Secuencias de otoño

Abril 17, 2008

Abril es un viaje en colectivo con las ventanillas abiertas, papeles que se vuelan, estornudos como regaderas, una chica con botas que me clava el taco sin querer en el meñique mientras la armónica de Dylan se me sale por las orejas.
El pasajero que tengo al lado, un viejito de bufanda, se queja.
Detrás de estos anteojos oscuros nadie sabe que voy escribiendo obituarios de almíbar para las amistades muertas. Ni los jóvenes que pegan los mentones al pecho y simulan sueños de estrategia.
La gente sube y baja en cámara lenta.
—¿Va para Aaargüeio?
—Ni cerca.
Abril es la recta final de un contrato de alquiler sobre el que queremos poner la firma con violencia; la posesión de una casa con fachada incompleta, revoque grueso, tres dormitorios, un calefactor, un hogar a leña.
Daremos de baja los servicios, volveremos a la Edad Media.
Treinta y tres años, una botellita de Coca de uno con cincuenta, el sobaco lleno de carpetas. Dictarle excusas al celular mientras rodamos sobre los puentes y las avenidas, esquivando los semáforos y las aceras.
—Córdoba es hermosa. Deberías conocerla.
Abril es dos colectivos por día -dos de ida, dos de vuelta-, es una tracalada de entrevistas imperfectas.
En abril ensayamos mudanzas que no molestan y nos ensañamos con los libros que no ponen las cartas sobre la mesa: ya no queremos literatura, necesitamos una ventana mínima por la que el sol pueda entrar y encontrarnos cuando los ojos se nos pegan.
Abril, otra vez las cajas de la mudanza que nos escarmienta, una panza que nos separa en la cama y a la vez nos acerca.
Voy por las rotondas sobre la fila de la izquierda, asiento individual, quinto lugar, detrás de una nuca cualquiera.
Y si viajo parado las calles me bambolean.
Parado está bien.
La mano firme sobre los caños que me reflejan.
La música de la ciudad por la mañana es un veneno que te cocina empezando por las piernas.
Trepa.
Fachadas que en todo este tiempo han cambiado la mueca, árboles que se yerguen adultos, con robustez nudosa delante de puertas que solía golpear cuando tenía el reloj en la muñeca.
Castro Barros al 50, cuatro almohadones, la historia de una fellatio incompleta. El motor que pelea por colarse dentro de las orejas.
Los viajes en colectivo son los padres putativos de las mejores ideas, aunque nos embargue el equilibrio cabalgar con ellas.
Puertas que se abren y escupen espectros sobre las aceras.
Pedacitos de plástico, pergaminos diminutos amasados de impaciencia.
Me trepo a los colectivos de abril agachando la cabeza.
Busco sin saberlo al viejito con maletín de médico que supo venderme en cada viaje del pasado las porquerías más diversas.
Estará muerto, me digo. Junto al chofer hay una caja de turrones viejos que sirve de lápida para el desaparecido colega.
La vida es un proyecto de relatos escandalosos que viajan bajo el sol con los árboles barridos en la vereda.
Suelos de goma, asientos con molde para formar culos, apretones y empujones en los semáforos, bultos que se estacionan sobre las hombreras. Los rostros amanecidos y hechos mierda.
Abril, mi hija ya sabe que estoy detrás de la puerta, ya dice papá y se divierte pateándome entre las piernas.
La paternidad es un dolor de huevos que nos deja de rodillas, una sonrisa mientras nos mordemos la lengua.
Nuestra campaña de cuarto mes en el calendario: erradicar “pelotudo” y sembrar “pelonfái”, por mucho que nos guste putear a diestra y siniestra.

Soplarán fríos los vientos sobre nuestras sábanas cuando el invierno meta la lengua por nuestra ventana abierta.
Nos sorprenderá por la tarde trocando el chupete por un Palito de la selva.
Al fondo habrá más lugar por la mañana.

El mundo, el calendario, los colectivos, nosotros,

con nuestros muertos y nuestros dilemas
seguiremos
dando
vueltas.
.
.
.
.

Tags Bitácoras: , , , , , , ,
Blogalaxia Tags , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , ,
Technorati Tags , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , ,