas.<br />
Jamás ensayo besos en el aire. Besar así es sellar un pacto, promover una cercanía.<br />
Yo soy la carne que improvisa, el repuesto.<br />
La brisa.<br />
Eso soy. Lo saben ellas.<br />
Y me rezan cada noche todas mis vecinas.<br />
De rodillas, susurran mi nombre entre comillas.<br />
Y se duermen después aleteando en sueños los ensayos de una entrega que las conmina.</p>
<address><em>Del libro “<strong>En mi cuadra todas fueron mías</strong>”, de <strong>Mario Chubut</strong>.</em></address>
<br /><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/categories/brevesrelatos.wordpress.com/18/" /> <img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/tags/brevesrelatos.wordpress.com/18/" /> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gocomments/brevesrelatos.wordpress.com/18/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/comments/brevesrelatos.wordpress.com/18/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/godelicious/brevesrelatos.wordpress.com/18/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/delicious/brevesrelatos.wordpress.com/18/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gofacebook/brevesrelatos.wordpress.com/18/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/facebook/brevesrelatos.wordpress.com/18/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gotwitter/brevesrelatos.wordpress.com/18/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/twitter/brevesrelatos.wordpress.com/18/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gostumble/brevesrelatos.wordpress.com/18/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/stumble/brevesrelatos.wordpress.com/18/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/godigg/brevesrelatos.wordpress.com/18/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/digg/brevesrelatos.wordpress.com/18/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/goreddit/brevesrelatos.wordpress.com/18/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/reddit/brevesrelatos.wordpress.com/18/" /></a> <img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=brevesrelatos.wordpress.com&amp;blog=3880545&amp;post=18&amp;subd=brevesrelatos&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></content:encoded>
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		<title>Transporte y violencia</title>
		<link>http://brevesrelatos.wordpress.com/2007/12/20/transporte-y-violencia/</link>
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		<pubDate>Thu, 20 Dec 2007 15:01:02 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José Playo</dc:creator>
				<category><![CDATA[Breves relatos]]></category>

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		<description><![CDATA[El señor que dice ser tu padre estaciona el colectivo en la vereda. Ha desviado la mole cuarenta cuadras fuera del recorrido para detener las gomas en tu acera. La palanca de cambios revestida de peluche —piensa— es un ancla que debe hundirse en tus alcantarillas: algo hay que hacer para detener el movimiento espasmódico [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=brevesrelatos.wordpress.com&amp;blog=3880545&amp;post=17&amp;subd=brevesrelatos&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>El señor que dice ser tu padre estaciona el colectivo en la vereda.<br />
<span id="more-17"></span> Ha desviado la mole cuarenta cuadras fuera del recorrido para detener las gomas en tu acera.<br />
La palanca de cambios revestida de peluche —piensa— es un ancla que debe hundirse en tus alcantarillas: algo hay que hacer para detener el movimiento espasmódico de los escarpines que, colgados del retrovisor, caminan en el aire flameando como banderas.<br />
De una vez por todas —se dice— el timbre, bajo el peso de los dedos, tiene que sucumbir en un ronquido descompuesto: que ya no sirva —pide—, que termine esta vuelta.<br />
El señor que dice ser tu padre aferra el volante.<br />
Junto a la ventanilla, un banderín desteñido de San Lorenzo; dentro de la camisa celeste,  un corazón de boleto picado y de cifras necias.<br />
Atrás, entre los asientos, los pasajeros son un retazo desconcertado que reclama el viaje pautado y no dan tregua.<br />
El motor regula con paciencia.<br />
El señor que dice ser tu padre recibe un cachetazo. Se vuelve, sacudido en su ensoñación, para descubrir al hombre de traje que lo observa con los ojos animales, la mirada de la demora, la cita a la que no llega.<br />
Alguien se precipita desde el fondo a los codazos.<br />
—¡Arrancá, pelotudo!<br />
Dos niños rompen en llanto, un zapateo marcial acribilla la alfombra de goma sobre la que todos esperan.<br />
El señor que dice ser tu padre vuelve la vista hacia la puerta de tu casa, donde espera encontrarte y no te encuentra.<br />
Una embarazada le sacude el hombro con violencia. La camisa celeste se rasga desnudando la piel donde las manos de los vendedores ambulantes forjaron un camino de palmadas certeras. La mujer encinta pone sobre los hombros de tu padre dos pechos enormes y estira los brazos; aprieta botones y acciona palancas con furia e insolencia.<br />
Todos quieren la liberación del soplido de la puerta, la posibilidad del descenso con las manos como viseras.<br />
La inmovilidad los enloquece y putean.<br />
Todos putean.<br />
El sol del mediodía cuece cuarenta y tantas almas dentro de un colectivo estacionado en tu vereda.<br />
El señor que dice ser tu padre ve al hombre rollizo de mameluco que se acerca:<br />
—Arrancá o te doy un puntazo, puto de mierda.<br />
Y eso desata la catarata de violencia: octogenaria psicosis, amor filial capicúa, tres alfajores por un peso, los cachetazos, los codazos, los patadones en las piernas.<br />
El señor que dice ser tu padre apaga el motor y la multitud estalla enardecida y pisotea.<br />
El suelo es una alfombra de boletos viejos, de celofán de caramelos, de <em>señores pasajeros tengan ustedes muy buenas tardes</em> y como si esto fuera poco, el vehículo se zarandea al ritmo de la paliza que le dan al señor que dice ser tu padre y que no se apea.<br />
—¡Ya te voy a dar prohibido salivar, pelotudo!<br />
—¡Prohibido fumar, las pelotas!<br />
—¡En caso de incendio rompa el vidrio y la concha de tu madre!<br />
Todos sentencian.<br />
El vehículo arranca otra vez y por los tres escalones revestidos de goma resbala el cuerpo apaleado del señor que dice ser tu padre y que ya no maneja.<br />
Dos cubiertas Pirelli se despegan de tu calle, llevándose el colectivo con el vidrio trasero atiborrado de caras y manos anónimas que, en un reclamo bullicioso y decadente, golpean.<br />
Antes de morir ahogado en una tos sanguinolenta, el hombre que dice ser tu padre besa la piel áspera de tu vereda mugrienta.</p>
<br /><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/categories/brevesrelatos.wordpress.com/17/" /> <img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/tags/brevesrelatos.wordpress.com/17/" /> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gocomments/brevesrelatos.wordpress.com/17/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/comments/brevesrelatos.wordpress.com/17/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/godelicious/brevesrelatos.wordpress.com/17/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/delicious/brevesrelatos.wordpress.com/17/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gofacebook/brevesrelatos.wordpress.com/17/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/facebook/brevesrelatos.wordpress.com/17/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gotwitter/brevesrelatos.wordpress.com/17/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/twitter/brevesrelatos.wordpress.com/17/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gostumble/brevesrelatos.wordpress.com/17/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/stumble/brevesrelatos.wordpress.com/17/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/godigg/brevesrelatos.wordpress.com/17/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/digg/brevesrelatos.wordpress.com/17/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/goreddit/brevesrelatos.wordpress.com/17/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/reddit/brevesrelatos.wordpress.com/17/" /></a> <img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=brevesrelatos.wordpress.com&amp;blog=3880545&amp;post=17&amp;subd=brevesrelatos&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></content:encoded>
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			<media:title type="html">José Playo</media:title>
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		<title>Once meses</title>
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		<pubDate>Thu, 20 Dec 2007 15:00:35 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José Playo</dc:creator>
				<category><![CDATA[Filiales]]></category>

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		<description><![CDATA[Sospecho que mi hija sabe. Sus ojos enormes nos siguen y la certeza se materializa en su cabecita: falta un mes para su cumpleaños y no hemos organizado nada. Nuestro dilema es un trabalenguas: el primer cumpleaños que le festejamos a una persona que va a festejar su primer cumpleaños. El margen de error es [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=brevesrelatos.wordpress.com&amp;blog=3880545&amp;post=16&amp;subd=brevesrelatos&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Sospecho que mi hija sabe.<br />
<span id="more-16"></span> Sus ojos enormes nos siguen y la certeza se materializa en su cabecita: falta un mes para su cumpleaños y no hemos organizado nada.<br />
Nuestro dilema es un trabalenguas: el primer cumpleaños que le festejamos a una persona que va a festejar su primer cumpleaños. El margen de error es enorme.<br />
—¿Esto es realmente una familia? —le pregunto a mi mujer.<br />
La duda es un animal que camina sin hacer ruido hasta hincar los dientes en la coraza que nos protege de la culpa.<br />
—¿Somos buenos padres? ¿Estaremos generando un trauma que convertirá a nuestra bebé en un adulto resentido? —pregunto con pesar.<br />
Es que tenemos tantos parientes que han sido víctimas de gruesos errores de crianza y hoy son la cara de culo infaltable en los casamientos, que la perspectiva nos atormenta.<br />
Me juego el mate a que la mayoría de ellos no tuvo un buen primer cumpleaños.<br />
—¡NO PIENSO DISFRAZARME! —declaro, de pie, en el living.<br />
Las máscaras, las túnicas y las pelucas caen al suelo, mudas. Disfrazarse es un viaje de ida. Tengo un tío gordo al que siempre ridiculizan sistemáticamente en las fiestas; es “el tío que siempre se disfraza” y lo será por el resto de sus días.<br />
Y le pesa, ojo. Lo confesó en la soledad de una terraza, con la espalda apoyada en el tanque de agua, un día en el que lo sorprendí cuando subí al techo para acomodar la antena. Sólo se limitó a mirarme, a dejar que esos ojos que tantas veces le dieron vida a las caretas de Batman y de Larguirucho, destilaran la desesperanza plañidera. La botella de ginebra carraspeó, vacía, mientras giraba sobre la capa aisladora.<br />
—Ojalá que nunca te toque —recuerdo que dijo con una sonrisa difusa, producto del pedo que cargaba.<br />
—No pienso disfrazarme —le repito a mi mujer—. Lo último que necesito es crecer y convertirme en el tío Toto.<br />
—Shhh —responde ella.<br />
No estamos solos; está nuestra hija que escucha. Sus ojitos asoman sobre un peluche nefasto que pierde relleno enquilombándonos el living.<br />
Esa mirada, no me jodan, demuestra que sabe.<br />
—…que no pienso disfrazarme para el concurso ese que me contaste —miento para distraerla.<br />
La paternidad me ha convertido en un fabulador patológico, en un artista del engaño, en un David Copperfield sin glamour.<br />
Falta un mes para su cumpleaños y no tenemos más que incertidumbre y malos ejemplos. Los cumpleaños de boludos grandotes como nosotros son diferentes. ¿Globos? Yo no los colgaría para alegrar la vista de seis barbudos que en realidad vienen a verme porque hay cerveza. En las fiestas infantiles, en cambio, esos detalles hacen a la ceremonia. Digo, sin esos detalles, no hay fiesta.<br />
Pensemos en la piñata, una cosa tosca que cuelga deforme desde el techo con el vientre cargado de porquerías, la madre nodriza de los globos, condenada a un palazo que termine su dolor. Y de ahí en más, la torta, los vasos descartables, las velitas, los bonetes, las narices falsas, el griterío infernal de esas gargantitas mínimas.<br />
Soy dramático y quejón por naturaleza.<br />
¿Qué hacen los buenos padres?<br />
Me llevo ese interrogante a la cama, y continúo rumiándolo en la oscuridad.<br />
—No tengo tiempo —declaro.<br />
—¿No tenés tiempo? —repregunta mi mujer.<br />
Sabe que cuando miento y me repreguntan, acabo confesando la verdad.<br />
—Tengo que escribir una nota de veinte páginas para una revista —sigo embarrándome.<br />
Mientras lo hago, aprieto un ojo bien fuerte, a la espera de la estocada final de la verdad, que siempre nos desvela.<br />
—¿Veinte páginas no es mucho? ¿Sobre qué es? —insiste ella.<br />
Si mi mujer volviera a nacer, sería un investigador de casos fraudulentos en una compañía de seguros: puede oler las excusas pelotudas a la legua.<br />
—Es sobre los derechos de los niños, sobre lo que necesitan, sobre la constitución de los hogares, sobre la función del Estado, sobre desarrollarse y convertirse en adultos sanos —enumero.<br />
Se hace un silencio. Recién entonces, una vez verbalizada, comprendo la consigna de la Revista, hasta el momento pensaba que se trataba de explicar sucintamente lo que es un hogar modelo para un niño.<br />
—Nunca entiendo las consignas a la primera vuelta —observo.<br />
—Es un tema muy interesante. Yo soy de las que piensan que en los buenos hogares a los niños se les da lo que necesitan, que no es otra cosa que amor.<br />
—Claaaro —digo mientras volteo la mano en la oscuridad.<br />
—Y soy de las que piensan que los pequeños detalles son los que importan, no los planes grandilocuentes —continúa.<br />
Amo cuando dice esa palabra. Es la única persona que debería tener permiso en este planeta para usarla en mi casa.<br />
—Los pequeños detalles… —repito en voz baja.<br />
—Sí, como un padre que se anime a dejar de lado los prejuicios y que tenga huevos para ponerse, por ejemplo, una careta.<br />
Desde una terraza imaginaria tío Toto parece gritarme:<br />
—¡Cuidado, es el comienzo del fin!<br />
Me dispongo a retrucar con cualquier pavada, cuando las luces lejanas de un auto anónimo barren el cuarto desde la calle y descubren la sonrisa dormida entre nosotros.<br />
¿Qué es una sonrisa? Nuestra hija tuvo sólo once meses para ensayar la suya, y, sea como sea, esta mueca simpática es el mayor logro de la humanidad. Me cago en la rueda y en la imprenta.<br />
De pronto descarto la idea de pedirle a mi cuñada que se haga cargo de todo y que me llame cuando haya que despedir a los invitados. ¿Qué me pasa? ¿Qué siento, además de temor porque mi mujer no es ninguna boluda?<br />
Que estoy en falta. Eso es.<br />
“Debo hacer algo que promueva esta muequita rosada”, pienso.<br />
¿Piñatas? ¿Espantasuegras? ¿Parientes lacios del pedo que se agarrarán a mi cuenta? Acabo de entender que para una foto en la que ella se ría y a nosotros nos falte la mitad de la cabeza, todo eso bien vale la pena.</p>
<br /><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/categories/brevesrelatos.wordpress.com/16/" /> <img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/tags/brevesrelatos.wordpress.com/16/" /> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gocomments/brevesrelatos.wordpress.com/16/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/comments/brevesrelatos.wordpress.com/16/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/godelicious/brevesrelatos.wordpress.com/16/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/delicious/brevesrelatos.wordpress.com/16/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gofacebook/brevesrelatos.wordpress.com/16/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/facebook/brevesrelatos.wordpress.com/16/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gotwitter/brevesrelatos.wordpress.com/16/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/twitter/brevesrelatos.wordpress.com/16/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gostumble/brevesrelatos.wordpress.com/16/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/stumble/brevesrelatos.wordpress.com/16/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/godigg/brevesrelatos.wordpress.com/16/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/digg/brevesrelatos.wordpress.com/16/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/goreddit/brevesrelatos.wordpress.com/16/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/reddit/brevesrelatos.wordpress.com/16/" /></a> <img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=brevesrelatos.wordpress.com&amp;blog=3880545&amp;post=16&amp;subd=brevesrelatos&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></content:encoded>
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		<title>Interrogantes</title>
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		<pubDate>Thu, 20 Dec 2007 14:59:53 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José Playo</dc:creator>
				<category><![CDATA[Breves relatos]]></category>

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		<description><![CDATA[La casa olía a bife frío, a herrumbre, a perro mojado. Cruzamos la puerta principal y el tufo nos golpeó como un guantazo, obligándonos a correr la cara. Carlos se tapó la nariz, yo me limité a señalar la cocina, donde la señora Percas nos esperaba. Tenía poco más de cuarenta, y un par de [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=brevesrelatos.wordpress.com&amp;blog=3880545&amp;post=15&amp;subd=brevesrelatos&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>La casa olía a bife frío, a herrumbre, a perro mojado.<br />
<span id="more-15"></span> Cruzamos la puerta principal y el tufo nos golpeó como un guantazo, obligándonos a correr la cara. Carlos se tapó la nariz, yo me limité a señalar la cocina, donde la señora Percas nos esperaba.<br />
Tenía poco más de cuarenta, y un par de piernas torneadas que mantenía cruzadas. Pendiendo del pie había una pantufla rosada que se balanceaba.<br />
La pantufla era lo único que parecía tener vida en esa cocina, todo lo demás estaba quieto.<br />
Estaba sentada frente la mesa del desayunador y llevaba un vestido rojo a lunares blancos. Su mirada ausente me recordó a una vieja publicidad de electrodomésticos.<br />
—¿Escote o piernas? —preguntó Carlos en voz baja mientras nos acercábamos.<br />
El escote, por cierto, era un horizonte que dividía dos planetas inmensos y turgentes en el pecho de la señora Percas. Siempre he tenido un gusto especial por los interrogatorios, por la construcción del discurso argumental. De la misma manera me apasiona el amor que la gente siente por los escotes. Hay quienes han perdido apuestas y amigos y casas y autos por escotes.<br />
—Piernas —sentencié antes de presentarnos.<br />
—Señora Percas, mi nombre es Adrián Ávila, y él es Carlos Bonea, somos…<br />
La mujer ni siquiera levantó la vista. Su mirada seguía clavada ahí, en un punto indefinido y lejano, del que nuestra presencia no podía hacerla volver.<br />
Ya lo había advertido uno de nuestros colegas:<br />
—Está loca, como una puta electrocutada.<br />
Carlos retomó el diálogo, pero tampoco obtuvo buenos resultados, por lo que decidió aplicar su técnica.<br />
“Presión de puntos colaterales”, la llamaba, y sólo él entiende cómo funciona. Hay cosas que es mejor no entenderlas; yo, en estos casos, me limito a seguirle la corriente.<br />
—Buenas tetas, señora Percas —dijo.<br />
Y el silencio persistió. Aunque, si me lo preguntan, yo diría que hubo un mínimo respingo. Un “algo”. Pero no sé. Olvido siempre los anteojos cuando tengo que ver detalles. Según mi analista, es una forma de autoboicotearme.<br />
—Y de piernas no está nada mal —agregó Carlos, al tiempo que estiraba una mano y recorría la pantorrilla de la señora con el dedo—. ¿Qué opina usted, compañero?<br />
Yo asentí primero y me aflojé el nudo de la corbata después.<br />
Tuve que aclarar la garganta antes de continuar:<br />
—Que con esa boca seguro que si te la chupa se te pierda la sábana de dos plazas enterita por el culo.<br />
Carlos se volvió y me dedicó una sonrisa mínima. Después retomó la posta:<br />
—¿Quiere hacernos una prueba, señora Percas? ¿Quiere que subamos un rato a la habitación y nos desvistamos así nos muestra esas cosas que usted hace?<br />
La señora pestañeó. Una sola vez, involuntariamente. Supe enseguida que había algo, como una alarma interna, que se estaba disparando dentro de su cabeza. Noté también la forma en que los nudillos de una de sus manos se habían blanqueado al aumentar la presión sobre la tela del vestido que aferraba desde que entramos.<br />
“Presión de puntos colaterales” y la puta que te reparió, Carlos. Deberías registrar esta técnica, porque es infalible.<br />
Estábamos logrando algo. Era mérito de Carlos, por supuesto, así que lo dejé continuar:<br />
—¿Es usted una putita insaciable, señora Percas? ¿Le gustan los morochones como nosotros, predispuestos y bien dotados?<br />
—¿Le gusta que le hagan sanguchito? —agregué para terminar de pintar el cuadro.<br />
Entonces la señora Percas tragó saliva. Y esta vez lo vimos los dos, y a mí no me hicieron falta los anteojos ni nada, porque se vio clarito. Y, acto seguido, se volvió hacia Carlos y le dijo:<br />
—Llevame arriba y te meto tal cabalgada que te dejo seco como una momia, morocho.<br />
Y yo lo miré a Carlos, quien se puso de pie, sacó las esposas que llevaba en el cinturón y se las colocó a la señora Percas.<br />
Habíamos ganado.<br />
—Está arrestada por el crimen de su marido, señora —dijo Carlos.<br />
Ella pareció salir en ese momento del trance, porque pestañeó dos o tres veces y se puso a mirar el suelo de la cocina, donde la sangre cubría todo.<br />
Cuando reparó en el cuerpo del señor Percas, desnudo y sentado de espaldas a la heladera, con el mango del cuchillo asomándole de la frente, gritó, y tuvieron que venir dos agentes más a llevársela porque pataleaba como un bambi enjaulado.<br />
Al final quedamos Carlos y yo llenando los papeles.<br />
—Es infalible mi método, chico —se ufanó.<br />
Yo no dije nada, y entonces Carlos se volvió a mirarme y me estudió unos instantes, hasta que me dijo:<br />
—Te puso celoso.<br />
—¿El qué?<br />
—Que la señora Percas me invitara a mí solo a su habitación, te puso celoso.<br />
—No quiero hablar de eso ahora —respondí.<br />
Carlos entonces se acercó, me rodeó la cintura con su brazo y me mordió el lóbulo de la oreja.<br />
—No seas tontito, esto no es más que un trabajo —dijo.<br />
Y yo lo abracé fuerte y lo besé, porque es el dueño de la boca más hermosa del destacamento.<br />
Después nos fuimos a la oficina a presentar el informe. Se había hecho tarde, eran las cuatro menos cuarto.</p>
<br /><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/categories/brevesrelatos.wordpress.com/15/" /> <img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/tags/brevesrelatos.wordpress.com/15/" /> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gocomments/brevesrelatos.wordpress.com/15/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/comments/brevesrelatos.wordpress.com/15/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/godelicious/brevesrelatos.wordpress.com/15/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/delicious/brevesrelatos.wordpress.com/15/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gofacebook/brevesrelatos.wordpress.com/15/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/facebook/brevesrelatos.wordpress.com/15/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gotwitter/brevesrelatos.wordpress.com/15/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/twitter/brevesrelatos.wordpress.com/15/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gostumble/brevesrelatos.wordpress.com/15/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/stumble/brevesrelatos.wordpress.com/15/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/godigg/brevesrelatos.wordpress.com/15/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/digg/brevesrelatos.wordpress.com/15/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/goreddit/brevesrelatos.wordpress.com/15/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/reddit/brevesrelatos.wordpress.com/15/" /></a> <img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=brevesrelatos.wordpress.com&amp;blog=3880545&amp;post=15&amp;subd=brevesrelatos&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></content:encoded>
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		<title>Analogía</title>
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		<pubDate>Thu, 20 Dec 2007 14:45:34 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José Playo</dc:creator>
				<category><![CDATA[Breves relatos]]></category>

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		<description><![CDATA[Juega. Lady Bristol juega. Toma entre sus manos esta erección que ostento y juega. —Tonto Marcus —me dice. Y se arrodilla para descubrir detrás de ella la ventana donde la ciudad toda se incendia. El fuego purifica y nos espera. El universo es una pira, cien columnas de humo conectándose con el fulgor lechoso de [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=brevesrelatos.wordpress.com&amp;blog=3880545&amp;post=14&amp;subd=brevesrelatos&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Juega.<br />
Lady Bristol juega.<br />
Toma entre sus manos esta erección que ostento y juega.<br />
<span id="more-14"></span> —Tonto Marcus —me dice. Y se arrodilla para descubrir detrás de ella la ventana donde la ciudad toda se incendia.<br />
El fuego purifica y nos espera.<br />
El universo es una pira, cien columnas de humo conectándose con el fulgor lechoso de un cielo que no abreva.<br />
Lady Bristol que me dice:<br />
—Venga.<br />
La sigo. Hasta la cama la sigo, donde se acuesta de espaldas, se sube la falda y me pide:<br />
—Juega. Conmigo, juega.<br />
Su dedo señala la entrepierna.<br />
Voy. El humo se enrula devorando avenidas enteras. Los coches ciegos levantan las luces, se precipitan, estallan en las esquinas, y sus piernas atenazan mi cabeza. Las piernas de una mujer son la autopista de la belleza.<br />
El infierno se multiplica de los vidrios para afuera. Hay gritos, correrías, espíritus que sucumben carbonizados, enancados en gritos postreros que amedrentan.<br />
Mis palabras se ahogan en el cuenco de Lady Bristol, enmudecen en un verbo chamuscado por el eco de la carne cuando quema.<br />
Respiro. Una bocanada exasperada doy y un gemido ronco me llega amortiguado por sus muslos en mis orejas.<br />
Relamiendo esta fiebre pringosa insisto con mis manos que buscan su pecho agitado, la fuente de un calor que es sudor, que es el tufo y las campanadas desesperadas de una iglesia.<br />
Las llamas relamen la ciudad como lo hace ahora mi lengua.<br />
Estoy sobre ella. Juego a morder el cuello en el que se esconden palpitantes cuántas venas.<br />
Me yergo. La ceremonia de los amantes es una guerra.<br />
—Ahora —ruega ella.<br />
Separo sus piernas. Hay un rugido que brama por las alcantarillas y eructa llamaradas que empujan las tapas de los desagües hacia fuera.<br />
Arremeto con una furia imperfecta.<br />
Sobre un lienzo grabado por el sudor despótico de hombres ruines, juego con ella.<br />
Esta piel suya desespera y quema.<br />
Las cenizas se levantan como un manto asmático que todo lo puebla.<br />
Grita.<br />
Peleando por encontrar una compensación satisfactoria de espasmos que la descompriman, grita mi nombre.<br />
Somos un río de babas resecas que se agrietan, se evaporan, hierven, se entremezclan.<br />
Empujo más.<br />
—Marcus —susurra ella.<br />
Y sus manos aferran mi cintura promoviendo un empuje que me acelera.<br />
Gritamos. Afuera el mundo se descascara para desnudar la impía anatomía de los ladrillos y las veredas.<br />
Retozamos más, con las pieles transidas por un cosquilleo primigenio que nos compensa.<br />
—Marcus, la ciudad se quema —susurra ella.<br />
Muerdo su boca. Con su labio entre mis dientes, con su labio que es mi presa.<br />
—Que no, mujer.<br />
Ella abre los ojos, sorprendida por el dolor caliente que la marea, por el crepitar del piso, por el fulgor ígneo de nuestras pupilas amarillentas.<br />
—La ciudad —mascullo—… la ciudad también juega.</p>
<br /><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/categories/brevesrelatos.wordpress.com/14/" /> <img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/tags/brevesrelatos.wordpress.com/14/" /> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gocomments/brevesrelatos.wordpress.com/14/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/comments/brevesrelatos.wordpress.com/14/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/godelicious/brevesrelatos.wordpress.com/14/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/delicious/brevesrelatos.wordpress.com/14/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gofacebook/brevesrelatos.wordpress.com/14/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/facebook/brevesrelatos.wordpress.com/14/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gotwitter/brevesrelatos.wordpress.com/14/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/twitter/brevesrelatos.wordpress.com/14/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gostumble/brevesrelatos.wordpress.com/14/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/stumble/brevesrelatos.wordpress.com/14/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/godigg/brevesrelatos.wordpress.com/14/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/digg/brevesrelatos.wordpress.com/14/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/goreddit/brevesrelatos.wordpress.com/14/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/reddit/brevesrelatos.wordpress.com/14/" /></a> <img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=brevesrelatos.wordpress.com&amp;blog=3880545&amp;post=14&amp;subd=brevesrelatos&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></content:encoded>
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			<media:title type="html">José Playo</media:title>
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		<title>El condenado</title>
		<link>http://brevesrelatos.wordpress.com/2007/12/20/el-condenado/</link>
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		<pubDate>Thu, 20 Dec 2007 14:44:51 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José Playo</dc:creator>
				<category><![CDATA[Breves relatos]]></category>

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		<description><![CDATA[Empezó cuando estábamos en el patio, aguardando frente a una bolsa repleta de armas primitivas. Querían confundirnos con la posibilidad de una victoria, evidentemente. Un viejo que estaba junto a mí fue el primero en darse cuenta: —No confiés en esas armas —me dijo. Le respondí con un fuerte golpe en el mentón. Cayó al [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=brevesrelatos.wordpress.com&amp;blog=3880545&amp;post=13&amp;subd=brevesrelatos&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Empezó cuando estábamos en el patio, aguardando frente a una bolsa repleta de armas primitivas.<br />
<span id="more-13"></span> Querían confundirnos con la posibilidad de una victoria, evidentemente.<br />
Un viejo que estaba junto a mí fue el primero en darse cuenta:<br />
—No confiés en esas armas —me dijo.<br />
Le respondí con un fuerte golpe en el mentón. Cayó al piso como una torre de naipes desmoronada.<br />
—¡Un agitador! —grité mientras lo señalaba.<br />
Otro condenado se alejó unos pasos de mí, temeroso. Era bueno que me temieran. Era lo mejor. Que supieran que yo era ruin, despiadado, peligroso.<br />
Nuestros guardias, unos brutales tokbors de armadura gris, se acercaron hasta el viejo y agujerearon su cuerpo con lanzas.<br />
Todavía gemía moribundo cuando el soldado de mayor rango se acercó hasta mí para hablarme:<br />
—Andando —dijo con aliento fétido.<br />
Uno detrás del otro, nos condujeron al interior del edificio.<br />
Los condenados formábamos una hilera lastimosa que se internaba en un pasillo largo y maloliente. A los costados, en lugar de paredes, había rejas por las que asomaban antebrazos brutales.<br />
Yo iba tercero en la fila, delante de mí había un gigante albino y, a la cabeza de nuestro patíbulo, un hermafrodita Sinx, alto y fibroso, de larga cabellera roja que aquellas manos brutales se empeñaban en alcanzar.<br />
&#8220;La carne de los Sinx sabe como ninguna&#8221;, dice el proverbio.<br />
El gigante albino lloriqueaba; el hermafrodita Sinx, no.<br />
Las criaturas detrás de las rejas nos llamaban, pero los guardias tokbors golpeaban con el mango de sus lanzas nuestras cabezas si nos volvíamos a mirar, o gruñían, y así los brazos volvían a esconderse.<br />
—Te veo en La Arena —gritó alguien desde esas sombras.<br />
Miré entre los barrotes y adiviné una cara extraña, pétrea, sin emociones.<br />
La máscaras de la muerte, la más versátil, la más original.<br />
Tenía que pensar en algo y rápido, apenas si quedaban unos cien metros antes del final del recorrido, donde una puerta muy iluminaba nos aguardaba.<br />
Uno de los tokbors que nos escoltaba pasó a mi lado. Su lanza todavía goteaba la sangre del hombre del patio que yo mismo delaté. Con prisa improvisé un cálculo y aproveché entonces la oportunidad, empujando con todas mis fuerzas su cuerpo robusto. Eso bastó para que perdiera el equilibrio y fuera a dar contra las rejas. Apenas su espalda golpeó los barrotes, florecieron a su alrededor cientos de brazos que lo inmovilizaron.<br />
Los tokbors son grandes y fuertes, sí, pero eran muchas manos, y mientras las uñas mugrientas se hundían en los cuencos de los ojos del guardia, o le jalaban con brutalidad los cabellos, nuestra fila se rompió, presa del pánico.<br />
El pasillo entero se convirtió en un caos y de nada sirvió que los demás tokbors que nos escoltaban intentaran apaciguarnos, sus lanzas chocaban contra las paredes y los techos, pero rara vez nos alcanzaban a los condenados.<br />
Yo corrí hacia la puerta saltando los cuerpos caídos. Afuera estaba La Arena, la posibilidad mínima de una salvación.<br />
Fui el primero en emerger del pasillo de sombras hacia la luz, donde me encontré envuelto en un rugido atronador que hizo temblar el suelo. Aturdido, levanté la vista para observar a una muchedumbre de todas las razas que, excitada, clamaba por mi sangre; distinguí las longilíneas orejas de los Braxuas, las escamosas pieles de los Mirináies, las alas de los Krambras. De todos los confines del mundo habían venido para vernos morir.<br />
Conmocionado, y al poco de haber caminado algunos pasos, tropecé y caí.<br />
Todavía estaba en el suelo cuando me percaté del silencio creciente que se multiplicaba acallando las gargantas de las gradas. Levanté la vista y observé el púlpito mayor, donde el Rey Aantha se había puesto de pie y me señalaba.<br />
—Que los demás condenados esperen —ordenó.<br />
Y los tokbors que venían persiguiéndome por el pasillo se detuvieron y bloquearon el lugar por donde había salido, para evitar que salieran más prisioneros.<br />
Entre aquellas piernas enormes y rollizas alcancé a ver la cabeza del gigante albino que yacía en el piso. Estaba muerto. Y estaba seguro de que el hermafrodita Sinx también lo estaría.<br />
El cuerpo de Aantha, El Rey, era imponente y su sombra se adentraba en La Arena casi hasta mis pies.<br />
—Pelea por tu vida, esclavo —fue su orden.<br />
Y los gritos estallaron de nuevo, al tiempo que la gran reja que daba a los Fosos de la Pavura se abría para que saliera la hambrienta bestia Nmual, que ya enseñaba los dientes.</p>
<br /><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/categories/brevesrelatos.wordpress.com/13/" /> <img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/tags/brevesrelatos.wordpress.com/13/" /> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gocomments/brevesrelatos.wordpress.com/13/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/comments/brevesrelatos.wordpress.com/13/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/godelicious/brevesrelatos.wordpress.com/13/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/delicious/brevesrelatos.wordpress.com/13/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gofacebook/brevesrelatos.wordpress.com/13/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/facebook/brevesrelatos.wordpress.com/13/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gotwitter/brevesrelatos.wordpress.com/13/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/twitter/brevesrelatos.wordpress.com/13/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gostumble/brevesrelatos.wordpress.com/13/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/stumble/brevesrelatos.wordpress.com/13/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/godigg/brevesrelatos.wordpress.com/13/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/digg/brevesrelatos.wordpress.com/13/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/goreddit/brevesrelatos.wordpress.com/13/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/reddit/brevesrelatos.wordpress.com/13/" /></a> <img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=brevesrelatos.wordpress.com&amp;blog=3880545&amp;post=13&amp;subd=brevesrelatos&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></content:encoded>
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		<title>Limpiar la iglesia</title>
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		<pubDate>Thu, 20 Dec 2007 12:58:39 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José Playo</dc:creator>
				<category><![CDATA[Breves relatos]]></category>

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		<description><![CDATA[Tomás, el seminarista, sabía la verdad. Calló para salvar su vida. Nada hizo cuando los soldados llegaron esa noche y tiraron abajo la puerta de la iglesia. Unos segundos antes, el padre Santiago le había ordenado que se guareciera. Tampoco abandonó su escondite cuando voltearon los bancos a patadas y llenaron de agujeros la pared [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=brevesrelatos.wordpress.com&amp;blog=3880545&amp;post=12&amp;subd=brevesrelatos&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Tomás, el seminarista, sabía la verdad. Calló para salvar su vida.<br />
<span id="more-12"></span> Nada hizo cuando los soldados llegaron esa noche y tiraron abajo la puerta de la iglesia.<br />
Unos segundos antes, el padre Santiago le había ordenado que se guareciera.<br />
Tampoco abandonó su escondite cuando voltearon los bancos a patadas y llenaron de agujeros la pared del relicario con las ráfagas de sus ametralladoras; permaneció agachado dentro del confesionario, mirando todo a través del entramado de las maderas, sin animarse a salir.<br />
El más viejo del grupo, un capitán de gran estatura y espaldas anchas, se acercó hasta el altar y hundió el puño en el vientre del párroco. El padre Santiago era un buen hombre, había hecho mucho por La Causa, le había enseñado tanto a Tomás&#8230; Nadie olvidaría nunca aquellos ojos celestes que se comían las angustias y los miedos de todos en la congregación para devolver siempre los malos presentimientos convertidos en sonrisas francas y alentadoras.<br />
Ahora esa bondad yacía en el suelo, quejándose de dolor, ultrajada por la fiereza de los militares.<br />
Desde donde estaba, Tomás escuchó al capitán:<br />
—Hable o muere, Santiago.<br />
Los militares no dan muchas opciones, pero el padre Santiago, claro está, no se inmutó ante la disyuntiva.<br />
Uno de los soldados se separó entonces del grupo, avanzó con una pistola en la mano, y le voló la cabeza. Los escalones del altar se tiñeron de color oscuro, un abanico de ideas muertas, regadas de manera irregular: los pensamientos del padre Santiago desperdigados, salpicados y derramados, perdidos para siempre.<br />
En la iglesia volvía a reinar la muerte.<br />
Los hombres se ubicaron en distintos lugares para descansar, dejaron caer las armas, las mochilas, los equipos. Algunos fumaban.<br />
Tomás, que sabía la verdad, redobló los esfuerzos para guardar silencio y que no lo descubrieran. El miedo le recorría la piel como una fiebre que fundía las ropas con el cuerpo, impregnándolo de una humedad sofocante y pestilente: la única persona que podía hacer algo para que todo terminara, yacía muerta en el suelo, con un tercer ojo humeante en medio de la cabeza.<br />
La suerte de todos estaba echada.<br />
—Quiero dos hombres en la entrada, y uno más en el campanario —ordenó el capitán.<br />
Habían pasado pocos segundos desde que el soldado de pelo largo subiera las escaleras rumbo a la torre, cuando se escuchó el grito. Las armas saltaron a las manos y todos los cañones apuntaron a la puerta que conducía a la escalera.<br />
Nadie dispararía hasta que diera la orden el capitán.<br />
Tomás no le quitaba la vista de encima, lo embriagaba la determinación del matador, la imbatible resistencia del jefe, el respeto que imponía.<br />
—¿Teniente Saint Blaise? —oyó que llamaba el vozarrón mientras apuntaba una pistola hacia la oscuridad.<br />
Un rugido cavernoso descendió por los peldaños como única respuesta. La nave de la iglesia reverberó con un eco macabro. Eran combatientes de muchas guerras, pero el temor los embargó igual cuando el sonido de los pasos se amplificó en dirección a ellos, regresando por la escalera.<br />
Tomás supo que era hora de salir y se aprestó a abandonar su escondite.<br />
El capitán mantenía una mano en alto para evitar que los soldados dispararan, una convención de cuartel que servía para restarle importancia al temor, para reducir las emociones, simplificándolas en una mecánica obediencia.<br />
De esa forma mantenían a raya los hombres como ellos al horror y a la pavura.<br />
Y entonces una pierna emergió de la oscuridad.<br />
Los ceños se fruncieron y el desconcierto se coló en el alma de todos, resquebrajando la solidez del grupo, haciéndolos titubear. Aunque todavía muy alertas, se encontraban confundidos y perturbados. El propio capitán, atribulado, empezó a repetir, fuera de sí, la misma frase con insistencia:<br />
—No es posible, no es posible.<br />
El cuerpo destrozado del teniente Saint Blaise abandonó por fin la oscuridad para regresar junto a sus compañeros. La visión era espantosa; los ojos rojos de sangre, la cara destrozada por un zarpazo animal, el torso mutilado y la boca abierta en una mueca inhumana.<br />
De nada sirvió el improvisado fusilamiento, porque las balas parecían no detener a la criatura.<br />
Tomás aprovechó la locura del momento para salir del confesionario y ganar la puerta principal que había quedado abierta.<br />
Antes de partir se volvió para mirar.<br />
El cuerpo muerto del padre Santiago se había puesto de pie; quien fuera su mentor era ahora una criatura hincando los dientes en el cuello del capitán. En medio de las correrías, dos monjas cadavéricas se descolgaron de las alturas de la capilla para caer sobre los demás.<br />
El seminarista se perdió en la oscuridad, huyendo de la orgía de alaridos y disparos.<br />
Quienes lo vieron pasar corriendo delante de la luna esa noche, aseguran que parecía no tener pies, como si flotara, con la sotana flameando en línea recta detrás, aullando como una criatura enloquecida.</p>
<br /><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/categories/brevesrelatos.wordpress.com/12/" /> <img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/tags/brevesrelatos.wordpress.com/12/" /> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gocomments/brevesrelatos.wordpress.com/12/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/comments/brevesrelatos.wordpress.com/12/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/godelicious/brevesrelatos.wordpress.com/12/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/delicious/brevesrelatos.wordpress.com/12/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gofacebook/brevesrelatos.wordpress.com/12/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/facebook/brevesrelatos.wordpress.com/12/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gotwitter/brevesrelatos.wordpress.com/12/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/twitter/brevesrelatos.wordpress.com/12/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gostumble/brevesrelatos.wordpress.com/12/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/stumble/brevesrelatos.wordpress.com/12/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/godigg/brevesrelatos.wordpress.com/12/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/digg/brevesrelatos.wordpress.com/12/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/goreddit/brevesrelatos.wordpress.com/12/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/reddit/brevesrelatos.wordpress.com/12/" /></a> <img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=brevesrelatos.wordpress.com&amp;blog=3880545&amp;post=12&amp;subd=brevesrelatos&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></content:encoded>
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		<title>La compensación</title>
		<link>http://brevesrelatos.wordpress.com/2007/12/20/la-compenseishon/</link>
		<comments>http://brevesrelatos.wordpress.com/2007/12/20/la-compenseishon/#comments</comments>
		<pubDate>Thu, 20 Dec 2007 03:33:45 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José Playo</dc:creator>
				<category><![CDATA[Breves relatos]]></category>

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		<description><![CDATA[El pedo hizo relucir con más intensidad la perfección de la soledad que lo envolvía. Se hallaba sentado en la punta de la cama, indiferente al brillo del televisor que lo bañaba de malas noticias. Disfrutaba de la falta de compañía. —Me salió como un celular que vibra sobre una mesa —le dijo a la [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=brevesrelatos.wordpress.com&amp;blog=3880545&amp;post=11&amp;subd=brevesrelatos&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>El pedo hizo relucir con más intensidad la perfección de la soledad que lo envolvía.<br />
<span id="more-11"></span> Se hallaba sentado en la punta de la cama, indiferente al brillo del televisor que lo bañaba de malas noticias.<br />
Disfrutaba de la falta de compañía.<br />
—Me salió como un celular que vibra sobre una mesa —le dijo a la habitación vacía.<br />
Habían pasado algunos minutos de la medianoche, la ventana abierta coqueteaba con las cortinas. Cerró los ojos y se dejó envolver por el fresco reconfortante de la brisa.<br />
Había sido una tarde calurosa.<br />
Agregó:<br />
—Qué boludo, no cerré la puerta del garaje  —y se le borró la sonrisa.<br />
Todavía no lo sabía, pero en el piso de abajo, por la puerta que había quedado abierta, y en el mismo momento en el que él verbalizaba su omisión, hacia el interior de la vivienda se colaba un mocasín de grueso tacón y gran hebilla.<br />
Al mocasín le siguió una pierna varicosa y un bastón. La anciana, una vez adentro, hizo señas a su amiga.<br />
Las dos mujeres, envueltas en una fragancia dulzona, recorrieron el lugar con la mirada, hasta que estuvieron seguras de encontrarse donde querían.<br />
Se palmearon entonces efusivamente las hombreras y cerraron tras de sí la puerta, señalando el living, lugar al que se dirigirían: ahí donde el hombre, segundos más tarde, se encontró con la inesperada visita.<br />
Había bajado presuroso las escaleras, pero antes de poner los pies en la alfombra, se paralizó. Las dos mujeres -de unos ochenta años- lo observaban con miradas retorcidas; una de pelo blanco y vaporoso, la otra con la cabeza coronada de bucles resecos y marrones, visiblemente enemistadas con el rubro peluquerías.<br />
Estupefacto y alerta, intentando disimular la sorpresa, avanzó con paso firme hacia las visitas.<br />
—¿Quién mierda son ustedes? —alcanzó a preguntar antes de que el bastón le volara dos dientes de adelante, que fueron a parar sobre una mesa.<br />
Cayó junto al sofá, regando el pelaje blancuzco y mullido de la alfombra con gotas espesas de baba enrojecida.<br />
—Pendejo hijo de puta —dijo una de las viejas—: sabemos que tenés la guita guardada acá&#8230; ¡Hablá o sos boleta!<br />
Intentó arrastrarse para llegar al teléfono, pero un cachetazo de revés con todo y anillo con piedra le impidió el paso, sacudiéndole la cara, marcándole de por vida la mejilla.<br />
Volvió a caer.<br />
—¡Hablá, negro de mierda, hablá o de acá no salís vivo! —instó la compañera.<br />
Retrocediendo sobre su propio culo para ganar otra vez la escalera, no pudo esquivar los cuerpos pesados que se abalanzaron en cámara lenta.<br />
El bastón nacarado y el anillo de fantasía volvieron a chocar contra su carne una y otra vez, en un castigo constante e interminable de furia, saña, golpes de brazos que insistían, e insistían:<br />
—Hablá, negrito hijo de puta, dónde tenés la guita —decían.<br />
Consiguió ovillarse, girar sobre sí, proteger la cabeza. El castigo era insoportable, y a los golpes se sumaron poderosas mordidas de enérgicas dentaduras postizas.<br />
Antes de desvanecerse, consiguió levantar una mano para señalar un aparador donde descansaba un costurero de madera.<br />
—Buscálo, Antonela —propuso una mientras bufaba y se ponía derecha.<br />
Antes de desmayarse, vio la alegría de la recompensa: habían recuperado lo que les pertenecía.<br />
Quiso excusarse, pero la pierna fajada con las vendas ganó envión silenciando toda respuesta.<br />
El gélido filo de la hebilla le reventó la nariz; las manos artríticas sobre el botín recuperado sonaba resecas.<br />
Dos culos cuadrados y sin gracia emprendían la retirada contoneándose dentro de las polleras.<br />
.<br />
.<br />
.<br />
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		<title>Combustión humana espontánea</title>
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		<pubDate>Wed, 19 Dec 2007 18:17:08 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José Playo</dc:creator>
				<category><![CDATA[Breves relatos]]></category>
		<category><![CDATA[Completar]]></category>

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		<description><![CDATA[Mi amistad con el Picho Launna terminó el 24 de diciembre de 2000, a las once y cuarto de la noche, mientras apurábamos la segunda botella de champán. Un poquito antes del brindis y de la cuenta regresiva, metí la pata hasta la cabeza con un error garrafal: confesé algo que no debía. En la [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=brevesrelatos.wordpress.com&amp;blog=3880545&amp;post=8&amp;subd=brevesrelatos&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Mi amistad con el Picho Launna terminó el 24 de diciembre de 2000, a las once y cuarto de la noche, mientras apurábamos la segunda botella de champán.<br />
<span id="more-8"></span> Un poquito antes del brindis y de la cuenta regresiva, metí la pata hasta la cabeza con un error garrafal: confesé algo que no debía.<br />
En la lista de cosas que cambiaría si pudiera volver el tiempo atrás, el primer renglón está ocupado por esa noche, en la que me gané una trompada que me dejó el ojo como un culo, en la que una amistad se consumió hasta las cenizas.<br />
En los libros esto no figura, pero es tan cierto como que el agua moja, que el secreto de una amistad duradera es hacer algunos sacrificios, entre los que se cuentan —demandando a veces una fuerza sobrenatural— cerrar bien la jeta.<br />
Todo lo que siguió después puede resumirse a un teléfono del que brotan monótonos tu-tu-tus y ninguna respuesta, porque cuando algo así pasa, de nada sirven las disculpas, las cartas, las notas; cuando un amigo decide que se va, se va.<br />
<!--more--><br />
Con el Picho compartíamos, además, la pasión por coleccionar todo lo que tuviera que ver con la casualidad. Nos encantaba investigar sobre el azar, sobre las cosas únicas y rebuscadas: veíamos programas, alquilábamos videos, nos prestábamos libros, asistíamos a conferencias. A los dos nos fascinaban los ribetes benefactores o agoreros del azar. Los ganadores de la quiniela, los niños que sobreviven a caídas desde balcones, los testimonios de los sobrevivientes a accidentes aéreos, la Combustión Humana Espontánea. Y en este punto, lo de la gente que se prende fuego sola de bien que está (el Picho lo llamaba «la apoteosis del mal ocote»), coincidíamos sin retrucar: era el colmo de lo improbable, la excepción inexplicable a la regla.<br />
No sabíamos que nos tocaría vivir algo similar, que seríamos víctimas de lo que comunmente se llama «una puta casualidad».<br />
Ese mismo hobbie que nos convirtió en detectives de la eventualidad, acabó por distanciarnos, porque cuando una de esas casualidades te toca en gracia, ¿cómo se supone que las sobrellevás? Lo supo el Picho, lo supe yo. Por mucho que lo intentáramos, no seríamos los mismos después de Salsipuedes, después de hablar con la verdad.<br />
El mensaje era claro, como una señal, hay cosas de las que es mejor no volver a hablar.</p>
<p>Por ese entonces yo salía con una pendeja. Carola, se llamaba. Simpática, divertida, agradable. Vivía en Salsipuedes, que me quedaba en la relomada de la mierda, pero yo acababa de salir de un noviazgo asfixiante de más de seis años, y cargaba unos cinco meses de soltería y celibato, así que manejar un rato los fines de semana para ver cuándo se me daba la posibilidad era una apuesta sensata. Además, había tensión, un condimento especial, porque Carola no entregaba, y yo andaba caliente todo el día, como aturdido.<br />
Los chicos me llamaban y yo los postergaba, les metía excusas estúpidas, los eludía. El mismo Picho me citó un día en un café para aclarar los tantos.<br />
—Yo sé que estás embobado con una pendeja —me dijo—, pero no descuidés a los amigos; los amigos son lo único que te queda al final.<br />
Y le dije que no se hiciera drama, que para sacudirme toda esa costra de relación muerta que me envolvía, necesitaba aires nuevos, alejarme un poco también de ellos, buscarle la vuelta a otra cosa, distraerme. Le aclaré también que yo sabía que con Carola estábamos divirtiéndonos, que era cuestión de aprovechar el momento que nos tocaba y que pronto las cosas volverían a la normalidad.<br />
—¿Es buena mina? ¿Cogieron? —me preguntó antes de irse.<br />
Le contesté que era buena chica, que ya se la presentaría, pero que todavía no había pasado nada.<br />
—Cojan —sugirió mientras tiraba dos billetes en la mesa—. Coger acelera los procesos, para bien o para mal. No te olvides que cogiendo, la gente se entiende.</p>
<p>La ocasión me llegó, inesperadamente, un miércoles. Carola me llamó para decirme que tenía ganas de verme, así que arranqué con el auto y me fui hasta Salsipuedes. Una vez alguien dijo que el juego amoroso previo del hombre empieza cuando el tipo va a la cochera a buscar el auto, y tiene razón. Soy la prueba viviente, porque desde que metí la llave en el arranque y hasta que llegué a su casa, no podía pensar en otra cosa que en la matemática imperfecta de los polvos, en la serie de acontecimientos y detalles que hacen que dos personas terminen revolcándose en una cama, intercambiando fluidos, monosílabos, suspiros y esas cosas. Sigo pensando que no hay milagro más grande que esa casualidad.<br />
A mí Carola me gustaba, pero había algo en su historia personal (de la cual ella prefería no hablar demasiado) que le impedía entregarse por completo a una relación nueva, sin importar qué tipo de relación fuera.<br />
—Salgo de un noviazgo complicado —decía ella—. Tenéme paciencia.<br />
Había tenido quilombos con su ex, un tipo que llevaba una doble vida, y el sufrimiento te quita razones para probar suerte en nuevas empresas.<br />
Tal vez yo fuera el menos indicado para sacarla de ese trance, porque sólo quería ponerla, pero los dos estábamos en la misma. El celibato y el desencanto nos había convertido en fieras liberales que esperaban el momento indicado. ¿Qué otra cosa podíamos tener en mente?</p>
<p>Apenas vi cómo iba vestida esa noche, supe que había llegado el momento. Me lo confirmaron los besos enloquecidos, los jadeos, los tocamientos: esa era la noche, no podía haber vuelta atrás.<br />
Yo, en un pueblo desconocido y caliente como un tapir alzado, no paraba de dar vueltas en el auto, tirándome encima de ella en cada bocacalle, apretándole las piernas cada vez que doblábamos por una esquina, hasta que por fin dijo:<br />
—Vamos a un hotel.<br />
En el camino, como sellando un pacto, hablamos de lo importante que es esperar el momento adecuado, de que acomodar la cabeza de cada cual es fundamental antes de… Pero a mí toda esa perorata me sonaba como un constante bla-bla-bla, porque lo único que tenía en mente era llegar al hotel, tirar de la palanca del freno de mano, y saltar sobre la cama como si fuera un canguro.<br />
—Es un lugar un poco alejado, así evitamos el riesgo de cruzarnos con gente conocida.</p>
<p>Cuando por fin ingresamos al sendero de «Entrada» del hotel, embobados como veníamos, casi nos damos contra un auto que salía. Yo estaba caliente, ya lo dije, y estaba aturdido y sacado, fuera de mí, así que tardé en reconocer el auto del Picho Launna, mi amigo de toda la vida. En un primer momento me causó gracia la coincidencia, le dije a Carola:<br />
—No lo puedo creer; ¡ese es el auto del Picho, mi amigo!<br />
—Pero lo maneja una mujer —observó ella.<br />
Y, efectivamente, al volante iba la novia del Picho, pero en lugar del Picho, en el asiento del acompañante había un flaco que yo no conocía.<br />
—¡Mi ex! —exclamó ella, poniéndole nombre y apellido a la confusión—. ¡El que va con ella es Martín!<br />
El auto pasó delante de nosotros, pero sus ocupantes venían riéndose, así que ni nos vieron. Inmediatamente ganaron la ruta y se alejaron. Carola se puso mal, muy mal, porque no planeaba darse con una situación así en ese momento, y yo&#8230; Bueno, yo estaba pasmado, con palpitaciones, una mezcla de calentura apagándose en un desconcierto creciente. Acababa de ver a la novia de mi mejor amigo saliendo de un mueble con el ex novio de la chica con la que yo pensaba sacarme de encima cinco meses de celibato inquietante, lo que menos podía era estar confundido.</p>
<p>Huelga decir que esa noche con Carola no pasó nada. Ninguno de los dos estaba en condiciones y, para peor de males, ella se empeñó en que la casualidad era una pésima señal del destino, así que todo se convirtió en un polvo imposible de remar y desistimos.<br />
Las semanas siguientes me las pasé pensando en el asunto, sin hablarlo con nadie, rumiando la posibilidad de hablar con el Picho y contarle lo que había visto.<br />
Eso, creía yo, hacían los amigos.<br />
Al poco tiempo de mi fallido intento en Salsipuedes, el Picho se separó de su novia, y, junto a otros amigos que estábamos solteros decidimos juntarnos a brindar en navidad, ocasión que me pareció propicia para encararlo, para contarle la verdad.<br />
Todavía desconozco por qué no me callé la boca.<br />
—¿Qué viste? —me preguntó un par de veces con insistencia, tomándome de la remera.<br />
—A la Fabi en el auto saliendo de un mueble con el ex de Carola —repetía yo.<br />
—¿Qué más? Contáme ¿qué más?<br />
Y yo repetía que nada, que eso había sido lo único. No me esperaba el sopapo, así que me caí de culo, literalmente. Y antes de que el resto de los chicos se acercara para ver qué nos pasaba, por qué discutíamos, el Picho me dijo:<br />
—Yo iba agachado en el asiento de atrás esa noche, pelotudo. Nadie se tenía que enterar.<br />
Después tiró a la mierda el vaso y se fue, a los pocos minutos los cohetes empezaron a explotar.<br />
A nadie le he contado esta historia desde aquella navidad. A los chicos les dije que había diferencias que no podíamos arreglar, y que por eso el Picho se había enculado, pero que la culpa era mía y sólo mía.<br />
¿Qué más podía hacer? Ver cómo una persona se convierte en cenizas y sale de tu vida no es agradable, pero peor es torcer el destino de las cosas, oponerse al designio de las putas casualidades, esas que te marcan la cara y te anotan en el alma que, una vez que abriste la boca, no hay nada mejor que volverla a cerrar.</p>
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		<title>Delincuentes eran los de antes</title>
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		<pubDate>Tue, 20 Nov 2007 15:04:24 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José Playo</dc:creator>
				<category><![CDATA[Breves relatos]]></category>

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		<description><![CDATA[El Tutuca, por ejemplo. Ese era un caballero. Ya no quedan tipos así en este negocio que se fue al carajo. Si armás una salidita, te tocan siempre muñecos que no saben ni hablar. Hay un abuso con el lenguaje, y eso te muestra la falta de seso. El Tutuca decía: —No confío en la [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=brevesrelatos.wordpress.com&amp;blog=3880545&amp;post=7&amp;subd=brevesrelatos&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>El Tutuca, por ejemplo. Ese era un caballero. Ya no quedan tipos así en este negocio que se fue al carajo.<br />
<span id="more-7"></span> Si armás una salidita, te tocan siempre muñecos que no saben ni hablar. Hay un abuso con el lenguaje, y eso te muestra la falta de seso.<br />
El Tutuca decía:<br />
—No confío en la gente que cada tres palabras mete un “boló” y dos “culiado”.<br />
Y tenía razón.<br />
Hoy el rubro está copado por una camada de pendejos tontos. Delincuentes eran los de antes. Ahora son todos faloperos. Pero faloperos tirados, pendejos que se creen que metiéndole un bollo a una vieja pasan al nivel que sigue en un jueguito electrónico.<br />
La droga, eso les caga la cabeza.<br />
El Tutuca, por ejemplo, no era así. El Tutuca era de usar papeles. Si te llamaba para hacer un ajuste, lo primero que te pedía era que vieras los papeles.<br />
—Mirá los papeles —decía, y señalaba un montón de apuntes que tenía sobre la mesa.<br />
Hacía los deberes, el Tutuca. Estudiaba los casos. Los pendejos de ahora no hacen eso.<br />
Una vez fui a la casa y le conté que estaba flojo lo mío.<br />
—Es por el advenimiento de las nuevas tecnologías —me explicó—; los estéreos ahora vienen con frente desmontable.<br />
Y tuvo razón.<br />
—Fijáte —me dijo—. La gente ya no entra a los bares y a los restoranes con los estéreos en la mano. Es más, los aparatos ya no vienen con manijas para portarlos como antes. Ahora todo es frente desmontable: el capitalismo salvaje está arrasando con tu negocio; es hora de que busques nuevos horizontes.<br />
Ese día decidí quedarme con él, aprender cosas del oficio.<br />
Era muy capo el Tutuca.<br />
Una vez pegamos un laburito que nos dejó unos billetes, le dije que teníamos que festejar, que paráramos en un quiosco así compraba unas cajitas.<br />
—El vino en caja me da una diarrea tailandesa —dijo. Y me tiró un veinte para que fuera a comprar una botella de tinto bueno.<br />
Al Tutuca le encantaban las películas de atracos a bancos, como esa en la que hay como veinte tipos que hacen un plan para hacer cagar un casino. Decía que a esas películas las financiaban los gobiernos para que hubiera una mejor distribución de las riquezas, para eliminar el chiquitaje en la delincuencia, para detener el crecimiento de la gilada.<br />
—A las potencias mundiales les conviene financiar estas películas. Así les dan esperanza a los jóvenes que recién empiezan. El mensaje es clarito: se puede hacer guita a lo grande, pero hay que ser inteligente. Al botín se lo lleva el más vivo, no el pelandrún, no el palurdo.<br />
Con el Tutuca empecé a ver un montón de películas de grandes choreos. Había una en la que unos tipos se afanaban como un caño de oro con diamantes. Trabajaba Rober de Niro.<br />
—¿Para qué mierda sirve un caño de esos? —quise saber.<br />
—No seas bruto, eso es un cetro, un símbolo de poder, de autoridad —me dijo antes de tirarme un diccionario en la falda.<br />
Nuestra favorita (el Tutuca apoyaba mucho la industria nacional) era 9 Reinas, con Darín y el otro flaco.<br />
El Tutuca decía:<br />
—La industria cinematográfica nacional está cambiando, la influencia de las grandes potencias está plantando una semilla que germinará haciendo que seamos mejores.<br />
La mayoría de las veces, lo reconozco, no le entendía una mierda lo que decía el Tutuca, pero sonaba hermoso.<br />
Una mañana me pasó a buscar en un taxi. Manejaba él y yo no pregunté nada.<br />
—Vamos a Carlos Paz —anunció.<br />
Y nos fuimos.<br />
Estuvimos todo el día estacionados frente al casino. El Tutuca comía tutucas y yo fumaba, y cada vez que terminaba un pucho, lo tiraba de un tincazo intentando pegarle a un poste de luz que había ahí. No le pegué ni una sola vez.<br />
Cuando se hizo de noche, me dijo:<br />
—Mañana hacemos saltar la banca.<br />
En el camino de regreso le pregunté si no era peligroso andar con un taxi afanado, me contestó:<br />
—Parece un taxi, pero no es un taxi.<br />
Al día siguiente nos empilchamos bien, con traje y corbata, nos subimos al tacho y arrancamos para Carlos Paz.<br />
En el camino repasamos los planes, cómo íbamos a hacer, qué le correspondía a cada uno para no meter la pata.<br />
Y salió redondito.<br />
Qué digo redondito, salió perfecto. Le metimos tal cagadón al casino ese, que te juro que desde ese día se deben haber puesto cámaras de vigilancia hasta en el culo.<br />
La idea de las caretas fue mía. Como en las películas. El Tutuca se puso una de De la Rúa, yo una de la Fernández Meijide. Cuando salimos del casino y nos trepamos al taxi y le metimos pata hasta un balneario -donde raspamos el auto con unas espátulas para sacarle la pintura amarilla-, nos agarró una tentación bárbara de vernos con las caretas.<br />
Cómo nos reímos.<br />
—Sos buen pendejo, vos —me acuerdo que me dijo el Tutuca mientras me palmeaba el hombro.<br />
Yo lo abracé y le dije:<br />
—Gracias, Tutuca.<br />
Y ahí nomás le clavé un puntazo en la barriga. Bien hondo se lo clavé, primero derechito y cuando el cuero me llegó al mango, doblé la muñeca y le subí la hoja buscando para la izquierda. Así me habían enseñado que era más rápido, porque con la punta hay que troquelar el hígado; cuando enganchás el hígado, se termina rápido.<br />
Todavía boqueaba cuando lo arrastré y lo tiré en el lago.<br />
Lo último que dijo fue:<br />
—Disfrutala, pibe.<br />
—Gracias por todo  —le contesté antes de volver a Córdoba.</p>
<br /><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/categories/brevesrelatos.wordpress.com/7/" /> <img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/tags/brevesrelatos.wordpress.com/7/" /> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gocomments/brevesrelatos.wordpress.com/7/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/comments/brevesrelatos.wordpress.com/7/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/godelicious/brevesrelatos.wordpress.com/7/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/delicious/brevesrelatos.wordpress.com/7/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gofacebook/brevesrelatos.wordpress.com/7/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/facebook/brevesrelatos.wordpress.com/7/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gotwitter/brevesrelatos.wordpress.com/7/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/twitter/brevesrelatos.wordpress.com/7/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gostumble/brevesrelatos.wordpress.com/7/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/stumble/brevesrelatos.wordpress.com/7/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/godigg/brevesrelatos.wordpress.com/7/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/digg/brevesrelatos.wordpress.com/7/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/goreddit/brevesrelatos.wordpress.com/7/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/reddit/brevesrelatos.wordpress.com/7/" /></a> <img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=brevesrelatos.wordpress.com&amp;blog=3880545&amp;post=7&amp;subd=brevesrelatos&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></content:encoded>
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			<media:title type="html">José Playo</media:title>
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		<title>La oscilación de las mufas</title>
		<link>http://brevesrelatos.wordpress.com/2007/10/20/la-oscilacion-de-las-mufas/</link>
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		<pubDate>Sat, 20 Oct 2007 15:06:12 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José Playo</dc:creator>
				<category><![CDATA[Breves relatos]]></category>

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		<description><![CDATA[—Estas colas me ponen de muy mal humor —observó Tulio. Delante de él, Marcos sonreía con la boleta del teléfono en la mano. El banco estaba repleto de gente. —No sé de qué te reís —continuó—, somos esclavos de un sistema, somos como animalitos haciendo cola en un matadero, somos… Marcos giró y quedó frente [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=brevesrelatos.wordpress.com&amp;blog=3880545&amp;post=6&amp;subd=brevesrelatos&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>—Estas colas me ponen de muy mal humor —observó Tulio.<br />
<span id="more-6"></span> Delante de él, Marcos sonreía con la boleta del teléfono en la mano. El banco estaba repleto de gente.<br />
—No sé de qué te reís —continuó—, somos esclavos de un sistema, somos como animalitos haciendo cola en un matadero, somos…<br />
Marcos giró y quedó frente a él. Sin sacar la otra mano del bolsillo, levantó los hombros y explicó: —¡Se la paso a otro, macho!<br />
—¿Le pasás qué?<br />
—La mufa, Tulito, la mufa —dijo Marcos volviéndose hacia la caja. Dos personas más y sería su turno.<br />
—No me entendiste —retomó Tulio por sobre su hombro—, te hablo de lo mal que están las cosas, de…<br />
Marcos se volvió otra vez.<br />
—Mirá, Tulio, yo no soy un robot, no soy un tragamonedas, pero cuando tengo esta mufa como la que tenés vos ahora —le dijo apuntándole con la boleta hecha un cilindro—, no me queda otra que pasársela al que viene, es un sencillo intercambio de venenos, nada más.<br />
Tulio reflexionó y negó con la cabeza: —No entiendo —concluyó.<br />
—Es muy simple —retomó Marcos—. Ahora te muestro.<br />
Era su turno, se agachó unos centímetros y se dirigió al cajero.<br />
—Buenos días, quisiera pagar esta boleta y que me chupes bien la pija —pidió.<br />
El tipo del otro lado del vidrio, inmutable, recibió el dinero y empezó a teclear en la máquina. Tulio se había quedado con los ojos abiertos, sin dar crédito a lo que acababa de oír.<br />
—<em>Le pediste que te chupara la pija</em> —observó en voz baja poniéndose a su lado. Miraba con recelo al resto de la gente, nadie parecía haberse percatado de la barbaridad que había dicho su amigo.<br />
—<em>…«bien» la pija</em> —corrigió Marcos ladeando la cabeza para que no lo escucharan.<br />
—Y no te dijo nada…<br />
—No, ¿qué va a decir? Ahora a la mufa la tiene él, y yo me puedo quedar tranquilo.<br />
—Pero ¿cómo es que no se dio cuenta? Digo, no se enojó, no te puteó, como si no te hubiera escuchado.<br />
—Ese es el secreto, Tulito —explicó Marcos apoyando un codo en el mostrador—. La mayoría de la gente cree que se trata de putear con violencia, de insultar por insultar, pero nada más lejos que eso. Es un arte milenario, una disciplina que cuesta mucho dominar. Hay que concentrarse mucho, pero mucho-mucho —dijo señalándose la sien con el índice.<br />
—¿Concentrarse en qué?<br />
—En la mufa, Tulito, en la mufa. Yo no voy por ahí puteando a la gente porque sí. A ver —dijo mientras se acomodaba la camisa dentro del pantalón—, lo que acabo de hacer es pasarle al tipo éste toda mi bronca de mañana de lunes, pero sin pensar en ofenderlo ni en lastimarlo. Ha sido una transacción.<br />
En ese momento el cajero devolvió la boleta sellada, saludó con un poco cortés «que tenga buen día» y llamó al siguiente. Los amigos salieron del banco.<br />
—Hace unos meses empecé un curso —explicó Marcos mientras caminaban por la plaza rumbo a la peatonal—, lo da un tipo que es japonés o chino, no sé. Un tal Mei Choi Mú, o algo así. Se llama «La Oscilación de las Mufas» el curso.<br />
—¿Son esas terapias grupales en las que la gente se putea para sacarse la bronca? —quiso saber Tulio—. Había un documental en la tele, como si fueran clubes de calentones anónimos, o algo así.<br />
—Nah —corrigió Marcos barriendo el aire con los dedos—, no se trata para nada de eso. Te digo que esto es una disciplina milenaria. La gente a la que le pasás tu mufa ni se da cuenta. Mirá —dijo señalando el quiosco de revistas que tenían en frente.<br />
—¿Tiene La Voz de hoy? —pidió Marcos.<br />
El quiosquero tomó un diario de la pila y se lo entregó.<br />
—Uno con cuarenta —dijo el tipo.<br />
—Tome —contestó Marcos entregándole las monedas—. Que tenga buen día, viejo pelotudo y la reputamadre que te parió—agregó.<br />
El quiosquero levantó la mano y replicó un mecánico: —Igualmente, señor.<br />
Tulio no podía creer lo que había visto. No era posible que dos personas no lo hubieran escuchado, en ambas oportunidades la puteada había sido clarita, cristalina.<br />
—Es increíble —concluyó asombrado.<br />
—Sep, la verdad es que la libertad que esto te da no te la da nada en el mundo.<br />
—Me gustaría hacer el curso ese —aventuró Tulio mordiéndose el labio inferior. La idea de dominar una disciplina como esta lo embriagaba. Imaginó las posibilidades, un mundo conquistado a sus pies, una legión de seres humanos a los que putear sin medir las consecuencias.<br />
—No es lo que vos creés —dijo Marcos interrumpiendo sus elucubraciones—. No se trata de putear por putear —apuntó—. Acá hay arte, hay ciencia, hay tradición —enumeró levantando de a uno los dedos de la mano.<br />
Los amigos habían llegado a una esquina. Tulio tenía la cabeza gacha y miraba avergonzado sus zapatos. Era cierto, sus fines eran negros, malintencionados, viles. Pero la tentación del poder, ¿cómo evitarla?<br />
—Si querés —propuso Marcos—, puedo llevarte a una reunión la semana que viene. Así ves cómo viene la mano, de paso hablás con Mei Choi Mú, es macanudo el chinito.<br />
—No sé —dijo Tulio negando con la cabeza. Había levantado la vista y observaba el tráfico que circulaba por Alvear. Escuchaba los bocinazos, los insultos de los peatones. El mundo era una fábrica de roces para los que no había explicación. Simplemente sucedía. Las personas estaban destinadas a chocar permanentemente.<br />
—Pensalo —sugirió Marcos poniéndole una mano en el hombro—. Pensalo tranquilo, y si te decidís, me avisás y listo —dijo antes de estirar el brazo para detener un taxi.<br />
—Es mucha responsabilidad, Marcos. No sé si estoy listo.<br />
Su amigo ya estaba entrando en el vehículo.<br />
Tulio se agachó un poco para no interrumpir la conversación, que continuó a través de la ventanilla abierta.<br />
—Vamos hasta Barrio Rosedal, gordo y la reconcha de tu hermana —le dijo Marcos al taxista. Después se volvió a su amigo y le dedicó una mirada enternecida. Había comprensión en ese gesto, había amor—. Yo antes estaba como vos, Tulito —le explicó—. Estaba mal, contrariado, enojado con la vida y con todos. Vos podés cambiar, vos podés hacer que las cosas mejoren. No deberías perderte una oportunidad como ésta.<br />
Tulio reflexionó. Comprender el valor de la amistad es lo que nos diferencia de los animales. Sonrió a su pesar. Había aprendido una lección esta mañana de lunes en el centro de Córdoba. «Lecciones Peatonales», pensó.<br />
—Gracias, Marcos —dijo.<br />
—De nada, monigote de bosta, negro indeciso y la reputísima madre que te reparió —respondió Marcos, alentador.<br />
Tulio se incorporó y se quedó unos instantes viendo cómo el auto amarillo se colaba en el tráfico. Tenía una sensación extraña, como de bronca acumulada, pero también había en su corazón una certeza: poder contar con un amigo que te entienda es una bendición.</p>
<br /><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/categories/brevesrelatos.wordpress.com/6/" /> <img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/tags/brevesrelatos.wordpress.com/6/" /> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gocomments/brevesrelatos.wordpress.com/6/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/comments/brevesrelatos.wordpress.com/6/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/godelicious/brevesrelatos.wordpress.com/6/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/delicious/brevesrelatos.wordpress.com/6/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gofacebook/brevesrelatos.wordpress.com/6/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/facebook/brevesrelatos.wordpress.com/6/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gotwitter/brevesrelatos.wordpress.com/6/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/twitter/brevesrelatos.wordpress.com/6/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gostumble/brevesrelatos.wordpress.com/6/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/stumble/brevesrelatos.wordpress.com/6/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/godigg/brevesrelatos.wordpress.com/6/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/digg/brevesrelatos.wordpress.com/6/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/goreddit/brevesrelatos.wordpress.com/6/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/reddit/brevesrelatos.wordpress.com/6/" /></a> <img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=brevesrelatos.wordpress.com&amp;blog=3880545&amp;post=6&amp;subd=brevesrelatos&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></content:encoded>
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		<title>Cómo tener un culo Reef</title>
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		<pubDate>Sat, 20 Oct 2007 14:55:15 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José Playo</dc:creator>
				<category><![CDATA[Breves relatos]]></category>

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		<description><![CDATA[¿Cuánto pesa —en promedio— un culo Reef? El culo solo, digo, sin la modelo. Me lo pregunto porque el señor que atendía el negocio se fue y me pidió que le sostenga uno. —Por favor, no lo deje caer —me encomendó. Así que me quedé acá, junto a un exhibidor del que cuelgan trajes de [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=brevesrelatos.wordpress.com&amp;blog=3880545&amp;post=5&amp;subd=brevesrelatos&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>¿Cuánto pesa —en promedio— un culo Reef?<br />
El culo solo, digo, sin la modelo.<br />
<span id="more-5"></span> Me lo pregunto porque el señor que atendía el negocio se fue y me pidió que le sostenga uno.<br />
—Por favor, no lo deje caer —me encomendó.<br />
Así que me quedé acá, junto a un exhibidor del que cuelgan trajes de baño, con el brazo estirado y este coso en la mano.<br />
Es, lejos, el mejor culo que he tenido en la mano. Probablemente sea el mejor culo de toda Latinoamérica, si no contamos el de Maximiliano Guerra, que, con una mano en el corazón, tiene un culazo.<br />
—¿Se va a demorar mucho? —le pregunto al vendedor cuando pasa.<br />
El culo me pesa. Serán menuditas las chicas Reef, pero te la regalo quedar de garpe con uno de estos en la mano.<br />
—Un momentito —me dice antes de perderse detrás de un mostrador.<br />
Empiezo a ponerme fastidioso. La idea era probarme un short y unas ojotas, no quedarme clavado acá sosteniendo un par de cachetes bronceados y turgentes.<br />
Un niño ingresa al local de la mano de su madre. Es una mujer hermosa y lleva un parche en el ojo derecho. A mí la onda pirata me re cabe.<br />
La mujer pasa junto a mí, observa mi pose solemne de estatua griega y sonríe. Después mete las manos entre las bikinis y hace un ruidito hermoso cuando agita las perchas que chocan entre sí.<br />
El niño, su hijo, me mira. Se ha parado entre ella y yo, no me quita los ojos de encima. ¿Estará estudiándome? Tal vez lo asombre que mi brazo, en lugar de terminar en mano, termina en culo.<br />
Le sonrío. El niño no me devuelve la misma mueca.<br />
—Tenés un culo Reef en la mano —observa.<br />
—¿Por esto me lo decís? —me hago el distraído.<br />
La madre se vuelve a mirarme y me dedica una segunda sonrisa, mucho más cálida que la anterior.<br />
De pronto necesito impresionarla, presumirle, vanagloriarme con semejante culo.<br />
La mujer posa la mano con suavidad en el hombro del pequeño y le pide que no me moleste, que estoy trabajando. Yo sonrío y guiño un ojo con gesto ganador.<br />
—¿Trabajando? —ironiza el pequeño—. ¿Portando culos? —agrega en tono burlesco.<br />
—Hay trabajos y trabajos —le explica, paciente, la madre, y se acerca para saludarme—. Lamento los comentarios de Tatín, es un chico hiperkinético.<br />
—¿Está diagnosticado? —pregunto.<br />
—Diagnosticado y medicado. Si lo viera cuando le agarra el bajón de las pastillas, no hay forma de refrenarlo.<br />
—Simpático el Tatín —miento.<br />
Ella sonríe más ampliamente y me estrecha la mano libre.<br />
—Me llamo Shullianina.<br />
—Yo soy Peralta Ramos —me presento.<br />
—Lindo culo —dice, y toma con tres dedos una de las nalgas para aplicar una presión ligera y sugerente.<br />
—Sí. Creo que es el mejor culo de Latinoamérica.<br />
—¿Mejor que el de Julio Boca? —retruca ella.<br />
Yo asiento con una sonrisa. Miro hacia los costados buscando al vendedor para sacarme el culo de encima, pero el negocio está repleto de gente y no consigo ubicarlo.<br />
Vuelvo a mirar a Shullianina.<br />
—Lindo nombre el suyo, ¿es italiano?<br />
—No, islámico del norte —dice ella.<br />
Es una mujer hermosa. Su aliento huele a chocolate amargo, a vainillas, a cortinas húmedas.<br />
—El parche —observo—, me parece un detalle impresionante, más allá de que responda a la necesidad de cubrir el cuenco de un órgano faltante.<br />
—Con lo del culo usted no se ha quedado atrás —dice ella entre risas.<br />
¡Qué mujer! El erotismo de sus hombros huesudos que se contonean, la asimetría romboide de sus caderas.<br />
¿Cuánto llevo ya en esta porfía de celibato?<br />
Los huevos&#8230; Los huevos me pesan más que el culo en la mano.<br />
—Me gustaría invitarla a tomar un café —arriesgo.<br />
—Mmmm —duda ella— ¿y qué se supone que hacemos con el niño?<br />
La criatura se encuentra en este momento abriendo uno a uno los probadores. La gente lo putea y le arroja zapatos, monedas, llaves, de todo para ahuyentarlo. Tatín es, además de hiperkinético, perverso, como todos los niños.<br />
—Podríamos sedarlo —sugiero.<br />
Tatín le ha robado el bastón a una anciana que ha caído estrepitosamente de bruces.<br />
Su madre me guiña el único ojo con el que puede guiñar algo. Descarto que haya sido tan solo un parpadeo rutinario, hay plena voluntad en el brindis de sus pestañas.<br />
—Es una idea excelente —contesta.<br />
Entonces guardamos silencio por un rato. El culo realmente me pesa mucho, pero no quiero demostrarlo.<br />
—Esta es mi tarjeta, al dorso está mi teléfono —dice, por fin, ella.<br />
Es una tarjeta roja: “EJECUTIVA DE CUENTAS SENIOR&#8221; escrito en blanco.<br />
Muy excitante, sí <em>sénior</em>.<br />
—Ahora tengo que irme a la pedicura —dice.<br />
—Adiós —la despido.<br />
Se va y yo dejo el culo sobre una silla. Aprovecho que el vendedor no me está viendo, ya que se encuentra demasiado ocupado intentando detener al hijo terrible de Shullianina, que se ha encargado de desenchufar todas las computadoras de las cajas.<br />
No hay forma de facturar lo que los clientes tienen en la mano, y el vendedor sabe que se avecina un problema de proporciones bíblicas: la Sodoma y la Gomorra de las tarjetas sin comprobante.<br />
Y la mujer del parche se ha ido y ha dejado en el local a su hijo.<br />
Lo tomo como una muy buena señal y salgo a la calle sonriendo, sin el culo, tranquilo y renovado.</p>
<br /><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/categories/brevesrelatos.wordpress.com/5/" /> <img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/tags/brevesrelatos.wordpress.com/5/" /> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gocomments/brevesrelatos.wordpress.com/5/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/comments/brevesrelatos.wordpress.com/5/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/godelicious/brevesrelatos.wordpress.com/5/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/delicious/brevesrelatos.wordpress.com/5/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gofacebook/brevesrelatos.wordpress.com/5/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/facebook/brevesrelatos.wordpress.com/5/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gotwitter/brevesrelatos.wordpress.com/5/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/twitter/brevesrelatos.wordpress.com/5/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gostumble/brevesrelatos.wordpress.com/5/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/stumble/brevesrelatos.wordpress.com/5/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/godigg/brevesrelatos.wordpress.com/5/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/digg/brevesrelatos.wordpress.com/5/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/goreddit/brevesrelatos.wordpress.com/5/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/reddit/brevesrelatos.wordpress.com/5/" /></a> <img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=brevesrelatos.wordpress.com&amp;blog=3880545&amp;post=5&amp;subd=brevesrelatos&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></content:encoded>
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